De José Calvo: El señor de las argollas

José Calvo

José Calvo

Estaba muy ilusionado con un libro que se llama The New World que llegó a mi retiro, y que la publicidad engañosa del marketing describe como un reino sin mapas, de magia y aventura. Tiene un mapa del reino, como los que tiene El Señor de los Anillos, pero no sirve para orientar, y hasta ahí llega la comparación. Los personajes hablan y hablan sin decir nada; un material ideal par los “mensajes de texto”, y pelean mucho. Hay allí una abundancia de sangre y de vísceras. Pero no hay propósito. Nada que lo reivindique. Son todos orcos.

Lo traté de leer con la ilusión de que me llevara a otra Middle earth, pero no lo pude seguir. Middle earth solo hay una, y Tolkien tuvo el talento de mostrarla, a pesar del poco aprecio con que topó, pues los críticos encontraron su trabajo “aburrido, absurdo, o despreciable”, cosa que no lo desanimó, porque él encontraba así también las cosas que ellos escribían, o las que les gustaban. Pero Tolkien estaba sin embargo de acuerdo con una falta que otros críticos le hallaban a su historia de 1200 páginas: que es muy corta.

Dice que su historia no es alegórica a pesar de que se escribió casi toda durante la guerra mundial, y tiene razón. Porque de ser alegórica a los Hobbits les hubiera ido igual de mal con los dos bandos; como descubrimos después de la guerra fría. Pero también dice que su historia no tiene “mensaje”, y no tiene razón. Yo le veo uno muy evidente: que el poder corrompe, y que la corrupción que da el poder depende de la naturaleza de las personas que lo ejercen. Además, encuentro muy constructivo que Saurón perdiera porque le resultó imposible pensar que la estrategia de sus enemigos era destruir el anillo, cuando podían haber usado su poder contra él.

La reina Galadriel lo ilustra bien antes de que la comunidad del anillo deje el refugio de Lórien, cuando Frodo se da cuenta de que ella desea el anillo de poder, porque le dice que no hay futuro para Lórien, la que desaparecerá barrida por las olas del tiempo si él logra la destrucción del anillo, o destruida por Saurón si no la logra. Y entonces él se lo ofrece, diciéndole que allí puede estar la solución al problema de deshacerse del anillo, dándoselo a una persona excelente, que lo puede usar para eliminar el mal del mundo. “Eso haría al principio”, le contesta ella, “pero no me detendría ahí”. Y habiendo pasado la prueba de la tentación se van. Hay que destruirlo. Toda la historia del anillo indica que habrá problemas graves mientras no se destruya, porque nadie puede resistir la corrupción de su poder. ¡Qué mas mensaje! Sin ese propósito todas aquellas guerras carecerían de sentido.

Pero hay otro encanto en El Señor de los Anillos. Que nos lleva a un mundo diferente, condenando el reino de Saruman, que pensaba en términos de metales y de ruedas y había contaminado el valle de Isengard, hasta que lo destruyeron los ents. Es una forma de escapismo justificada por la naturaleza tan desagradable del mundo en que vivimos, pues como dice Peter Beagle en su nota inicial: “La década de los 60 no era mas sucia que la de los 50, pero recogió su terrible cosecha. Fueron los años en que millones de personas se dieron cuenta de que la revolución industrial se había vuelto paradójicamente invivible, incalculablemente inmoral, y finalmente letal. La época en que la palabra “progreso” perdió su antigua santidad, y cuando la palabra “escape” dejó de ser obscena. A los escapistas se les considera ahora reaccionarios, pero los amantes de Middle Earth quieren volver allí en carrera. Yo también”. Y yo.

Si el señor Beagle decía eso del mundo de la década de los 60 cuando ya se habían dado cuenta del control del establecimiento industrial-militar, pero solo tenían la guerra de Viet Nam. ¿Qué diría ahora que gobierna el establecimiento industrial-militar, cuando tienen la Ley Patriota, la guerra de Irak, la de Afganistán, el conflicto de Palestina que el gobierno americano no quiere resolver, y la crisis económica mundial? ¡Habría mas esperanza de eludir el ojo de Saurón viviendo en Mordor!. O de no corromperse demasiado con el anillo.

Y si yo no tengo hijos en Afganistán, ni hipoteca usurera, ni empleo que perder, ni mucho tiempo por delante para ver la debacle, ¿por qué me desvivo por ir a Middle earth, si todos me dicen que vivo en una islita paradisíaca? ¿Qué es lo que me molesta?

Pues casi todo. Me mortifica ver que el gobierno sigue poniendo todos los huevos en el canasto del mercado de exportación. Que no es posible hacer alguna defensa contra la crisis alimentaria. Que el MOPT se quiere capitalizar con las cámaras multeras. Que hay una conspiración para subirnos el impuesto de ventas manteniendo la exoneración total a los inversionistas americanos de una zona franca que es como el reino de Saruman. O que se nos miente con el índice de precios mientras que todos sentimos la devaluación brutal de nuestra plata. O que el índice del éxito sea la plata, y que el gusto se haya convertido en la chabacanería importada que se exhibe en el estadio nacional “para acabarnos de apachucar”, como dice Jacques Sagot en Cuadritos .La escuela del crimen es “la industria del entretenimiento” Se dice que el héroe de Cobujiqui escogió el estadio sobre un tren subterráneo por su valor demagógico, cuando traicionó a los chinos “de la derecha”. Que nos regalaron el puente “de la amistad”,que es mucho mas útil. Y me molesta que la sociedad de consumo haya estultizado a nuestra gente hasta el extremo de tenerlos todo el tiempo leyendo y escribiendo “mensajes de texto” asnales.

Y me molesta que Wormtongue y Saruman se hayan compinchado con todos los anillos del poder para evitar que se grave a los ricos, derramando lágrimas se cocodrilo al decir que solo les interesa la creación de empleos, lo que se logra con la exportación a un mercado que se encoge irremediablemente, y compitiendo con la mano de obra barata y la exoneración de impuestos de todos los que firmaron un TLC. Y ora sale el gordito Trejos advirtiéndonos del fuego del infierno si los gravamos. Ora sale Oscar Arias, el social demócrata moderno, por excelencia inexistente, entrometiéndose otra vez con el gobierno de Laura Chinchilla después que la dejó puesta y “con la mesa servida” de problemas de ineptitud gobernante. Ora sale la cámara de industriales amenazándonos con irse y sumirnos en la miseria si gravamos a los ricos. Y hasta Marco Vinicio rezonga, mientras las telefónicas privadas instruyen al inefable regulador de precios, insigne libremercadista que no necesita que lo empujen. Para la Caja solo hay un diagnóstico y es muy poco probable que se use porque tienen al enemy within: acabar con el privilegio y la intervención política. El Plan Escudo del genio gobernante, el mismo que fomentó la producción de granos dejando el mercado a la libre por lo que no se pueden vender, le metió 13000 nuevas botellas por intermedio del presidente ejecutivo labioso, aunque no puso ni una sola botella en la Clínica de la Santísima Trinidad Sociedad Anónima. Y el genio de la paz que planeó agregar la policía privada a la fuerza publica por la eventualidad de manifestaciones populares contra su TLC, siempre modosito en su piel de oveja, con su voz de pitonizo, porque así aumenta el apoyo popular y la fortuna. “¡N´seva aguevar uno!”

La conspiración para proteger del tributo a los ricos se da a pesar de que Herrero dice que echa más jugo una piedra que lo que se les podrá sacar a esos industriales gringos y sus socios locales, que tienen el jugo mas escondido que una vaca matrera: ellos gobiernan, el 80% de la “inversión”. Y dice Herrero que es un saludo a la bandera lo que sacó don Ottón en su pacto con doña Laura, pero el águila sale a atacar el saludo con su modo modosito. El pacto tendría valor si ya la bandera tuviera barras y estrellas. Pero si los empresarios gringos no quieren pagar mas impuestos en los EEUU para aliviar la crisis de su país, por qué los habrían de pagar aquí? Además de que tienen a tanta gente argollada local que los defienda; de repente sus socios, vaya uno a saber. Al que si se le puede sacar más jugo es a un pueblo tan democrático, que no tiene ningún anillo de poder, y al cual dicen representar otros que si lo tienen. Y al que de repente le suben el impuesto de ventas al 14% sin contrapartida para los ricos. Pero esa es la contención ahora en todo el mundo: es global, y, para usar una palabra del paradigma, insostenible.

Pero el pueblo mal representado se está indignando en todas partes. Y esto es apenas un venticello assai gentile, que pronto se va a convertir en una esplosione come un colpo di cannone. Y con seguridad llegará aquí, acabando de desplumar al gavilancillo pollero que cree tener el ojo abarcador, quien deseará entonces volar tan alto como el águila Gwaihir, para que no lo vean los caracoles, que no están solo “a la izquierda y a la derecha” como él cree poniéndose indebidamente en el centro, sino por todas partes. Este hombrecito no tenía derecho a soplar las candelas de 65 años: solo las de sus últimos 30. Desde que lo infiltró con su plata, y “modernizó” a la social democracia, desvirtuándola.

O puede ser que en realidad yo vivo en Mordor. Y que el persistente Gollum no murió en el volcán, sino que escaló el cráter y todavía tiene el anillo. De repente lo que nosotros necesitamos es un Frodo, un Sam, y hasta un Gollum que se encarguen de destruir el poder de Saurillo, en un Monte Doom que se desplome junto con todo lo demás cuando fundan el anillo, para que finalmente la élite abandone el poder que no sabe manejar, acapillados por un neoliberal de toma y daca, infiltrado en el gobierno con su disfraz de social demócrata moderno, y abusando de su argolla, como un lobo al que se le ven las grandes orejas a través de la piel de oveja, tanto “a la izquierda como a la derecha”.

Solo la “democracia directa” puede respetar el contrato social. “La democracia en América” existió en los EEUU, a pesar del tamaño, cuando eso lo reparaba el gobierno local, pero ahora no existe. Aquí, solo el 5% de los electores votan por el alcalde, y esos son una claque manejada por el poder ejecutivo, el que también pone a los otros poderes. Pero lo tenemos bien merecido, y no se parece en nada a Middle earth. Hay que destruir la argolla.

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