De José Calvo: El pecado

José Calvo

José Calvo

Hace muchos años vi una película donde el cómico Mel Brooks hace el papel de Moisés cuando este, ya anciano, baja de la montaña donde Dios le dio l5 o 20 mandamientos de la ley, que quedaron reducidos a 10 al caérsele la pesada piedra, en su furia de ver el jolgorio que tenían los judíos adorando al becerro de oro; desagradecidos y desobedientes después de que Dios los alimentó con maná y los orientó con el pilar de fuego y el pilar de humo durante todos los 40 años que les tomó negociar los escasos 300 kilómetros que median entre Egipto e Israel.

Los anglo-sajones hablan de la regla de oro, haciendo uno de diez, el que consiste en no hacer a otros lo que no nos gusta que nos hagan. Y en la Biblia uno no encuentra el número de 10, por lo que razonablemente se puede decir que son no matar, no robar, no mentir, y no fornicar, porque no desear la mujer de tu prójimo y no ser infiel están contemplados en el sexto. Honrar a padre y madre es algo que ya nadie practica, y guardar los días de fiesta algo de lo que se abusa, igual que jurar en el nombre de Dios. Y nadie piensa nada de calumniar y difamar que son mentir, pero si no me salen los 10 ya he dicho que no los veo

Propongo que lo simplifiquemos todo diciendo que el pecado es robar. Matar es robarle a otro la vida, mentir es robarse la verdad, y fornicar se debe revisar porque siempre fue unisexual, y porque la revolución sexual hizo innecesario o redundante el matrimonio. (“Se puede en un Volkswaggen”).

Me contaron de un munícipe que dijo a sus compañeros, “¿para qué mienten, si aquí ya nadie engaña a nadie?” Mentían para robar alguna posición, o un dinero. Un paquete tributario es una forma de robo, porque se hace para garantizar la gestión de un grupo gobernante que no puede subsistir por lo se robó el grupo anterior. Y acabamos de ver cómo los miembros de ese grupo mentían para robar. Como con la plata de la campaña política. Han hecho una policía anticorrupción, pero esa se dedica a vigilar a la gente que entra a los moteles

Casi siempre se miente para robar como decía el munícipe: Cuando el OIJ preguntaba en la pulpería de mi pueblo “quién sabía qué” de un delito, un borrachito que no quería importancia a quien le preguntaron qué sabía él les contestó “aquí el que mas sabe sabe a m….. Ese no era un mentiroso, pero lo golpearon como castigo por ser honrado; también se espera que mintamos y engañemos..Donde todo el mundo miente y engaña, la gente tiene que mentir y engañar para sobrevivir, y esto no es solo propio del siglo XX cachibache. El XXI es peor.

En el prólogo de Androcles Bernard Shaw observa que la Europa que se llama cristiana no siguió a Cristo sino a Barrabás, y lamenta el oscuro comercialismo europeo del siglo XIX, que se globalizó en el siglo XX, y nos está ahogando en el XXI; aunque ya hizo crisis.

Para complicarlo, la definición de robo es relativa. Para La Nación y Montaner es un robo que Argentina hubiera nacionalizado a la petrolera española, lo que consideran digno de Chávez Pero seguro se regocijaron cuando Menen la privatizó por una bicoca que incluía su comisión. (y chitón sobre Islandia). Para no decir nada de “las tercerillas” de mucha más clara definición.

Pero el tema de Shaw en el prólogo mencionado es la imposibilidad de distribuir con alguna justicia la riqueza, que es el producto de todos: es el robo. Hay un problema de clases, y quienes carecemos de palancas en esta sociedad del tráfico de influencias, lo detectamos inmediatamente porque lo hemos sentido siempre en carne propia. De chiquillo me trataban peor que a Harry Potter. Dormía en el cuarto de la cocinera, y me tenía que esconder para que no me viera mi tío político que no me aceptaba. Y todavía el otro día el señor Gomariz no me veía el ancho necesario para participar con él en Costa Rica Hoy; como no me lo vio tampoco don Lalo Baruch; aunque ese por otras razones que compartí con gentes meritorias de mayor alcurnia. Recientemente he sido excluido de un periódico de papel (¡“m’state”!) donde trató de meterme un señor justo a quien le gusta lo que escribo y quiere que se difunda; pero yo no estoy en el club.

Llegué a los 75 sin haber podido publicar, excepto en Acta Académica y mientras vivió don Alberto Di Mare que tenía el carácter mecénico; pero el lugar se cerró con su muerte. Y si escribo ahora en Tribuna Democrática y Cambio Político es por el carácter mecénico de don Armando Vargas y don Carlos Revilla que me invitaron; y estoy seguro que con la desaprobación de algunos, porque no tengo los atestados sociales. Mis libros son de “editorial independiente” que es como el país del eufemismo lo llama cuando uno los tiene que pagar.

Es por eso seguro que me he asociado tan estrechamente con el movimiento sindical campesino, cuyos reclamos tildaba don José María Figueres siendo ministro de agricultura de “resentimiento social”: “cet animal méchant qui se fäche si on le gène”. Y cuando fui asesor del diputado campesino don Guido Vargas, me pagaban la mitad del salario que se daba a otros profesionales, por no estar colegiado: una limitación inaceptable del derecho al trabajo. Pero gracias a ese empleo tengo una pensión modesta que me permite acabar de vivir, pues ¿para que quiere mas uno viejo?: otra área de negación grosera de nuestra pretendida sensibilidad social.

Dejo al lector decidir si mi lucha a favor del agricultor campesino productor de la comida, más bien que por los intereses profesionales gremiales parasíticos, tiene algo que ver con ser yo entre esos últimos una persona non grata. Lo mismo que entre los grandes agricultores que no mandaron representación a la inauguración de la Cátedra de Seguridad Alimentaria de la UNED. Alegaron ¡“no coincidir con mi modo de pensar”!, lo que solo puede ser por mi lucha en contra del cuasi monopolio de la distribución de insumos y la distribución exclusiva de productos patentados, además de los privilegios para la nueva agricultura de las exportaciones no tradicionales. ¡Nosotros no podemos diseñar un modelo de desarrollo que no discrimine!: que no le robe a alguien.

Pero volvamos al robo, si es que no estamos todavía ahí, porque hemos dicho que se miente para robar. Un abogado viejo amigo mío me decía que estaba asqueado de su clientela porque eran unos sinvergüenzas inescrupulosos. Me imagino que pensará parecido un cura confesor; aunque tal vez piense mas bien que la gente se cree más mala de lo que es porque han hecho cuchi-cuchi, y salen corriendo a confesar hasta lo que no han hecho. Pero no los exitosos. Esos con seguridad si han hecho las otras cosas también.

El éxito proviene seguramente del talento, pero también de la apariencia o el plantón. Y se garantiza con el currículo, que aguanta lo que le pongan. Robar ayuda mucho, pues muy a menudo se sobresale encima de los que se hunden.. Un tipo se hace de un sitio y excluye sistemáticamente a todos los que lo amenazan por su talento.

“Aquí ya nadie engaña a nadie” es una frase muy pertinente, y eso es mas evidente ahora, cuando no hay líderes excepto los que detentan el puesto, y desaparecieron las creencias. El colmo es que los socialistas se modernizaron haciéndose neoliberales, y lo único que podemos encontrar como denominador común es la plata. Al mundo lo gobiernan los banqueros inversores que hicieron la suya cambiando moneda en las gradas del templo, y para hacerse de la plata se vale todo: por eso la delincuencia.

Y por eso la corrupción, que es también delincuencia, solo que sin riesgo. Aunque parece que se está condenando mas ahora, y seguramente es ahora mayor. Ahora es descarada. Un tipo que se esfuerza por robarnos la plata nos está escamoteando la suya, y su empresa gana un contrato o una consultoría con la petrolera nacional o en el Ministerio de Educación sin competencia, y con las cartas de recomendación que le dan otros miembros de la cueva, que vienen juntos desde la niñez. No les da ni vergüenza, y lo defienden con cinismo como un derecho de clase… Se solía decir que la vergüenza era que lo agarraran a uno robando, pero ahora ya no: robo es lo de los demás.

¿Qué diferencia hay en hacer un bajonazo y ganarse un contrato con trampas, ganarse un premio, o cobrar una consultoría? Que el PNUD, que la CEPAL, que la FAO, que el grupo DDT: la cosa nostra. (El libre comercio exonera a las profesiones). La diferencia está en el riesgo. El contrato, la consultoría o el premio se ganan sobre seguro, y tienen más plata. Y si la trampa se revela y el ladrón va a juicio, se le trata con unas consideraciones que no recibe el que se ha robado una gallina, y a lo sumo se le da la casa por cárcel..

Este agravamiento de la conducta puede ser parte y consecuencia del código de moral que hemos adoptado: el del mercado, que hemos llevado hasta el altar después de que se practicaba ilegalmente en la gradas del templo. Es según nos dicen, la sobrevivencia del mas apto. Competir o morir. Muérete pues. La empresa tiene que sobresalir para mantenerse, hundiendo a los competidores, o hundirse y desaparecer. Y enseñamos “emprendedurismo”.

La escuela más eficiente del emprendedurismo es la industria del entretenimiento. Cada película de la tele es una lección en cómo robar y cómo matar para robar. Y eso no se puede censurar, porque sería interferir con la libertad el mercado. Hay que ver con qué ahínco se defiende aquí el secreto bancario, al mismo tiempo que participamos como víctimas en la guerra de la droga de la DEA para que los gringos le den al gobierno alguna platilla. Francia tiene que ponernos en la lista negra de los paraísos fiscales antes de que rindamos cuentas de las cuentas. Y acabo de leer un artículo del diputado Villalta donde cuenta cómo siguen robando los grandes con los bancos off-shore, que es donde tiene la plata Romney: porque este problema es global.

Se me hace que una condición indispensable para recuperar la honradez está en asignar a las faltas una importancia relativa. El primer damo no “protagonizó” un accidente del tránsito porque tenía la licencia vencida; el problema está en el procedimiento que las vence. Además de que si no había señalamiento vial, no está bien advertir que uno debe saber que las calles o las avenidas tienen el derecho de vía, puesto que por algo ese no es un procedimiento para evitar los accidentes en ninguna parte del mundo. Y no está bien perseguir al alcalde de Coronado porque entrara a un motel en horas de trabajo, pues si marcara tarjeta eso no es ninguna garantía de que estuviera trabajando. Y la muchacha con quien andaba merece la protección de su privacidad; a menos que les estemos condenando una violación de sexto que toleramos a todos el mundo; amén de que lo hemos violado nosotros. Lo que el tipo ha hecho mal es llevarse el carro de la municipalidad, pero no por ningún aspecto moral, sino por estupidez, o por descaro. En todo caso, a la policía anticorrupción le deberíamos exigir que no pierdan su tiempo persiguiendo la sicalipsis, habiendo tantas cosas mucho más importantes. El problema es el robo.

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