De José Calvo: El cambio

José Calvo

José Calvo

No esta en la naturaleza humana renunciar a un privilegio y quienes lo tienen hacen todo lo posible por mantenerlo cuando lo ven amenazado. Pero tampoco está en la naturaleza humana adquirir derechos sin pelear, y a menudo sucede que los derechos que uno desea son los privilegios que otro goza, y a los que no va a renunciar sin pleito. Lo que tal vez se puede esperar, con optimismo, es que la pelea no sea sangrienta.

Planteada aquí la cosa, pasemos a decir que el 99% de la humanidad parece estar en un punto de inflexión en el reclamo de sus derechos, que el 1% parece estar determinado a mantener sus privilegios, y que parece que la tecnología de la información le va a permitir al 99% coordinar sus acciones sin una revolución sangrienta. Así como que el 1% que mantiene todavía el poder tendrá que renunciar a sus privilegios cuando vean la manifestación de la voluntad del 99% que coordina su protesta valiéndose de la tecnología de la información: es incombatible.

Por eso decimos que la evolución de la historia de la humanidad se encuentra en un punto de inflexión. A mi me parece evidente. No es entonces de extrañar que un folletito sobre la indignación que nos debe producir el egoísmo del 1% empeñado en mantener su privilegio, como el que escribió el señor Stephane Hesell, haya tenido un efecto tan notable. El folleto defiende los derechos humanos en el momento en que se ven amenazados por egoísmo del 1%, que provocó una crisis económica, que dispuso de la plata de los demás para cubrirse y seguir en su control irresponsable, y que se opone decididamente a que el estado que los salvateó con el dinero del pueblo, invierta plata en ayuda del pueblo que está sufriendo las consecuencias de su conducta.. ¡Casi nada!

En Costa Rica podemos ver el intento decidido de conservar el poder con el proyecto de ponerle un 15% a la renta de las empresas extranjeras (¿?) de la zona franca. Hablan en contra de ese proyecto todos los representantes de la clase en el poder, derramando lágrimas de cocodrilo al alegar que su preocupación es realmente por el pueblo que sufrirá mas por desempleo si esas inversiones se van; cosa que según muy notables economistas norteamericanos no tiene fundamento. Porque no es la exoneración de impuestos lo que determina que se mantengan las inversiones productivas.

Pero en cambio solo unos cuantos del 1% dice algo del intento de subirle al 14% el impuesto de ventas a un pueblo maltratado por la crisis. ¿Qué mejor demostración puede haber de que no es sincera la preocupación de don Oscar Arias, de don Alberto Trejos, de don Marco Vinicio Ruiz, de La Nación, o de cualquiera de los otros catorceños que, a pesar de que la exoneración concedida es temporal, se horrorizan ante la torpeza de ponerle a los inversionistas algún impuesto de los que debemos pagar los demás costarricenses que no debemos entonces decir que tenemos una democracia?

Se intenta también censurar la opinión con la creencia de que así no se despertará el 99% que está dormido, o que está creyendo que todavía puede obtener la moto, el Hyundai, o el BMW. Y eso lo podemos ver desde la ignorancia deliberada de noticias sobre el cambio de que hablamos, como ha ocurrido con los indignados que se empezaron a manifestar contra Wall Strret en Nueva York, cuya actividad solo se empezó a reportar cuando no quedó mas remedio porque se desbordó, hasta el tratamiento que se le dio aquí a los 200 personas que se manifestaron por solidaridad con el movimiento mundial: “se trataba de unos vagos que no tenían nada que hacer”.

Y ¿ha visto usted alguna cobertura de prensa sobre lo que ocurrió en Islandia? Tampoco. Porque el país se vio obligado a obedecer a sus indignados, que tomaron el poder, devaluaron la moneda, redujeron el consumo, y rehusaron pagar los préstamos usureros que los habían metido en el problema: muy mal ejemplo para el 99% de quienes en otros países seguimos sometidos al 1% que nos manda y decide lo que podemos leer, pero los que también nos podemos indignar: o tal vez diría yo mejor, que no podemos dejar de indignarnos, ahora que contamos con la información incensurable de la tecnología de la información.

En otras palabras, ya es imposible la censura. Los dueños del periódico pueden decidir que cosas no se publican, o pueden comprar los periódico más populares e imponerles su línea editorial, y Rupert Murdoch o algún otro platudo los puede comprar todos y castrarlos. Pero nadie puede ya impedir que aparezcan otros, porque no se puede comprar a todo el mundo, y el mundo entero está ahora enterado del intento.

Ahora solo puede conservar el poder un tipo como Tallerand, que era noble y obispo en la monarquía, director de la Asamblea en la Republica, ministro de Napoleón, y consejero de la Conferencia de Viena que restauró la monarquía, todo sin celular ni computadora; aunque con su olfato político él tiene que haber sabido que aquello era solo una reacción temporal

No fue ningún comunista sino Al Gore el que nos contó que en los Estados Unidos es el gran capital el gran elector. Ese grupito es el que pone a los congresistas sean estos republicanos o demócratas, y el que pone al presidente. Gore lo sabe muy bien porque a él lo marginaron con la ayuda de la Corte Suprema de Justicia, que también es de nombramiento político, para poner a George Bush que había perdido. Usted ha de haber oído algo de las barbas de las papeletas. Eso. Y a Obama no lo financiaron las contribuciones hormiga del pueblo como se dijo. Lo financió también el gran capital que después lo amordazó, y lo mantiene amordazado. Y solo lo financiaron cuando vieron que el pueblo estaba muy descontento con el rumbo de colisión que adoptó el extremista de Bush, representante innegable del gran capital Para agravar el desbarajuste, la Corte Suprema acaba de eliminar el límite de las “contribuciones “ de las grandes a la campaña política.

Obama solo se podrá independizar del poder elector del gran capital si crece imparable el movimiento de los indignados, porque entonces se trataría de impedir una revolución que sería peor para los ricos. Expedience es el nombre del juego. Es entonces muy importante que crezca en los Estados Unidos el movimiento de los indignados, porque solo sí se puede recuperar la democracia perdida, y ese país es ahora indispensable para la salud del mundo entero.

No me atrevo a predecir cómo será el gobierno futuro de la humanidad, pero creo que se acabó el cuento de delegar la representación en personas que no nos representan en absoluto, sino que gobiernan para favorecer los intereses de su clase, y que acusan de practicar guerra de clases a cualquiera que proponga algo deferente a lo de ellos. La democracia existía en “America” en tiempos de Toqueville, cuando dominaba el gobierno local. Ahora no. Y no se recuperará a menos que aparezca otro sustituto del foro que era posible con poblaciones menores.

Yo encuentro muy atractiva la idea de escribir mis opiniones para un periódico independiente, llámese como se llame. O tal vez debería mejor decir que no me aflige para nada que se me censure en uno que haya comprado la clase dominante, mientras yo pueda, gracias a la tecnología de la información, y a las personas honradas e inteligentes que la manejan, seguir opinando en otra parte, donde estarán tambien las otras personas meritorias que escriben su opinión. Y tampoco me afligiría mucho si se me censura, pues ya no importa mucho que falte una opinión cuando es posible oír centenares de miles, y la protesta seguiría. Estoy convencido de que la protesta no se puede controlar. Right on!

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