Conspiración

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

Hay dos actitudes, y ya se puede decir que hay dos facciones con respecto a la presente, y futura crisis económica mundial: la del 99% de los indignados que es todavía un reclamo excesivo dada la indiferencia de la mayor parte de la gente, pero que está creciendo rápidamente. Y la del 1% que cree que todo se arreglará si disciplinamos y moderamos al 99% protestante, lo cual requiere que ellos acepten su despotismo, pues la recuperación se hace imposible bajo la democracia. Por eso es que Merkel y Sakozy (o Mekozy, como dice ahora el 99%) se oponen a que el programa de ajuste que diseñaron par Grecia se someta a un referéndum: lo pierden.

A la actitud del 1% pertenecen personas como don Alberto Montaner que compara a las endeudados con la cigarra de la fábula, y don Thelmo Vargas, quien llama borrachines al 99%, y cree que lo que se necesita es una buena desyerba que corrija a toda esa gente, que consumen con la plata que no tienen y piden prestado. Y hay quien les preste: ese es el tiro “¿ah ah?”. Don Thelmo tiene razón de que la gente consume demasiado y no pueden pagar lo que compran, como pasó con las hipotecas tóxicas. Pero él se calla el hecho de que a esa gente se le ha prometido que pueden tener una moto, un Hyundai o un BMW (o un piso) si solo colaboran con el sistema de consumo conspicuo, pidiendo prestado: que es el negocio de los banqueros y financistas. Igual que irresponsablemente predicaba Oscar Arias cuando como presidente de la república abandonó su obligación de explicar al pueblo los pros y los contras del TLC con Estados Unidos, e implementó eficazmente el “memorándum del miedo” de su beato sobrinillo vaticano.¡Curiosa omisión!

El burro de Buridan que menciona don Thelmo escoge el rollo se pasto que le han pintarrajeado como el mejor. Y ese consumo conspicuo, y el crédito necesario para hacerlo, es precisamente el Sistema de Mercado Sin eso no habría crisis, porque el sistema capitalista consiste en producir muchas cosas que los obreros “borrachines y cigarras” compran y consumen. Y sin eso no puede funcionar. Lo que ha matado al sistema es que sus mismos proponentes y beneficiados mayores no lo han comprendido, y han mandando las manufacturas para la China en busca de la “ventaja comparativa” de sus sueldos de miseria, y han dejado a sus propios obreros cesantes, por lo que ni consumen ni pueden pagar sus deudas. ¡Asombroso!

Del lado del 1 % (Paul Krugman dice que es mas bien el uno por mil dada la distribución injusta de la riqueza del sistema) están casi todos los escritores que yo leo; y yo lo estoy también. De hecho yo quisiera ver artículos escritos por personas como Simon Geithner para poderlos rebatir públicamente, y demostrar su simpleza y su falacia. Cuando la gente se ha endeudado para consumir, no solo lo ha hecho siguiendo el consejo de los tecnócratas expertos, sino que los prestamistas les han dado un crédito que cualquiera sabe que no podrían pagar. Si quiebran se les ejecuta la hipoteca, y si el banco quiebra, ahí está el estado, que no debe intervenir por filantropía ni por justicia distributiva, pero que lo debe hacer para salvatarlos a ellos. !el odioso estado! Se puede decir que el problema real de la humanidad es la deshonestidad, o tal vez sea la locura; …o tal vez la estupidez.

He leído recientemente varios artículos de personas razonables que atribuyen el agravamiento de la crisis a la conspiración del 1%, que incluye a los financistas cuyos créditos están en alitas de cucaracha porque los deudores están en estado de rebeldía y no los quieren pagar. De hecho si al pueblo deudor se le consultara democráticamente como proponía Papandreu para Grecia —y como dicen las grandes democracias de Europa que no se debe hacer— el pueblo vota por no pagar. “!Que dilema! Siempre hemos sostenido que se debe respetar la voluntad popular, y ahora es necesario para el 1% que esta no se manifieste, y que se imponga su despotismo. Como decía el general español: “para salvar a la ciudad tuvimos que destruirla”. No se me puede olvidar que doña Anabel propuso públicamente que a los protestantes contra la OMC se les debería reducir por la fuerza. En nuestra gran democracia costarricense tenemos el despotismo institucionalizado de forma vitalicia en un superministerio vitalicio y sus adjuntos, como el CINDE y el INCAE, donde van si salen del superministerio.

También hay que decir que el comerciante empuja el crédito para vender mas, pues hace de tendero y de banquero, y que no toda la deuda soberana se usó para mejorar el bienestar de la sociedad, sino para el de la casta gobernante, y el salvataje, que los gobernantes son cada vez mas los mismos grandes empresarios. La parábola es un buen método didáctico, pero también se presta a mucha confusión, sea de borrachos, de burros, o de desyerbar malezas.

Casi todos los comentaristas coinciden en que la crisis es sumamente grave, y en que la élite en el poder la hace más grave por sus intentos de conservar el poder. Ahora han llegado al extremo de abandonar todas las pretensiones de democracia y representatividad, exigiendo que para prestar más dinero a los que ya no pueden pagar la usura de las deudas, se sometan a su control. Y los amenazan con no prestarles más dinero si someten al voto del pueblo la opción de austeridad para pagarlo, pues saben muy bien que el pueblo no la aprobará: el final de la democracia. En Islandia el 98% de la gente votó por no pagar. Uno podría así deducir que hay muy pocos islandeses honrados, o que los usureros se extralimitaron dando crédito que el deudor no podía pagar, y este se lo cobra. Y si los gobiernos se endeudaron para salvatar a los bancos que se extralimitaron en su usura, pasándole la cuenta al pueblo, pues está muy bien que el pueblo no la pague, y en eso parece haber unanimidad. Por eso no hay democracia.

Lo dice don Alejandro Teitelbaum en El Golpe Financiero; don Dimitri Kosirov en El Declive Europeo; don Alberto Rabioltta en Nuevo Orden del Capitalismo Financiero; don Miguel Guaglione en La Crisis Global; don Jorge Altamiz en Golpe y Contra Golpe: La Solución Rajoy”; don Esteban Valenti en ¿Blindados?; don Leonardo Boff en La Gran Perversión; don Jaime Richart en La Depresión Masiva; etc. En España la única alternativa era Rajoy, que conociendo la situación no les prometió nada. Aunque un 30% de abstención significa que los demás siguen creyendo que todavía tendrán la moto, el Hyundai, o el BMW prometidos; los que con costos tendrán en Alemania; aunque cambiaran de partido y no tuvieran que salvatar a los bancos para que sigan jugando ruleta rusa; lo que sin duda harán: he leído la opinión de que al capitalismo hay que salvarlo de si mismo.

Valenti critica a los dirigentes del Uruguay porque creen estar blindados ante la crisis y no toman las precauciones que podrían aminorar sus efectos (igual que en Costa Rica, donde los vemos empecinados preparando mas tratados de comercio, y bajándose los pantalones ante los inversores). Y Richart dice algo que me parece muy atractivo: “el que no tiene nada ¿qué puede perder?” Y aboga por adoptar un estilo de vida menos ambicioso: sin carro del año, sin piso, sin vacaciones en Disney. O digamos sin ese repugnante egoísmo que nos ha enseñado del mercado. Además de que hay empleo de sobra limpiando los ríos. Estamos acostumbrados al consumo conspicuo, pero nos podemos acostumbrar a otra cosa, y “la necesidad tiene cara de caballo”.

Boff, cita La Gran Transformación de Karl Polanyi, diciendo que lo que tenemos no es una economía con un mercado sino una economía de mercado. Y El Eclipse de la Razón de Max Horkheimer, diciendo que “hemos perdido el sentido de la justicia, la igualdad, la felicidad, y la tolerancia inherentes a los siglos de la razón, y que estamos atascados en el pantano corporativo”. No es dable al animal humano ser perfectos, pero podemos ser mejores. Y mejor que eso es casi cualquier cosa.

Pero ¿Restablecer la economía? ¿Volver a lo de antes? Uno de estos autores dice que será otro mundo después de la crisis, y yo estoy de acuerdo. No volveremos a lo mismo ni por el ambiente, ni por el clima, ni por el agotamiento de los recursos, ni por la distribución de la riqueza, ni por el aumento de la delincuencia, ni por la representatividad y la democracia. Pero después de todo, ¿no era una gran majadería pensar que hubiera un sistema perfecto después del cual la humanidad no podría tener nada mejor? La tradición es importante, y los logros del pasado son muchos y muy buenos, pero la principal característica de la vida en la tierra es el cambio, y no puede haber nada permanente.

Vendrá otra cosa. Esperamos que algo más amable, menos egoísta, menos inmodesto, menos competitivo, más solidario, más frugal, más responsable. Aunque la transición sea penosa, principalmente por la insistencia de muchos del pueblo convencidos de que obtendrían una moto, un Hyundai o un BMW, así como por el empeño de conservar el paradigma del mercado de quienes detentan el poder. Pero el capitalista no puede ganar con su conspiración, y está empeñado en perder también la cabeza, porque la realidad va a terminar el “eclipse de la razón”.

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