Acoso laboral

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

Costa Rica es un estado de derecho. Está comprometida a respetar los derechos universales del hombre. Presume de ser una democracia. Hasta hace poco tiempo presumía mucho de su sensibilidad social. Y se puede decir que era un ejemplo de estabilidad social en el continente americano. Pero en Costa Rica hay un gravísimo problema de acoso laboral, que es una forma particularmente nociva de agresión, y ninguna ley que expresamente la prohíba, a pesar de que por la frecuencia del delito se han presentado varios proyectos a la Asamblea Legislativa, todos los cuales han sido archivados.

Es curioso que nuestro pionero Código del Trabajo no incluya un tratamiento específico del problema. Diríase que a nosotros no nos importa esta agresión, que después de todo sólo afecta a las víctimas y sus familias. Que hasta allí no llega nuestra sensibilidad social. Que de hecho lo fomentamos. La esperanza es que están aumentando las denuncias. Se trata de un delito grave contra la integridad de las personas que arruina las familias y puede llevar a las víctimas hasta la muerte. Pero también de un delito que se practica con absoluta impunidad, y donde la víctima sólo podría esperar algún pronunciamiento judicial en su favor, si tuviera el valor necesario para un largo y caro proceso de corrección; que por lo menos le devuelva algo de su autoestima.

Entiendo que para tratarlo aquí en Costa Rica, hay que buscarle alguna comba al Código del Trabajo, pero se requiere de urgencia algo específico. Y como se trata de una patología, su combate requiere también del tratamiento psiquiátrico del acusado, además de la responsabilidad penal de la empresa o la institución donde se practica, la que debería alcanzar a los jefes del acusado; quienes hora se lavan las manos.

El acoso laboral no viene sólo de la conducta patológica de un jefe, sino que interviene una gavilla de sus subordinados buscando avance. Quizá por eso en inglés lo llaman mobbing, como llaman mob a la mafia. En otras palabras el acoso laboral necesita cómplices, y los proporcionan los compañeros de trabajo del acosado; así como los jefes del acosador que lo toleran. Esta es una conducta afín a la de los niños matones que los americanos llaman bullying, y para la cual nosotros ni siquiera un nombre tenemos, a pesar de que nuestros niños la tienen que sufrir. Yo no podía ir al patio de mi escuela en los recreos, porque unos niños matones nos encerraban en una esquina a los mas pequeños, ante la total indiferencia de los maestros, que bien hubieran podido impedir el abuso, como podrían impedir el del acoso las autoridades de la institución, por lo que hay que convertirlo en una conducta reprochable indeseable y anormal; por no decir inmoral. De hecho las sociedades desarrolladas la llaman acoso moral.

El acoso laboral es un crimen muy grave, que destroza no sólo la profesión de la víctima, sino su persona, su autoestima, y que es más malvado en cuanto alcanza a los niños de la víctima, absolutamente inocentes. Y es una agresión tanto más cobarde en cuanto se practica en gavilla, y sin peligro para el victimario, porque es mayormente impune. Un delincuente que te ataca se expone a un riesgo, y debe contender con los testigos, pero estos no.

En un artículo del periódico Universidad de Noviembre 16, el abogado don Erick Briones dice –”no sólo afecta a la víctima, sino que tiene un efecto dominó sobre terceros” Realmente que estos terceros, que son la familia de la víctima, deberían tener también recurso a la vía judicial, pues están siendo agredidos indirectamente, como le sucede a una familia conocida, que está al borde de la desintegración por la depresión que el acoso laboral ha producido en la mujer, quien fue víctima de una recepción hostil en su trabajo desde que empezó allí; porque evidentemente no la querían y querían el empleo para otro. Pero ella pensaba ingenuamente que esa situación de hostilidad pasaría con el tiempo, sin darse cuenta de que no podría cambiar, porque proviene de la personalidad desquiciada de una jefe y de la complicidad de sus compañeros de trabajo que juntos hacen el mob, y que se prestan a eso porque así ganan puntos con la jefa: por eso se puede decir que la institución misma fomenta el acoso.

A esa señora en cuestión le dieron una calificación que por si misma acusa claramente el problema de persecución; y es una nota que no merece crédito porque en la universidad, y durante los últimos 20 años de trabajo, ella obtuvo excelentes calificaciones; pero que de ser merecida en una profesional con su récord excelente debería demandar la intervención inmediata de la institución patrono, pues de otra manera sería necesario que en todos esos años sus profesores y los diferentes jefes estuvieran equivocados, o le hubieran hecho favor, o que ella los hubiera comprado. O algo grave le ocurrió de pronto, para sufrir ese cambio radical, y habría que corregirlo: ¡se trata del personal de la institución! Y de la economía de la nación. Quizá por eso es mas frecuente en las instituciones del Estado; donde el costo no importa; o porque en la empresa privada simplemente la echan. En el caso mencionado, el superior de la acosadora apelado reconoció que la jefa es intratable (“un bicho”), y que por eso él no se metía; el problema con ella es bien conocido; y tolerado.

Es este un caso claro de acoso laboral que no admite ninguna duda, y debería ser de curso automático, pues no se trata del stress de un trabajo muy exigente ya que ella puede demostrar que lo hace bien si hubiera un arbitraje, ni se trata de un intento de venganza, puesto que la cosa reventó con la citada calificación indebida, después de una ofensiva desestimulante, impropia de un jefe.

En su libro “El acoso moral en el trabajo”, la escritora francesa Marie-France Hrigoyen lo define como “toda conducta abusiva que atenta, por su repetición o sistematización, contra la dignidad o la integridad psíquica o física de una persona, poniendo en peligro su empleo o degradando el ambiente de trabajo”. Y dice que casi nunca es el acoso abiertamente hostil, como para poder presentar las pruebas que se requieren en los tribunales, sino que es solapado. “Se trata de una violencia en pequeñas dosis, que no se advierte y que, sin embargo, es muy destructiva”. Y además de la falta de evidencia como en otros actos de agresión, está la falta de testigos, pues ninguno se atreve a enemistarse con su jefe.

El Código Laboral francés dice que “Ningún asalariado debe sufrir las conductas repetidas de acoso moral por parte de un empresario, de su representante, o de todo aquel que abuse de la autoridad que le confieren sus funciones con el objeto de atentar contra su dignidad o crear condiciones humillantes o degradantes de trabajo”.

La principal función de un jefe es motivar a su subordinados para que se desempeñen de la mejor manera posible, y he aquí que entre nosotros muchos jefes creen que su función es acosarlos, lo que produce un mal desempeño en el equipo de trabajo, y le cuesta mucho dinero a la empresa o a la institución, pues no solo está el mal desempeño del sitio de trabajo, sino los tratamientos médicos que el acosado necesita, la disrupción del hogar, y la pensión a la que en muchos casos se ven obligados a acogerse como única salida.

Algunas instituciones como la Caja, tienen departamentos legales para tratar el acoso laboral, pero parece que no funcionan porque carecen de la diligencia que el caso requiere. La señora del caso por ejemplo, necesita las bitácoras de su trabajo para preparar su defensa, (porque ella parece ser más bien la acusada), y no se las dieron: otra interferencia con la justicia. En las bitácoras se demuestra que hizo las funciones sola, consistentes en operar unas máquinas automáticas que ella operó bien, como mostraría la dicha bitácora; un documento público que no se tiene que negar, a menos que hubiera la intención de alterarlo, lo que es posible por el carácter de conspiración del caso.

El patrono, o el superpatrono, tardó dos meses en contestarle su petición, y esa respuesta dilatada la debe contestar ella en ¡un plazo irrevocable de 24 horas!. ¿Ve usted el sesgo? Es un intento deliberado de interrumpir la acción judicial. ¿Por qué se le impone a la víctima del acoso una limitación tan severa que tiene el evidente propósito de interferir con la justicia? ¿Se le impone alguna limitación similar al acusado del acoso? ¿No sería lo decente facilitarle a la víctima el procedimiento de obtener justicia más bien que hacérselo tan difícil? Es tigre suelto contra burro amarrado.

La oficina legal que tramita las denuncias de acoso laboral, debería ser independiente del patrono en cuestión para que fuera imparcial y no incurriera en este favoritismo vergonzoso, porque de la manera como está concebido contribuye al acoso. Es mas bien un cómplice del acosador. ¿Ve usted por qué digo que nuestra sociedad promueve el acoso?

Una alternativa de que un acosado y su familia rehagan su vida, es el cambio de actividad laboral dentro de la misma institución: un tremendo desperdicio de recursos para una sociedad pobre como la nuestra que pagó el entrenamiento del acosado; y el del acosador. Una sociedad que de ajuste tiene un alto nivel de desempleo. Y todo para satisfacer el sadismo de un jefe y la complicidad de su mob.

Pero como he dicho antes, uno podría pensar que el acoso laboral no solo no merece la condena de nuestra sociedad, sino que tiene su apoyo. En el citado artículo del semanario Universidad se cuenta el caso de una señora que padece acoso laboral desde hace tres años sin poder lograr que la falta se enmiende: más bien el acoso aumentó cuando ella se atrevió a quejarse, y el periódico dice que la frecuencia del fenómeno no se conoce porque sus víctimas temen las represalias por quejarse. ¡Qué situación terrible! ¡En un país civilizado!

El periódico da también el caso de otra mujer que sufre acoso laboral por hacer una denuncia que ella tenía la obligación de hacer. Para lograr que se fuera la han mandado a lugares de trabajo muy difíciles, y está recibiendo tratamiento psiquiátrico: me imagino el problema para su familia: su marido y sus niños.

También vale la pena averiguar si el acoso laboral no es una parte integral de la discriminación laboral contra las mujeres, pues parece que la mayor parte de sus víctimas son mujeres. Y de hecho es posible incluir el acoso sexual, que casi siempre ocurre en el trabajo, como una forma de acoso laboral. De ajuste el acoso laboral lo sufren más las mujeres que pasan de cierta edad; aunque en la gavilla acosadora intervienen mujeres.

Existe en Costa Rica una Asociación de Acoso Laboral que vale la pena reforzar porque uno se puede imaginar la estrechez económica con que trabajan. La asociación es el producto de una comisión interdisciplinaria con representantes de la UNED y la UNA, y tiene por presidenta a doña Cecilia Ramírez, quien dice que la mayor parte de las víctimas se desalientan cuando se les cuenta el calvario por el que tienen que pasar para darle seguimiento a su denuncia. Y que entonces prefieren callar.

Sería bueno instituir una distinción para las víctimas que se atreven a poner la denuncia, un premio al valor porque son heroínas (casi siempre mujeres) que hacen a su costa una labor sumamente beneficiosa para toda la sociedad. Igual que sería bueno que alguna institución independiente, como la Defensoría de los Habitantes, le diera seguimiento a las denuncias de acoso, para ver que no se burle impunemente un derecho humano universal tan elemental. Y así como se da a los países una nota o calificación por su desempeño económico o ambiental, se debería dar una para la protección de los derechos humanos de sus habitantes. O con mayor razón esa, porque crearía conciencia, y ahí es más fácil progresar.

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