Cuando nos mueven el queso

Cuaderno de Vida

Gustavo Elizondo Fallas

Gustavo Elizondo

En las referencias que se usan en el campo de la Administración para el análisis del entorno, se incluye una historia de Spencer Jhonson que pueden ver en https://www.dailymotion.com/video/xezaxo con el título “Quien movió mi queso”; en síntesis trata la historia de dos ratones y dos personitas que conviven en lo que llaman “El Laberinto” que no es otra cosa más que el entorno donde se sobrevive; los cuatro personajes subsisten comiendo queso que abundaba, pero de un momento a otro se vuelve más escaso. Sucede que los ratones determinan con anticipación la escasez del alimento, pero las personitas acostumbradas a que siempre lo tendrían a mano, hacen poco o nada para buscar de nuevo el queso. Esta historia de ratones y personitas, la traemos a colación, porque existen varias situaciones en la realidad nacional que se ajustan perfectamente a este relato y a la moraleja que contiene; mencionaremos solo uno de ellos, pero existen otros como el fracaso del PLN, el colapso vial, los efectos del cambio climático, la contaminación de los ríos, que merecen un capítulo aparte, casos donde se movió el queso y quienes pudieron hacer algo para buscarlo de nuevo, simplemente se paralizaron, no hicieron nada.

Desde la segunda administración Arias, se empezaron las acciones para concesionar el desarrollo portuario de alto calado y en el 2011 la multinacional APM Terminal ganó la licitación que le dio la posibilidad de obtener una concesión de 33 años para la explotación de un puerto de atraque de grandes cargueros. La Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo de la Vertiente Atlántica, JAPDEVA, conocía desde entonces cuales serían las reglas de convivencia con la nueva terminal y la reinvención que debía tener para sobrevivir en estas nuevas condiciones, lo que pasaba por una mejora sustancial en la eficiencia, la revisión de su onerosa estructura salarial, el replanteamiento de nuevos servicios e incluso, determinar una ruta para el uso de una importante cantidad de recursos del canon que debía cancelar la concesionaria. No obstante que sabían “que el queso se estaba moviendo”, la administración secuestrada por el sindicato, no hizo nada más que sostener el status quo, mientras al frente de sus narices una enorme isla artificial y grandes estructuras se alzaban; el presidente ejecutivo nombrado por el Consejo de Gobierno sufrió el “Síndrome de Estocolmo”, se unió a los secuestradores, llámese sindicato y se enfrentó a quién lo nombró, usando un obsoleto reglamento interno que está en contra de las regulaciones internacionales; hizo bien el presidente Alvarado con despedirlo, por salirse de la línea clara que desde su nombramiento le había dado.

Pero no solo tiene culpa la administración, el sindicato de Japdeva, que ha logrado múltiples prebendas para sus miembros, había convertido en costumbre cerrar los puertos o aplicar tortuguismo en miras a la obtención de estas ventajas laborales, generando pérdidas incalculables para las compañías exportadoras, hoy gritan como en el video de Spencer ¿quién movió mi queso, quien movió mi queso?_ como si con ese lamento las cosas volvieran a ser iguales. También es atribuible un alto grado de culpa a los dirigentes de Limón, desvelados en intereses politiqueros, en lugar de procurar soluciones, usan el pretexto del impacto de la apertura de la Terminal, como si esta hubiese aparecido de la nada. Son cerca de 20 años, cuando se habló por primera vez de la concesión, ahora no vengan a rasgarse las vestiduras y a querer inmolarse, sean parte de la solución y no del problema; no hay duda, “el queso se puso rancio” y en Japdeva no se dieron cuenta.

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