Criticar a los diputados, una preocupación que cansa

El sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Álvaro Campos Solís

En nuestro país la critica a los diputados se ha convertido en una preocupación recurrente, a veces extremadamente aburrida, pues los flamantes padres de la patria hacen hasta lo indecible para ganarse la animadversión del pueblo. Un día sí y otro también, sus declaraciones a la prensa, ciertos proyectos de ley que presentan o el nivel de los debates resultan sorpresivos o hilarantes.

Son tan frecuentes los cuestionamientos que ni ellos mismos se dan por aludidos. Da la impresión de que prefieren guarecerse en esa frase de “ ‘porta a mi”. Parecen convencidos de que volver a ocupar una curul en el congreso no figura entre sus pronósticos. ¿Pensarán acaso que con su gestión se agota el ciclo de vida del partido político que un día los postuló al cargo?

La más reciente agresión contra el pueblo la han perpetrado un grupo de congresistas mediante la presentación de mociones, de última hora, para proteger a los pensionados de lujo. A muy pocos sorprendería que alguno de estos servidores (?) esté afilando el hacha para hacerse acreedor a una jugosa pensión.

Así ha funcionado, para muchas personas, el negocio de las pensiones de lujo. Claro, a los representantes del pueblo no se les puede condenar. Disponen de inmunidad. A ellos solo los alcanza la sanción social y negarle el voto al partido que representan en la siguiente contienda electoral. Esta es un arma poderosa, quizás la única, de que dispone el pueblo para sancionar a quien ha fallado en el ejercicio de un cargo de elección popular.

Algunos diputados, apelando al factor sorpresa, en el momento en que un proyecto de ley se dictamina en comisión para enviarlo a plenario, para su aprobación o rechazo, presentan mociones de manera subrepticia, solapada u oculta que sorprenden a sus propios compañeros, aquellos que actúan con transparencia. Actúan a escondidas, como los gatos.

Los diputados que aún mantienen algún grado de contacto con el pueblo, con el pueblo que los tiene allí en el Primer Poder de la República, disfrutando de privilegios, entre ellos la consideración social, deben entender el resentimiento que anida en grandes sectores de la población que apenas percibe ingresos de subsistencia, por lo que su conducta resulta inaceptable.

El resentimiento cobra mayores dimensiones cuando la sociedad como un todo se entera de que los pensionados de lujo perciben ingresos por encima de los ocho, diez, quince millones o más de colones al mes. Percibir esas cantidades de dinero resulta deshonesto y constituye un monumento a la codicia.

Existen dos razones de mucho peso para reducir el monto de esas pensiones millonarias. Una es que las arcas del Estado están vacías; la otra es que resulta injusto renunciar a una sociedad solidaria como ha sido la nuestra para que un pequeño grupo de tagarotes vivan a expensas del resto de la población. Por lo demás, los nuevos ricos deberían saber que el dinero y la fama están divorciados de la seguridad.

Los beneficiarios del sistema pueden alegar que sus ingresos están apegado a la legalidad. Sin embargo, nadie debe perder de vista que no todo lo que es legal también es moral. El país no está para que un pequeño sector de la población viva en la opulencia, mientras que los demás andan buscando los 95 para ajustar el peso.

Por el mismo camino van los más altos funcionarios del Poder Judicial y ni que se diga de la gente del Poder Ejecutivo donde en cada administración surgen verdaderos expertos en meter la pata. Algunos, incluso, han metido la mano allí donde está el billete.

Evalúe esta columna: 1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (Aún sin evaluar)
Cargando…

Periodista


Relacionado:
Compartir:

Comentar en Cambio Político

Si está interesado en anunciarse en nuestro sitio u obtener más información, por favor utilizar el formulario de la sección de Contáctenos en el menú principal.