Crisis nicaragüense entraría en el ajedrez mundial de la geopolítica

El Sereno

Alvaro Campos Solis
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

El rotundo rechazo del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, y las muestras de felicitación por parte del presidente de Rusia, Vladimir Putin, ante el triunfo electoral del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, sugieren que la crisis política nicaragüenses ha comenzado a salir del ámbito regional para convertirse en un nuevo problema geopolítico que enfrenta a las dos potencias mundiales. En los problemas regionales la República Popular china también aporta su “granito de arena”, lo cual magnifica las dimensiones del conflicto.

El presidente Biden calificó la elecciones celebradas en Nicaragua, el pasado 7 de noviembre, las cuales otorgaron un cuarto mandato a Daniel Ortega, como una “farsa”, “una pantomima”.

De inmediato Biden sancionó la ley Renacer que faculta a su gobierno a imponer nuevas y más radicales sanciones al gobierno de la nación pinolera que enfrenta, como la mayoría de las naciones centroamericanas, serias dificultades económicas y sociales.

Además de los problemas internos que encara el mandatario estadounidense ante la reticencia de su adversario, Donald Trump y gran parte del partido Republicano a reconocer su legitimidad.

En opinión de observadores internacional la imposición de nuevas sanciones contra Nicaragua también plantea nuevos problemas para las naciones vecinas, particularmente a nuestro país y el mismo Washington, debido a las oleadas de refugiados que buscan espacio en Costa Rica y en los Estados Unidos.

Por su parte, el presidente de Rusia, Vladimir Putin envió al presidente ortega una felicitación por el triunfo electoral, al tiempo que anunció la intensificación de la cooperación bilateral «estratégica» con el país centroamericano, según la nota que envió Putin y que entregó el embajador ruso en Managua, Alexander Koklolikov.

“Estoy convencido de que mediante esfuerzos conjuntos seguiremos intensificando la cooperación bilateral estratégica en beneficio de nuestros pueblos y en aras de la estabilidad y la seguridad regionales”, expresó Putin en su misiva.

El presidente Putin considera a Nicaragua un socio «muy importante» de Rusia en América Latina.
Cuando un problema político regional, como es el caso nicaragüense, adquiere dimensiones geopolíticas, puede ser que la crisis adquiera un perfil más bajo. O, en el peor de los casos, imprimirle un carácter explosivo a la situación. De toda suerte lo que se diga sobre el futuro de un individuo o una nación es pura especulación.

Uno de los casos mas recientes data de 1962 cuando Washington descubrió que el gobierno de Fidel Castro había permitido la instalación de misiles nucleares de alcance medio en territorio cubano que apuntaban hacia los Estados Unidos. En ese momento la crisis adquirió dimensiones mundiales. La prensa internacional mencionó repetidamente la posibilidad de un conflicto a escala planetaria.

El problema encontró solución cuando el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy se reunió con su homólogo soviético, Nikita Jrushshov. En esa reunión no tuvo ninguna participación el líder cubano Fidel Castro. Ni siquiera fue enterado. La solución estaba a otro nivel.
El encuentro entre los lideres de ambas potencias significó para la Unión Soviética el retiro inmediato de los misiles instalados en Cuba.

Por su parte, Estados Unidos se comprometió, a cambio, a retirar de inmediato los misiles que había instalado en Turquía, nación fronteriza con la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
El escalamiento de ese conflicto ofrece múltiples interpretaciones y especulaciones. Una de las posibilidades es que el tema en lo sucesivo lo aborden directamente Washington y Moscú. En consecuencia, la Organización de Estados Americanos perdería su influencia de manera significativa.

Lo mismo podría ocurrirles a los sectores de la oposición al gobierno de Managua, financiados por diversas organizaciones y filántropos muy bien conectados con empresarios que detentan el poder mundial.
Una disminución en el flujo de dólares para los opositores nacionales (nicaragüenses) e internacionales podría abrir la puerta para negociaciones serias y de largo aliento. De acuerdo, por supuesto, con los intereses de Washington y Moscú.

Sin embargo, la Organización de Estados Americanos (OEA), reunida el pasado viernes 12 en Guatemala, a solicitud de Canadá, rechazo los resultados de las elecciones nicaragüenses con el argumento de que “no tienen legitimidad democrática”.

La resolución de la OEA se fundamento en que el triunfo de Ortega estuvo determinado por el encarcelamiento de siete opositores políticos y numerosas detenciones de elementos de la oposición.
La resolución instruye al Consejo Permanente de la OEA a que analice la situación en el país centroamericano, realice un informe antes del 30 de noviembre y entonces se tomen “acciones apropiadas”. Aún no trascienden cuáles serían esas acciones “apropiadas”.

Esa resolución fue aprobada por 25 naciones (Costa Rica, entre ellas) mientras que Honduras, México y Bolivia se abstuvieron.

En esa reunión sorprendió la abstención de Honduras. La razón: el Gobierno de Juan Orlando Hernández se ha convertido en un aliado estratégico del régimen de Ortega, con el que ha firmado tratados para delimitar las fronteras de ambos países en el Golfo de Fonseca y el Caribe. Esa iniciativa ha crispado las relaciones de El Salvador y Honduras, que mantiene una disputa por espacios en el Golfo.

El Gobierno de El Salvador, presidido por Nayib Bukele fue el primero en votar a favor de la resolución contra Ortega. El mismo Bukele sostiene que el gobierno de Honduras es una “dictadura de derechas”.
El problema de fondo entre las dos naciones centroamericanas que hace 50 años libraron una breve, pero cruenta guerra, radica en el temor de Honduras a perder su salida al Pacífico por el Golfo de Fonseca. En esa región una empresa de la República Popular China construye un puerto de aguas profundas y una zona industria, lo cual mantiene en estado de alerta al Gobierno de los Estados Unidos.

Periodista


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