Costa Rica sede para el asilo de nicaragüenses, cubanos y venezolanos

El Sereno

Alvaro Campos Solis
campos.solis.alvaro@gmail.com

Aunque nadie le haya conferido esa condición, nuestro país se ha convertido, en la práctica, en la capital del asilo político y refugio económico para miles de latinoamericanos, en especial para cubanos, venezolanos y nicaragüenses. Nuestro país tiene por tradición el asilo para todo perseguido político. Su práctica se convirtió en un paradigma humanitario.

Hasta hace relativamente poco tiempo esa concesión la ejercían los gobiernos con cierta discreción. Las cosas han cambiado. Ahora la política es más generosa y menos restrictiva, lo cual significa en la actualidad que el número de asilados y refugiados se sitúe en unas 800 mil personas.

Solamente, el número de nicaragüenses que habitan en nuestro territorio se estima en medio millón. La gran mayoría son refugiados
Con nosotros también convive una significativa cantidad de colombianos, jamaicanos y chinos.

El fenómeno social ocurre en momentos en que la situación política, económica y social se torna insostenible en diversas latitudes del planeta.

Los africanos, en busca de comida, ponen los ojos en Europa, pero allí las fronteras están cerradas. Se da el caso de países ricos del viejo continente que prefieren dejar morir en aguas del Mediterráneo a los inmigrantes procedentes del continente negro, antes que permitirles desembarcar en sus costas.

Otro tanto ocurre en nuestra América. Estados Unidos no acepta un refugiado más. Por el contrario, las caravanas de inmigrantes que atraviesan parte de Sur y Centro América y México se quedan varados en la orilla del Rio Bravo, sin dinero, sin comida, sin salud, sin ropa, sin futuro.

Quienes tocan las puertas del Tío Sam básicamente proceden de Cuba, Haití, y los países del Triángulo Norte de Centroamérica: Honduras, el Salvador y Guatemala.

Los individuos que logran atravesar esa frontera natural, de inmediato son subidos a un avión para repatriarlos a su respectivo país, desde donde huyeron del hambre y la inestabilidad social, económica y política.

Mientras tanto, casi sin darnos cuenta, por lo menos a la mayoría de la población, nuestro país se va convirtiendo en una especie de “managüita”, o pequeña Managua, lo cual significa la apertura oficial para los inmigrantes nicaragüenses que arriban a nuestro país en busca de asilo político o refugio económico.

La política de puertas abiertas aplica no solo para nicaragüenses, sino también para cubanos y venezolanos. De esa manera nuestro país adquiere rasgos similares a Miami, ciudad estadounidense donde reside la mayoría de los adversarios de todo gobierno de la región que no comparta principios políticos y económicos que identifican a la patria de Lincoln.

Costa Rica anunció a finales del año anterior una nueva categoría de asilo que permitirá permanecer en el país a solicitantes de refugio procedentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela cuya petición fue rechazada.

La categoría nueva brindará permanencia en Costa Rica -por un período de dos años prorrogable, con derecho a realizar actividades laborales- a personas de esos tres países que no calificaron para obtener refugio. La nueva condición migratoria fue publicada en el diario oficial La Gaceta como una resolución de la Dirección General de Migración y Extranjería.

“En virtud de la protección que requieren las personas migrantes afectadas por la situación política, sanitaria y social que se vive en Venezuela, Nicaragua y Cuba, se considera oportuno la implementación de un sistema de protección complementaria para permanecer en Costa Rica”, señaló la resolución.

Es preciso destacar que el asilo político y el refugio son cosas diferentes. El primero busca protección para el solicitante ante la amenaza a su libertad y a su vida. La concesión de asilo es responsabilidad del presidente de la Republica y del canciller. Los asilados son, por lo general, personas que constituyen la elite económica e intelectual que participan en la vida política y militar de su país. En consecuencia, aquí viven en barrios exclusivos de la capital y de otras ciudades importantes de nuestro país.

Los refugiados, por su parte, buscan mejores condiciones de vida que le permitan superar la situación económica de su nación de origen. La mayoría habita precarios y en barrios densamente poblados, donde afrontan diversos problemas sociales.

Los asilados políticos, en términos generales, financian sus actividades proselitistas con la ayuda del gobierno de los Estados Unidos y de organizaciones no gubernamentales creadas con ese fin, según lo han reconocido dirigentes de la oposición venezolana.

Cabe destacar que la lucha intensa que libran los gobiernos de turno con los grupos de oposición se lleva a cabo bajo la consigna de que es “para el bienestar del pueblo”. Uno de los casos más significativos es el de Venezuela, uno de los países más ricos de América Latina, con una estabilidad política que se mantuvo por varias décadas, al tiempo que la situación de grandes sectores de la población se fue haciendo más vulnerable cada día.

El mayor problema que encaran los grupos que adversan a los gobiernos de la Habana, Managua y Caracas es la difícil situación económica y la inestabilidad política que empieza a padecer el pueblo norteamericano. La crisis correría por cuenta del ex presidente Donald Trump que procura desestabilizar al país, a la espera regresar al poder dentro de cuatro años.

Un artículo de reciente aparición en The Washington Post afirma: “nuestra crisis constitucional ya está aquí”. La frase puede resultar una advertencia sombría para los grupos que reciben ayuda de la potencia mundial.

Por otra parte, llama la atención esa tendencia de algunos gobiernos de nuestro país que, por su propia iniciativa, invocando razones de seguridad nacional o debido a presiones extranjeras optan por involucrarse en los asuntos de otras naciones.

En 1978 fue la administración Carazo Odio la que apoyó, abiertamente, al Frente Sandinista de Liberación Nacional, en su lucha contra la dictadura de la dinastía somocista.

Incluso, una emisora de radio que operaban los sandinistas ‘desde algún lugar de Nicaragua” difundía los mensajes de campaña desde la finca de uno de nuestros ex presidente, en la Zona de los Santos, quien se declaraba enemigo acérrimo del presidente nicaragüense Anastasio Somoza.

En 1982 el turno fue para la administración Monge Álvarez que optó por apoyar a la contrarrevolución, la cual contaba con el financiamiento de la administración Reagan.

El apoyo de la administración Monge fue tan lejos que incluso avaló la construcción de una pista de aterrizaje en el Parque Nacional Guanacaste, llamado aeropuerto Santa Elena, exclusivo para el uso de las naves que Washington proveía a la Contra.

Ese proyecto fue abortado cuando Oscar Arias Sánchez daba sus primeros pasos como presidente y buscaba la pacificación de Centroamérica. Sus esfuerzos le valieron el reconocimiento como Premio Nobel de la Paz en 1987.

El éxito de esas gestiones es evidencia de que solo con negociaciones serias y de buena fe, sin actores foráneos interesados en las riquezas de esos países, será posible evitar el aumento de asilados y refugiados y que al final gobiernos y opositores se queden con las manos vacías.

Conviene recordar que los conflictos en América Latina también sirven para que políticos de oficio conserven sus puestos en el Congreso, alcaldías y gobernaciones de la metrópoli.

Periodista


Revise también

Chile y su escenario electoral

Chile y su escenario electoral

El resultado de la elección rompió la tendencia que venía marcando a Chile desde la …

Comentar en Cambio Político

Cambio Político
Este sitio usa cookies. Leer las políticas de privacidad.