Costa Rica de país excepcional a país común y corriente

Clinton Cruickshank S.

Clinton Cruickshank

Durante los últimos meses he venido señalando y subrayando una serie de extraordinarias posturas y decisiones políticas tomadas por nuestro país en el pasado; Costa Rica un pequeño país tanto en tamaño como en población cuyo arresto e intrepidez nos ha traído admiración y reconocimiento internacional. Para no repetir todos esos hechos épicos que son motivo de gran orgullo nacional; permítanme apuntar y recalcar solamente cuatro de las más relevantes para el caso que hoy nos ocupa:

  1. El ser el primer país del mundo en abolir el ejército.
  2. El estar entre los 3 primeros países del mundo en instalar luz eléctrica: Nueva York (USA), San José (CR) y París (FR).
  3. El haber sido en el pasado el país más igualitario y con uno de los sectores de clase media más amplios de la América Latina y mucho más allá.
  4. El ser la democracia más longeva o perdurable de la América Latina.

    A través de los años, estos hechos sobresalientes y muchos más, fueron construyendo en nuestro ADN un excepcionalismo como nación y como país sin parangón.

    ¿Cuál costarricense no ha tenido la oportunidad de observar y escuchar con gran orgullo la reacción y admiración por Costa Rica que se profesaba en el extranjero? Nunca olvido la reacción de un neozelandés, Francis Small cuando por una circunstancia particular vio la portada de mi pasaporte que decía: República de Costa Rica, y comenzó a balbucir y repetir: ¡Oooh Costa Rica, Costa Rica! Y me lo pidió para observarlo con asombro y admiración y de seguido recalcó: “Wao, no army, what an impressive country”. Y durante el tiempo que nos tocó compartir unos cursos y seminarios, en los recesos se acercaba a mí con otros compañeros y decía: “Let me present you a Costa Rican; his country has no army” (Permítame presentarles a un costarricense; su país no tiene ejército). Esa fue la euforia que despertaba nuestra unicidad, nuestro excepcionalismo en el mundo.

    ¿Y qué nos pasó?

    Lo anterior constituía un activo que ciertamente provocaba la envidia de algunos de nuestros vecinos, pero que, en general, del anchuroso mundo, “atraía la luz” sobre nuestro país. Asimismo, eliminaba de una vez las sospechas de corrupción que normalmente penden sobre los países con regímenes que gravitan alrededor de su ejército. Y, por lo tanto, nos abrían fácilmente las puertas al entendimiento, a la cooperación y al acuerdo.

    No obstante, lo anterior, dejamos de mejorar, nos conformamos, y lo que es peor, “descuidamos nuestro jardín y este, poco a poco se fue llenando de maleza”. comenzamos a involucionar, a retroceder; y de un país innovador que solía marcar su propio rumbo, perdimos la brújula y comenzamos a ser un país seguidor. O sea, entramos en una etapa en que hacíamos lo que hacían otros países; y en ese proceso, fuimos perdiendo nuestro excepcionalismo para convertirnos en un país común y corriente en donde estamos hoy.

    ¿Es el fracaso de nuestra generación?

    Todo parece indicar que nuestra generación ha fracasado en lograr mantener el excepcionalismo costarricense, porque no entendimos que nuestros padres nos heredaron un país especial, único y que nuestra responsabilidad era heredar a la siguiente generación por lo menos un país en condiciones similares. Y, contrario a lo dicho, por desgracia les estamos entregando una Costa Rica que adolece de una serie de males, flagelos y patologías sociales que nos han hecho involucionar, convirtiéndonos en un país, incluso, en algunos aspectos, menos que común y corriente. Veamos algunos de esos males, flagelos y patologías:

    1. Un país sin rumbo, visión ni liderazgo.
    2. Un país totalmente entrabado por un Estado que, en vez de ser facilitador, es un Estado obstructor.
    3. Excesivamente dividido y polarizado.
    4. Un país que ya no funciona para la mayoría de los costarricenses, sino sólo para unos pocos, o sea, para una minoría privilegiada.
    5. Con un desarrollo cada vez más asimétrico entre el centro y la periferia.
    6. Una sociedad muy indisciplinada, y consecuentemente, poco productiva.
    7. Un país muy desigual, estamos entre los 10 países más desiguales del mundo, etc.

    La desigualdad, esta última patología social señalada, es el peor azote para nuestro pueblo, por las terribles consecuencias que tiene para nuestro tejido social y sistema de convivencia.

    Costa Rica: de país excepcional a país común y corriente

    Las anteriores son sólo algunos males, flagelos y patologías sociales que sufre la Costa Rica actual. Y los mismos nos han venido transformando del país excepcional que fuimos por muchos años, al país común y corriente que desgraciadamente somos hoy.

    La falta de visión y liderazgo

    Si examinamos la historia de nuestro país y los grandes y excepcionales logros alcanzados, podemos constatar que, siempre estuvieron presentes dos factores fundamentales que constituyen los denominadores comunes en todos los casos. Los mismos son:

    1. Visión y
    2. Liderazgo

    Desafortunadamente, en los últimos años hemos carecido de ambos componentes esenciales para activar el ADN de nuestro excepcionalismo, los cuales son los que nos permitieron elevarnos al estatus de país líder a pesar de nuestro limitado tamaño. Y, por el contrario, cada vez que entramos en una crisis de liderazgo y perdemos la visión, Costa Rica pasa de ser un país líder a ser un país seguidor o copión; y esa la condición en que nos encontramos hoy. Por eso, aunque nos cuesta aceptar esta realidad, nuestra amada Costa Rica hoy es un país más.

    Los principales responsables: Los partidos políticos

    Estoy consciente de lo recurrente que son mis señalamientos a los partidos políticos como los principales responsables de la debacle nacional en casi todos los campos. Pero en verdad así es, por cuanto, en mucho son los responsables de la falta de liderazgo y visión en nuestro país, porque han actuado irresponsablemente frente a los ciudadanos quienes delegaron en ellos la exclusividad de dirigir su destino. No obstante, como he dicho una y otra vez, estos temerariamente se han desentendido de su tarea fundamental de preparar a sus miembros para asumir con seriedad y responsabilidad la gobernanza del país. Por lo tanto, toda Costa Rica y su futuro está desgraciadamente en manos irresponsables: Los partidos políticos.

    Concluyo, señalando que aún hay esperanza para recuperar nuestro excepcionalismo. Sin embargo, es preciso reconocer que no será nada fácil y que, además, tomará algún tiempo y esfuerzo para reactivar y desbloquear nuestro ADN. Es claro que la solución está en manos de los partidos políticos. Por lo tanto, urge un mayor activismo y beligerancia ciudadana a fin de presionar y exigirles el cumplimiento de su tarea; más aún si tomamos en cuenta la cuantiosa inversión que hacemos los costarricenses financiando sus actividades políticas que entre otras incluye de manera muy clara, la formación y capacitación de sus miembros para la gobernanza. ¡Manos a la obra! Debemos empezar ya.

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    Ingeniero


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