Corrupción amenaza a políticos y confunde a electores

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Los escándalos que en días recientes han salpicado a funcionarios públicos de alto nivel y a grandes empresarios, sacudiendo a la opinión pública, no han podido ser más inoportunos para ese ejército de políticos que aspiran a la presidencia de la república o a una diputación. El ambiente electoral se torna confuso y se llena de incertidumbre.

Los casos “Azteca”, “Cochinilla” y “Diamante” han caído como un valde agua fría sobre hombres y mujeres que buscan el apoyo del pueblo para gobernar desde Casa Presidencial o desde la Asamblea Legislativa. La política ha perdido su esencia y los políticos su credibilidad. En realidad, los numerosos escándalos que aparecen con demasiada frecuencia se convierten en verdugos de la llamada clase política. De hecho, en estos tiempos aspirar a un cargo de elección popular convierte al aspirante en persona sospechosa.

Tres nombres que distinguen a tres escándalos. Cada escándalo es una danza de miles de millones de colones que deja entre aturdido y sorprendido a un pueblo donde los problemas económicos se convierten en una amenaza para la estabilidad social.

Según las autoridades judiciales cada uno de esos grupos conforman redes criminales en las que supuestamente operan, en el caso de Acueductos y Alcantarillados, empresarios y grupos narcotraficantes, en busca de legitimación de dinero de dudosa procedencia; en otros casos poderosos empresarios en contubernio con empleados del MOPT, Consejo Nacional de Vialidad y Banco Nacional, negocian la obtención de contratos multimillonarios en la construcción de obra vial.

El primero de esos escándalos conocido con el nombre “Azteca’ involucra a funcionarios de Instituto Nacional de Aguas y Alcantarillados, cuya responsabilidad aún no ha sido establecida.

Le sigue “Cochinilla” que supuestamente ha servido para que poderosos empresarios de la construcción vial obtuvieran multimillonarios contratos a cambio de coimas para empleados del MOPT y algunas dependencias adscritas a ese ministerio. El proceso judicial está en marcha

Finalmente, el escándalo “Diamante” en el que aparece involucrados nada más y nada menos que los alcaldes de San José, Alajuela, Cartago, Escazú, San Carlos y Osa, por el supuesto favorecimiento a grandes empresarios en la construcción de diversos proyectos cantonales.

El proceso apenas entra en la fase de investigación, aunque los imputados permanecieron detenidos cuatro días en celdas del Poder Judicial.

Todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

Sin embargo, pasará mucho tiempo para conocer la verdad de los hechos denunciados, ya que los juicios son muy complejos, en cada uno de ellos figuran algunos de los mejores abogados del país y el proceso se hará conforme a la lentitud del Poder Judicial, aunque su lema sea “justicia pronta y cumplida”. En esa instancia muchos juicios los mata el tiempo por indolencia de sus funcionarios y las argucias de los abogados.

En medio de tanto barullo escuchamos el cinismo de algunos alcaldes, aceptando la recomendación del Ministerio Publica para que un juez ordene la separación de sus cargos durante seis meses, pero rechazan con vehemencia que les impidan percibir salarios por ese lapso.

Por lo visto quieren unas vacaciones pagadas a cuenta de los contribuyentes de su respectivo cantón. Algunos alegan que fueron electos por el pueblo, por lo que solo mediante un referéndum o consulta popular pueden ser destituidos.

Al margen del tiempo que tarden los jueces en dictar sentencia, los escándalos no pudieron surgir en momentos más inoportuno: a menos de tres meses para que los costarricenses que así lo prefieran acudan a las urnas para escoger al futuro presidente de la República, dos vice presidentes y 57 diputados.

A la mayoría de los políticos que aspiran a un puesto de elección popular ahora se les hace muy difícil hablar de ética y honestidad en la función pública, cuando quedan al descubierto supuestos ‘chorizos’ de tal magnitud.

Sin embargo, con cola que les majen o sin cola que les majen, los 60 funcionarios serán electos. Así esta escrito.

En el análisis de estos problemas no solo debemos ver los árboles. Conviene observar el bosque. Es decir, el silencio que guardan grupos poderosos, comenzado por la dirigencia de las iglesias, los partidos políticos, los grandes empresarios y hasta los poderosos sindicatos,

El sector empresarial ha mostrado sobrada capacidad para torcerle el brazo a los gobiernos, mientras que los sindicatos han sido capaces de paralizar a nuestro país para demostrar su fortaleza frente a un determinado proyecto de ley, tal y como lo hicieron en el 2019 cuando impidieron que lo niños asistieran al curso lectivo, durante todo un año. ¡A eso le llaman poder! Ahora no chistan.

Al que resulta difícil de calificar es al gobierno de Carlos Alvarado por su debilidad frente a ese y otros grupos de presión. Algunos de esos grupos ejercen presión sobre el presidente de la República con el apoyo que previamente obtienen en la Asamblea Legislativa. Por lo visto la política abre puertas, supuestamente también abre cajas fuertes.

En ese sentido, no debemos ignorar el silencio de la Conferencia Episcopal o la marcada discreción de las iglesias evangélicas que solo piensan en los resultados de las próximas elecciones, dando por un hecho de que serán ellos los nuevos inquilinos de Casa Presidencial, a partir del próximo 8 de mayo.

Tal parece que los escándalo rompen todos los paradigmas. Hasta hace poco tiempo los candidatos presidenciales eran personas muy respetadas, incluso por parte de sus adversarios más enconados. Por supuesto que fanáticos nunca han faltado y cuando faltaban algún partido los creaba. Pienso en las fuerzas de choque en aquellas manifestaciones públicas en tiempos de pasadas campañas electorales.

Al respecto creo que lo ocurrido al ex presidente Figueres Olsen, candidato presidencial por el Partido de Liberación Nacional, marca un antes y un después en las campañas. Al citado aspirante lo insultaron en el Mercado Central de San José cuando acudió a ese sitio a hacer proselitismo. Estaba en su derecho, pero también hay que reconocer el coraje que comienza a manifestarse en el ciudadano de a pie.

El incidente que sufrió el candidato de Liberación Nacional debe sentar un precedente para que todo aspirante a un puesto de elección popular aprenda a respetar la inteligencia y el sentido común de los electores.

Los tiempos han cambiado. Ahora no tiene sentido ofrecerle al campesino una vaquita o una mujer desempleada una máquina de coser. La vaca no tiene donde pastar y la gente perdió la costumbre de remendar la ropa.

En algunos casos las propuestas, compromisos o promesas no corresponden con la realidad. Un candidato serio no debería prometer nada que no pueda cumplir. Convendría que nos indique de qué manera piensa financiar los proyectos que va a impulsar durante su gestión. No es cuestión de comprometerse con la comunidad en la construcción de un puente, aunque no haya río.

Todos los candidatos a un puesto de elección popular deberían echar para su saco y darse cuenta que la gente está hasta la coronilla de promesas incumplidas, mientras que el país va cuesta abajo en la atención de las necesidades de las grandes mayorías.

Periodista


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