Compramos un carrito

Volví a Suiza No. 3

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro.salazar@gmail.com

Un día como cualquier otro de los que hemos vivido en las últimas semanas, salimos con las compras, cargados de bolsas, con abrigos, bufandas, guantes… listos para continuar con la armada y acomodada de chunches y por supuesto con el cultivo de ampollas y cortaditas, que justo es decir han disminuido…y de repente…

“Diay Castrosalazar parecen locos llevando todas esas cosas en el tren”—me dijo a modo de regaño mi vocecita interna.

“Si estuviera aquel muchacho de TACA que te hizo un upgrade en New York en un vuelo madrugador hacia Centroamérica para que no tuvieras que viajar trajeado [“no confundir con tragueado”] en medio de cajas de televisión, paños, cobijas, quesos americanos, queques y no recuerdo cuantas cosas más no lo podría creer…¿te acordás que te dijo ´…mejor lo pasó para adelante porque si no va a llegar todo chorreado y arrugado, solo faltan gallinas y chanchos en este vuelo´?”—me recordó en tono de burla mi vocecita interna

La verdad es que al no tener carro hemos tenido que jalar chunches en el tren y buses, cargados de bolsas, bolsitas y bolsones, parecemos hormigas…

“¿Y qué importa si así viaja montones de gente?—le contesté con tonito.

“No, Castrosalazar, fíjate bien, los que viajan así son puros extranjeros, los de aquí llevan apenas algunas cosas”—me dijo duramente.

Y entonces decidimos que teníamos que comprarnos un carrito. Eso nos facilitaría todo.

Nos facilitarías las idas al súper, a las tiendas, a los almacenes…de verdad que sería más fácil.

Y empezamos a buscar el carrito.

“Que nos sirva para cargar, que si el tamaño de la llanta, que si era maniobrable en una ciudad como Lausanne, que dónde lo dejaríamos…”

Vimos varias páginas web y vimos varios modelos en sitos en los que los exhibían.

“Ese está pura vida y no es caro”—decía yo.

“No, mejor aquel, el rojo es más bonito, no, mejor el negro…y me gusta con las llantas más grandes, así no hay problemas con los caños…”—me replicaban.

Confieso que yo estaba escéptico con la compra, consideraba que era muy pronto para tener un carrito, que nos la podíamos jugar con el tren o con los buses, aunque pareciéramos locos… ¿y si parecemos locos llenos de chunches qué, me importa un pito?—decía yo.

Y así seguimos viendo más modelos y cargando cosas en bolsas, bolsitas y bolsonas…hasta una escalera me traje en el tren un día.

La presión por el carrito empezó a aumentar, la necesidad de contar con uno era creciente.

¿Pero cuál?

“No jodas Castrosalazar, ni que fuera una nave espacial, no es Rocket Science, ve las calles de Lausanne, ve los espacios que hay y ve donde lo van a dejar y ya….no hay mucho que pensar, quizás el tema del costo si sea importante, pero ni tanto…”—me dijo mi vocecita interna.

Y mientras…seguíamos cargados.

Un día reconocimos que de verdad parecíamos locos, y además necesitábamos comprar cosas que en el tren no podíamos traernos en bolsas y mucho menos en un bus…básicamente porque eran más pesadas e incómodas de jalar.

Un día en un bus, lleno de bolsas, iba hasta las cachas de bolsas, unas doñas con todo sus tiliches en el pasillo, todos atravesados, empezaron a criticar—en español, con acento de Betty la fea—“…oiga hermana, vea como viene de cargado..esss todo un essstorbo…”— comentaban entre ellas, por mi pinta seguramente creyeron que era europeo del norte de África y que no hablaba español, hasta que de repente les dije: “sería mejor quitar las bolsas de donde las tienen y dejarme pasar….” fue como ponerlas en mute…se callaron y recogieron los tiliches y se los pusieron en las rodillas.

“Bien hecho Castrosalazar, bien hecho”—primera vez que mi vocecita interna me reconocía algo desde que llegamos a Suiza.

Ese día decidimos comprar el carrito, ya era mucho.

De verdad que todo cambió desde que lo tenemos, es fácil de acomodar, de maniobrarlo en las calles de Lausanne, solo hay que tener cuidado de no majar cacas de perro porque se nos pone pestilente…
“Castrosalazar: diga la verdad del porqué de tu resistencia al carrito”—me inquirió mi vocecita interna.

Okay okay…..no quería parecer un viejito… más viejito.

Carrito

Pero he de reconocer que nos ha sido verdaderamente útil.

No me puedo imaginar cuando tengamos un carro…las cosas serán más fáciles.

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Un comentario

  1. Gustavo Elizondo

    Castro Salazar, yo hubiese comprado mejor un carretillo, ¿o no hay en Suiza?, gracias por hacernos más llevadera la vida.

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