¡Comparar!

Freddy Miranda Castro

Freddy Miranda

Hace poco me encontré un conocido y me di cuenta que ahora es un examigo, por decir lo mínimo. La razón de su enemistad actual, es que le respondí, con la misma dureza que él aplicó a mis opiniones políticas. Algo que debería ser normal en el debate político, en el duelo de ideas, no lo pudo tolerar. ¿Por qué ? Me parece que su intransigencia esta basada en que se considera portador de un ideario que es la respuesta a todos los problemas de la humanidad, la solución final para que los humanos seamos felices, comiendo perdices.

El germen de la intolerancia está presente de manera “intolerable” en las personas que se consideran portadores de una verdad revelada que solo ellos conocen y que les faculta para excluir, denigrar, odiar, las opiniones de los demás y a los demás, es decir no solo a sus opiniones.

No es nada nuevo, los cristianos empezaron así dos mil y pico de años atrás. Ellos eran los portadores de “la única verdad” y eso les facultó para destruir todo el pensamiento antiguo y todas sus manifestaciones culturales. Persiguieron las opiniones de los demás, y quemaron a los que las proferían, a las personas, a los libros, los templos de otras religiones, las escuelas de filosofía fueron destruidas atrozmente, las estatuas, los murales, los centros culturales, todo fue barrido bajo la férula de su “verdad”, no se salvó, nada ni nadie.

La humanidad ha reiterado en ese error, de que alguna de sus partes se considere superior a las demás y con derecho a imponerse. “La gran carga del hombre blanco”; las razas superiores; las doctrinas superiores; han sido el argumento para barrer con pueblos enteros y querer destruir por completo, lo construido por generaciones anteriores a esas ideas. La misma idea maniquea de: “yo tengo la verdad, nada de dudas”. Violencia, violencia por todas partes, cuando se trata de verdades supremas reveladas a un grupo de iniciados que consideran haber encontrado las llaves que abren las puertas del cielo.

El día que me encontré cara a cara con la persona que yo aún consideraba parte mis amistades, a pesar de haber discutido con ella ásperamente, no más verle el rostro de desprecio, me di cuenta que estaba errado, que el ácido de la discusión le había carcomido la tolerancia. Uno de sus argumentos contra mis planteamientos, se me quedó en la memoria: “Es que a vos lo te gusta es comparar, cualquier idea la refutas comparándola con otra, sin valorarla en sí misma y ese método positivista es un error epistemológico”. Ciertamente me gusta comparar las ideas que alguien plantea con lo que ya se ha hecho, porque considero que en temas de ideas, ya no hay nada nuevo bajo el sol, no hay originalidades. Por lo tanto, tenemos mucha evidencia empírica, con la cual comparar la idea de alguien, la que sea. Comparar es parte del método de la duda, de la búsqueda científica cuando de ideas filosóficas, políticas, jurídicas o económicas se trata.

Hoy me encuentro esta joya en un artículo de Peter Singer quién es un filósofo utilitarista australiano. Profesor de derecho y de filosofía: “Hagámonos la pregunta incómoda: ¿Cuántas vidas vale restaurar Notre-Dame? Muchos dirán que esa comparación es imposible. Pero sin comparar no hay modo de elegir el mejor curso de acción”.

Comparar es un método aceptable, para separar el grano de la paja, para hacer valer aquel axioma de que la práctica es el criterio de la verdad.

Evalúe este artículo: 1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (Aún sin evaluar)
Cargando…

Relacionado:
Compartir:

Comentar en Cambio Político

Si está interesado en anunciarse en nuestro sitio u obtener más información, por favor utilizar el formulario de la sección de Contáctenos en el menú principal.