Compañera de viaje

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

Conforme la geografía adquiere distinta denominación, tiene el mismo formato, dimensiones diversas, es de diferentes materiales su confección, algunas rústicas otras sofisticadas, tiene distintos colores, todas identificadas, y posee algún detalle específico que la caracteriza y algunas llaman la atención por su singularidad.

La llevo a varios años por tantas geografías, es de color oscuro discretamente identificada, es fácil su movilidad tiene rueditas, en su interior además de los efectos personales guarda historias y señales de alguna ciudad o local que fuera su reposo, cuando llega a destino sea avión, tren, ómnibus, vehículo personal, está elegantemente en silencio, bien acomodada, sobria en su porte, como si contara sus diversos climas acumulados y las diversas historias, algunas graciosas otras de aflicción y quebrantos.

Estas reflexiones vienen ante un inusitado acontecimiento, encuentro un amigo pensativo y por demás repleto de aflicción, rostro desencajado y cabellos en desaliño, tiene el hábito de pasar las manos por la cabeza que manifiesta su impotencia ante lo sucedido, relata el acontecimiento con tristeza y poca esperanza, embarcó en Miami, en un vuelo regular, muchas personas, niños malcriados, madres acongojadas siente molestias por doquier, caballeros en inquietos movimientos, miradas perdidas, una multitud de personas que no paran, no resuelven nada, hasta algunas hablan con interlocutores imaginarios, recepcionistas nerviosas, hablan entre si en voz baja y gritan a los probables usuarios, cada quien se despide de su compañera de viaje, maleta, valija, o cualquier otra denominación que tenga, entregan y la miran deslizarse lentamente hasta perderse en su extraño y oscuro deposito, es como separarse de una amiga muy querida, como recomendándole que se cuide, la despide con la mirada y como dijera nos vemos en algunas horas, el amigo cuenta su infortunio, la entregué con la seguridad que nos veríamos en Asunción, Paraguay, y hasta ahora no se sabe dónde estará, se formuló la queja y las horas se suceden teniendo como resultado “nada” de su destino, de su ubicación, mucho menos de la geografía, debe estar con su identidad a esta altura totalmente sin respuesta, arrinconada y sin dueño, esperando localizarla y volver a estar con su propietario, debe sentirse descolorida y arrinconada, solitaria y con temor de ser olvidada.

Manifiesto con espíritu esperanzador que a esa altura estará en camino, en orden y sin ninguna alteración en apariencia y contenido, también con ganas de sentir su presencia y la alegría del reencuentro, en ese instante se acerca una funcionaria y pregunta si podría acompañarla a verificar algunas “valijas” olvidadas o en descuido dejada por su propietario, le pregunta el color del objeto y el amigo dice “verde claro”, pensé, “nada bonita” se despide y acompaña a la funcionaria se dirige con pasos que denota su temor e inquietud, las manos juguetonas que no paran, al poco tiempo regresa con su “maleta” negra, debidamente identificada, y con el rostro que irradia alegría, y se recrimina porque pensó que la misma era verde y no negra como realmente era, noto al amigo repleto de alegría, sonriente, caminando firme, restablecido y contento, dueño de su destino y de su engaño.

LAMBARE, PARAGUAY

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.

Parehara es una palabra en Guaraní, lengua oficial en Paraguay junto al español, que significa mensajero


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