Cincuenta universidades y ningún empleo

De José Calvo

José Calvo

José Calvo

El mundo salió de la gran depresión del 29 por la guerra. La recomendación de Keynes a Franklin Roosevelt de poner a los hombres a abrir una zanja y después a cerrarla ayudó algo, pero fue la guerra con su desperdicio la que acabó con la depresión.

Lo que hay que hacer es poner a la gente a trabajar. Y la guerra dio empleo a todos los hombres jóvenes, y el empleo que dejaron lo cogieron las mujeres: “full empleyement

La “teoría monetaria moderna” dice lo mismo. La recomendación de austeridad solo puede empeorar las cosas quitando al Estado como “empleador de última instancia”.

Es muy deprimente que se necesite una guerra para poner a la gente a trabajar, y el límite ambiental hace a la guerra indeseable como medio de empleo: Si no fuera porque estamos toopando con el límite ambiental la guerra podría ser más aceptable que la depresión que no permite que la gente encuentre ocupación remunerada. Y si no podemos encontrar trabajo para los graduados de nuestras 50 universidades porque la depresión mundial acabó con el mercado, el “tercer sector” de Rifkin en “El Fin del Trabajo” puede muy bien emplear a todos esos muchachos desempleados con el diploma de las 50 universidades debajo del brazo.

Si a Fichte no le gusta, tanto peor, pero no podemos seguir engañando a nuestra juventud después que los hemos hecho quemarse las pestañas estudiando para algo en lo que no hay empleo. La cosa es tan grave con el desempleo que no nos debe importar la calificación de Fichte, que pertenece al dominio de la austeridad.

Nosotros podemos poner en práctica la teoría económica moderna igual que Portugal puso en práctica un gobierno anti austeridad y mejoró su situación: Lo que mundo necesita en medio de la depresión, que no mejora nada, es gobernantes valientes. Gente que no le tenga tanto miedo a Fichte.

Lo peor de tenerle miedo Fichte es la ruina de nuestra juventud. No digamos que no se lo merece después de haberlos embaucado en que lo que necesitaban era una educación universitaria. Aunque se lo merecieran, un país no tiene ningún futuro si abandona a su juventud en el desempleo y el desánimo: es un suicidio.

Tener a la juventud desempleada es matar al país, así de simple. Y ante esa perspectiva bien vale la peña que nuestros gobernantes experimenten con la teoría monetaria moderna en vista de que es la austeridad la que nos está matando. ¿Qué les vamos a decir a nuestros nietos cuando estemos en la ruina por seguir los dictados de la austeridad? ¿Que le teníamos mucho miedo a Fichte, a Standard and Poor, o a Moodys?

La austeridad ha resultado un fracaso. ¿Hasta cuando cuándo vamos a continuar en la austeridad solo porque lo dicta la Alemania de Merkel? Qué ¿no podemos separarnos de lo que dicta el imperio? Probemos con la teoría monetaria moderna aunque no le guste a Fichte ni los banqueros usureros; aunque lo rechace la city y Wall Street.

Tenemos ahora 50 universidades y ningún empleo, y hay dos generaciones desilusionadas: los muchachos que han estudiado una carrera, y de repente la deben; y sus padres, que mandaron a sus hijos a la universidad esperando que tuvieran una mejor vida. La sociedad las engañó., pero:

The name of the game is poeople”, el nombre del juego es la gente. Si todo el mundo se pone a trabajar, estaremos pronto nadando en la abundancia, pero está ahora el límite ambiental que hemos acercado con la producción, y es impasable. Fichte pertenece a la city; ellos quieren austeridad por odio de clases, y de esa manera no habrá producción por falta de demanda. El mundo si necesita un cambio, y lo está teniendo. Ya aímos hasta a los neoliberales moderando su discurso. Pronto vamos a ver que la teoría preponderante es la monetaria moderna. Y que la preocupación vuelve a estar puesta en la gente; porque ese es el juego.

El cambio va a venir, pero los muchachos quizá no lo pueden esperar porque tienen que vivir ahora. Los muchachos de ahora están peor que en la peor época de la oligarquía cafetalera Los pocos que pueden conseguir un empleo no son asegurados. Teníamos 500 habitantes en los tiempos de la oligarquía cafetalera, y ahora tenemos más de 4 millones. No íbamos a la universidad entonces. Y ahora tenemos 50 universidades. Y la sociedad les promete a todos que la educación es indispensable, y que tienen que ser profesionales para tener éxito económico.

Nuestros hijos podrían ir todos a la universidad si pudieran darle sus servicios al “tercer sector” de Rifkin, en “El Fin del Trabajo”: cuidando niños y ancianos, dando asistencia médica y dental sin “tarifario”, limpiando las calles de basuras, rellenando los huecos, construyendo las casas de interés social ¿Y de donde se va a sacar la plata para emplearlos?

Se imprime, para eso tenemos nuestra propia moneda. ¿Y que eso crea un gran déficit fiscal? Y ¿no es peor tener a los muchachos desempleados? Los muchachos desempleados tienen una grave consecuencia sobre toda la sociedad: contribuyen a la delincuencia, y a la destrucción de nuestra democracia que proviene de la desilusión.

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