Célimo Guido y el vacío de poder y liderazgo

El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

La aparición en la vida pública del ex diputado Célimo Guido, aunque haya sido por la puerta trasera y de manera violenta, abre espacio para una serie de interrogantes. Parto de que el surgimiento del Movimiento Rescate Nacional no fue una aventura. Las manifestaciones de protesta y las amenazas contra la institucionalidad fueron actos muy bien calculados y mejor financiados.

¿Se trata de un proyecto de largo aliento, diseñado con un propósito definido? ¿Fue un ensayo para medir la capacidad de respuesta de las autoridades, en particular del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial? ¿Acaso no midieron la capacidad de reacción de los partidos políticos tradicionales? ¿Por qué una vez que midieron la debilidad de las autoridades de ambos poderes del Estado obtuvieron el respaldo de algunos sindicatos públicos y de una de las más poderosas cámaras empresariales del país? ¿Pura coincidencia?

¿Cuál es, en esencia, el propósito que anima los esfuerzos del Movimiento Rescate Nacional? Sorprende que ese grupo que no tiene ninguna representación formal haya sido aceptado, desde el pasado lunes, en el foro multisectorial de dialogo de la Asamblea de Trabajadores del Banco Popular. A pesar de su aparición tan poco ortodoxa, Rescate Nacional intenta demostrar que tiene músculo político.

Curiosamente, ese movimiento parece no haber quedado fracturado, luego de la renuncia de su líder intelectual, el ex diputado y ex precandidato presidencial, José Miguel Corales Bolaños, alegando que Rescate Nacional estaba penetrado por el narcotráfico y que a él se le había escapado el control de ese movimiento. Tal denuncia parece no haber impactado a nadie. Quizás a las autoridades judiciales.

Conviene tener en cuenta que Corrales es un político de prestigio, reconocido dentro y fuera de las filas del Partido Liberación Nacional. En las actas del Congreso figuran numerosas intervenciones suyas en defensa de los intereses económicos y políticos de nuestro país. A diferencia de Corrales Bolaños, los otros dirigentes han demostrado mayor propensión al choque, a la confrontación. Entonces, ¿cuál es el nombre el autor intelectual del movimiento?

Célimo Guido, con el apoyo de un reducido grupo de personas, está escribiendo su propia historia. A pesar de que ocupó un curul entre 1998 y 2002, por el Partido Fuerza Democrática, los famosos cinco minutos de fama ya habían quedado en el olvido. Allí estuvo cuatro años y pasó sin pena ni gloria.

Las preguntas que formulo tienen sentido si se toma en cuenta que ningún almuerzo es de gratis y mucho menos en política. Creo que ese individuo no lideró los bloqueos y enfrentamiento con la policía, con la idea de “remover” al presidente Alvarado, exponiéndose a pasar una temporada en alguna cárcel del país por sedición. Es de suponer que él sabe lo que quiere.

Sin embargo, hay algo que no calza con mi especulación. ¿Por qué alguien que acaricia algún futuro político empieza por maltratar al pueblo, a la policía, a la economía y a la institucionalidad del país? ¿Será acaso que todo ese movimiento es teatro en el que los líderes de Rescate Nacional no son más que actores de segunda? ¿Títeres, cuyos hilos alguien mueve a la distancia?

Sin embargo, da la impresión de que este hombre busca nuevamente un espacio en la actividad política nacional. Para alcanzar su propósito buscaría aprovecharse del vacío de poder que desde hace muchos años dejaron los partidos tradicionales, cuyos líderes no encuentran relevo, y los más altos funcionarios del Estado olvidaron sus deberes para darle preferencia a sus ambiciones económicas y las de sus amigos.

La desgracia ha ocurrido en los tres poderes del Estado y en las instituciones autónomas, comenzando por las universidades. El descontento y desencanto de la población sería factor que estimule cualquier aspiración de Célimo Guido y sus compañeros de Rescate Nacional.

Y es que en nuestro país cada administración ha competido con la anterior por hacer las cosas de la peor manera posible. Es cuestión de observar el saldo que dejaron las últimas cinco administraciones. En 20 años golpearon duro, muy duro, al país. Lograron llevar la pobreza y la desigualdad a limites extremos. La pandemia ha sido como la cereza sobre el pastel.

De alguna manera, Rescate Nacional intentaría capitalizar ese descontento de las grandes mayorías. Sin embargo, llama la atención que su cantera sean los sindicatos del sector público tan cuestionados hoy, así como determinado sector empresarial. La pregunta de rigor: ¿para donde llevan a Costa Rica? Me refiero a ese movimiento y a los grupos más conservadores del país.

La impresión que deja Célimo Guido es que la dirigencia de los partidos tradicionales no lo ha tomado en serio. Ni a él ni a sus compañeros. Creen que su mesianismo no pasa de ser una calentura. Sin embargo, debe prepararse para resistir el embate de los grupos que ahora lo adulan, pero en cuanto vean amenazados sus intereses, no lo pensarán en lanzarse en su contra, con todo el arsenal posible.

Hasta el momento no se sabe cuál es el proyecto que anima al líder de los bloqueos de los primeros 18 días del mes de octubre. Es de suponer que, si aspira a una diputación, no tendrá que superar mayores obstáculos. Pero, si se le ocurre soñar con la silla presidencial, va a encontrar enemigos hasta debajo de las piedras.

Tres formidables enemigos, por lo menos en el aspecto financiero, lo estarían esperando para que no avance más allá del portón principal de su casa.

Bajo ninguna circunstancia Liberación Nacional querrá perder por tercera vez. Tampoco el PUSC estará dispuesto a seguir con el pobre papel de espectador de todo cuanto ocurre en Casa Presidencial. La misma preocupación tendría la gente de Restauración Nacional y Nueva República que, para efectos electorales, hasta podrían disimular sus desavenencias. No menciono al PAC por cuanto su afinidad y complacencia con los sindicatos y grupos de presión lo estarían sepultando.

Se supone que el líder de Rescate Nacional se postularía por el partido político a escala nacional que está en proceso de fundación en el TSE, Encuentro Nacional, y cuyo presidente es ni más ni menos que Oscar Campos Chavarría, su compañero de viaje en las protestas y manifestaciones violentas.

Detrás de Campos Chavarría están los arroceros, uno de los sectores empresariales más poderosos del país. Con ellos, ningún gobierno ha podido. Como dicen en mi pueblo: “tienen toda la plata del mundo”

La gran incógnita es de dónde saldrá el financiamiento de una campaña que, por cierto, en nuestro país cuestan un ojo de la cara. Eso sí, el partido político que obtenga representación legislativa es como pegar el “gordo”, pues la retribución que le gira el TSE será altamente generosa. Por esa razón es que la política en nuestro país se parece tanto a un negocio… altamente lucrativo.

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