Cansancio

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

En un día espléndido, la plaza cercana se viste de gala, verde césped bien cuidado, árboles frondosos, lindas, raras y perfumadas flores de exóticos nombres, elijo un lugar apropiado para mis divagaciones y observo con visión crítica el comportamiento de las personas, señoras en trajes deportivos y los caballeros también, realizan sus actividades para mantener la forma.

Luego comienzan a dejar la plaza y solo algunos caballeros continúan en sus charlas ruidosas sobre el tema básico de la época, la competencia de fútbol que se realiza en Brasil, todos en acaloradas y hasta violentas expresiones sobre la competencia con un equipo nacional en baja, una dirección técnica que no goza de la simpatía de los aficionados, en ese trajín la mente hace su tarea de ordenar las observaciones y análisis de una época de variables políticos, necesidades personales y colectivos, además las causales de un Continente en falta con su pueblo, colectivos poco motivados a nuevas experiencias en el campo social y educativo.

En una observación más detallada y comparando a la región que debe ser común, siento a las personas cansadas, veo rostros y aspectos que denotan alguna sensación de “cansancio”, labios en descuido las mitradas perdidas enfocando el infinito, las reacciones son lentas y se evita el contacto interpersonal, la mente divaga y se permite penetrar en la intimidad de las personas, llegando a la casa cansado, que es legítimo en nuestro tiempo, el malhumor no se justifica, la persona cansada tiende a tener mal genio que los médicos dicen tener las defensas bajas y los nervios poco templado, impaciente, volviéndolo callado hermético no es comunicativo, es la hora de componerse, retirar las armaduras, despojarse de las preocupaciones del trabajo.

La niñez es naturalmente impaciente razones de ser inoportuna, ella no conoce de vaivenes no sabe del contexto y no valora circunstancias. Los padres deben enterarse de esos estados de sus hijos, pues, interrumpe cuando no debe, no tiene paciencia para esperar, es “la hora heroica de los padres”.

Alguien ya afirmara que ningún padre puede llegar , abrir la puerta y decirse “Misión cumplida”, pues el hogar no es el lugar de las compensaciones egoístas, lo maravilloso de la sensación de un final de jornada es la encontrar afecto, alegría, cariño, la ausencia de estos detalles se refleja en el rostro cansado, cuerpo encorvado, atuendo en desaliño, debemos reconocer que el amor del hijo no es algo abstracto, teórico, distante, es palpable, es algo tangible, se siente, se toca, se ve. Diego Ibáñez Langlois, en su libro “Sentido Común – Familia”, afirma que los “ojos de un niño dice a grito: “Sé mi padre, tu eres fuerte, más fuerte que el cansancio”, el padre cansado, es un padre enfermo, la casa no es una clínica de reposo, dice Ibañez, donde se cuida religiosamente el silencio para no alterar al paciente.

El continente moreno, siendo Estados jóvenes no tienen derecho a reclamar cansancio, puede estar con las defensas bajas, sin embargo, tiene una sociedad que no conoce cansancio, es fuerte, es vigorosa, es altruista, es luchadora, es altiva, es constante, es vibrante.

Recordemos que el amor hace de las personas amables hasta las interrupciones,cordiales, amenos, pujantes, valientes. El amor nos hace fuerte y ruidosos, la patria es de gente que se mueve no un monasterio donde reina y se escucha el silencio.

LAMBARE, PARAGUAY

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.

Parehara es una palabra en Guaraní, lengua oficial en Paraguay junto al español, que significa mensajero


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