Brasil sufre tres pandemias

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El Sereno

Álvaro Campos Solís
campos.solis.alvaro@gmail.com

Alvaro Campos

Brasil, de las nación más grandes y más ricas de América Latina vive hoy un significativo proceso de deterioro sanitario, social y económico, debido a tres pandemias que la aquejan al mismo tiempo: el covid 19, un gobierno que ignora el derecho a la vida de los 210 millones de habitantes y la extraordinaria capacidad financiera y de convocatoria de las iglesias cristianas, dueñas de un inmenso poder económico e influencia en el gobierno que preside el líder ultraderechista Jair Bolsonaro. Además de la extraordinaria capacidad de fuego del narcotráfico que gobierna en las favelas.

Gobierno y evangélicos sean opuesto al uso de la mascarilla, el distanciamiento social y el confinamiento familiar. El resultado de esa actitud obstinada resulta catastrófico: 68 mil muertos y casi dos millones de contagiados. Incluso, el propio Bolsonaro rechaza el uso de mascarillas. Alega que el covid 19 es una simple “gripecilla”.

Sin embargo, el pasado martes trascendió que el presidente carioca es uno mas de esos casi dos millones de contagiados. Aún no está claro si lo del contagio es cierto o fue una bufonada plena de arrogancia y de irrespeto a la vida de los periodistas que asistían a su conferencia. Para anunciar que estaba infectado por el covid 19, Bolsonaro se despojó de su máscara. Una acción que dejó en evidencia su desprecio por la vida humana de otros seres humanos.

“Los evangélicos hablan de la teoría de la prosperidad y creen que con la religión se cura y se salva. Si el gobierno, como pretendió el exministro de salud, Luis Enrique Mandeta, hubiera aplicado políticas de distanciamiento social duras, Bolsonaro hubiera sido tratado como un traidor”., sostiene la revista colombiana Dos Orillas. El problema es que Bolsonario es miembro de la congregación religiosa, toda vez que en la campana se hizo bautizar. Resultado: hoy en Brasil, el gobierno, los evangélicos y los empresarios bailan el mismo son.

Como si todas esas desgracias fuera poca cosa, el narcotráfico ejerce una especie de cogobierno desde los sectores más deprimidos que viven en las conocidas favelas, allí donde habitan millones de familias que solamente pueden hacen aquello que el capo de la zona esté de acuerdo.

En las favelas, para combatir la propagación del covid 19, el gobierno primero debe dialogar con las bandas narco y las milicias parapoliciales que controlan esas violentas barriadas. Las favelas son asentamientos precarios, que crecen en torno o dentro de las grandes ciudades del país. En realidad, enormes aglomeraciones de viviendas carentes de infraestructura y de servicios básicos como el agua potable y el servicio eléctrico. Se estima que en ellas viven unos 35 millones de personas.

A pesar de la enorme tragedia que vive ese país de la américa del sur, con sus ocho millones y medio de kilómetros cuadrados, y el hecho no menos importante que la selva del Amazonas le da oxígeno al resto del planeta, las grandes potencias mundiales parecen no prestarle atención alguna a la situación de ese pueblo. Estados Unidos y la Unión Europea lanzan amenazas, pero son como globos de ensayo.

Un déspota gobierna al país, el militar ultraderechista Jair Bolsonaro con el apoyo de los dirigentes religiosos más conservadores, empezando por el líder Edir Macedo, así como poderosos terratenientes y empresas mineras a quienes se les permite quemar y talar la selva para crear haciendas ganaderas en miles de hectáreas y explotar minas en reservas habitadas por indígenas. No hay respeto para el aborigen y mucho menos para el medio ambiente.

Según la revista colombiana Dos Orillas “Cada vez que habla Edir Macedo la mitad de Brasil se paraliza. El pastor más rico del mundo no solo tiene a su lado a Dios, también cuenta con el aparato mediático más grande de su país. Desde que compró en 1989, por 45 millones de dólares el canal Record, que se transmite por radio y televisión, su influencia en el país se quintuplicó. Sus ingresos también. En el 2017 el pastor supo recibir más de USD$1.200 millones producto no sólo de sus negocios sino de sus diezmos”.
Brasil cuenta con 42 millones de cristianos, de los cuales 10 millones pertenecen a la iglesia de Universal del Pastor Macedo.

“Uno de sus sermones puede empezar con esta pregunta “¿Cuál es el mayor país del mundo, económicamente hablando?” la gente le responde: “No sabemos”. El obispo continúa: “Los Estados Unidos. ¿Saben por qué? Porque hace mucho tiempo —esto es historia, lo pueden buscar en internet—, la colonización fue hecha por hombres que creían en la palabra de Dios. Y donaban. Por eso en el billete dice “Confiamos en Dios”. Y le siguen creyendo a su promesa de multiplicar los diezmos que entregan los fieles a la iglesia y que debe ser el 10% de los ingresos.

Macedo es dueño del canal de evangelización más poderoso del mundo. “Su figura es tan poderosa que ni siquiera ha podido caer sobre él una ley brasileña que prohíbe que las grandes iglesias, como la suya, posean medios de comunicación propios”. Lo que ocurre con el citado pastor es sorprendente, pues en Brasil guardan prisión expresidentes, empresarios y hasta sacerdotes. Solamente él está por encima de la ley.

Algunas personas podrán pregunta ¿Y que tiene eso de malo? Lo malo es que Macedo y otros dirigentes religiosos se aferran a sus creencias y no aceptan ninguna de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, como uso de la mascarilla, la careta, el distanciamiento social y el confinamiento familiar.

Las famosas playas de Ipanema y Copacabana con el encanto de sus mujeres y los Carnavales de Rio, en los que hombres y mujeres, ataviados de costosos vestidos y plumajes exóticos, bailaban samba hasta el cansancio, durante una semana, para satisfacer las extravagancias de millones de turistas, entre ellos artistas y potentados que llegaban de todo el mundo, son atractivos que pertenecen a un pasado reciente. Ahora en el sambódromo reina el silencio.

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Periodista


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