Azul creciente

Casos y cosas

Heriberto Valverde C.

Heriberto Valverde

Estos días he estado viendo con alguna frecuencia la cadena CNN. La información brindada ha estado referida por completo a las elecciones presidenciales de Estados Unidos, lo cual es absolutamente entendible.

Lo que resulta al menos discutible es el alineamiento de este medio con la causa demócrata, o para ser más exactos, su abierta oposición al presidente Trump. Tanto, que por momentos es difícil creer que está uno viendo una empresa periodística pues parece más bien un centro de propaganda partidista demócrata.

En la cultura mediática estadounidense no es extraña una abierta posición partidista de un medio de comunicación, pero en mi caso es la primera vez que le he dado un seguimiento tan cercano.

En nuestra cultura periodística del siglo XIX y primera mitad del siglo XX sucedía algo semejante. Pero eso cambió y en las últimas décadas la sociedad ha visto con malos ojos cualquier alineamiento político de los medios, aun cuando sea a veces de conocimiento público la simpatía (y más que simpatía) de algunos medios (varios, muchos) con determinadas causas político electorales.

Personalmente no considero contrario al profesionalismo periodístico el que un periodista o un medio haga públicas sus preferencias electorales o de cualquier otra índole, siempre y cuando pueda, por sobre esa preferencia, mantener los principios de la profesión, especialmente el sustento de la investigación, el rigor y el balance informativo.

En lo que he visto de CNN el balance informativo simplemente no existe y lo que ha prevalecido de manera sostenida es la opinión a favor de Biden y el ataque a todo lo que tenga que ver con Trump.

Pero, y este pero es muy significativo, debo reconocer que, a la par de esa opinión, lo que es el análisis electoral (con claro sabor demócrata) ha tenido un sustento cuya calidad y pertinencia parece ser probado por los hechos; es decir, eso que sonaba como opinión, que por momentos a uno como periodista le resulta molesta, por más que haya coincidencia con la causa que la anima, tuvo en todo momento visos del mejor periodismo, por el rigor con que se hizo.

Con el correr de los días, la transmisión de CNN se fue centrando en lo que sucedía con el conteo de votos en cinco estados: Georgia, Carolina del Norte, Arizona, Nevada y el más estratégico de todos, Pensilvania.

En todo momento la cadena noticiosa, contrario al mapa de predominantemente rojo republicano que se veía en la pantalla, deslizaba sutilmente y a veces en forma abierta, la idea, a veces certeza, de que esa realidad cambiaría a favor del azul demócrata.

Aquello parecía más una cuestión de fanatismo que de periodismo.

Pero, e insisto en la importancia de ese pero, tal posición resultó ser, no un criterio antojadizo ni un simple fanatismo anti Trump, sino la información obtenida de un estudio histórico, geográfico, religioso, étnico, sociológico y hasta sicológico de las respectivas poblaciones de cada distrito electoral de los estados mencionados, pendientes de conteo, condado por condado, y sus conductas político-electorales; es decir de un periodismo del mejor.

El premio: un creciente azul en el mapa electoral estadounidense y un presidente que suma a su reconocida torpeza social, lo que es ya una derrota.

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