Alvaro Campos

Vientos de cambio

Álvaro Campos Solís

Álvaro Campos Solís campos.solis.alvaro@gmail.com En nuestras vidas y en el paisaje que nos rodea todos los días ocurren cambios, algunos más profundo que otros, pero capaces de modificar nuestros gustos necesidades y hasta la forma de ganarnos la vida de manera digna y honesta. Cada uno de nosotros hoy es …

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Silencio

Álvaro Campos Solís

Álvaro Campos Solís campos.solis.alvaro@gmail.com En el gabinete de Carlos Alvarado Quesada impera un pesado silencio, pues la mayoría de sus integrantes ni hablan ni se dejan ver. Por lo visto se trata de gente que prefiere mantener un bajo perfil, a pesar de que cada uno de los 24 ministros …

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¡El pueblo al poder! una promesa con sabor a estafa

Álvaro Campos Solís

Alvaro Campos Solis campos.solis.alvaro@gmail.com El título que encabeza este artículo de opinión suena a slogan barato, de esos que desde siempre han utilizado los partidos populistas, tanto de izquierda como de derecha, para convencer a votantes ingenuos. Esa oferta se convirtió repetidamente en promesa con sabor a estafa. Con esa …

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Otra huelga en el magisterio, ¿y el pueblo que?

Álvaro Campos Solís

Álvaro Campos Solís campos.solis.alvaro@gmail.com En momentos en que los sindicatos del Magisterio Nacional anuncian una nueva huelga -otra agresión contra estudiantes y padres de familia- convendría saber cuál es el espacio reservado por ley para que maestros y profesores salgan en defensa de sus demandas que, en este caso, no …

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Socios, casi amigos

Álvaro Campos Solís

Álvaro Campos Solís Al margen del mensaje de Jesús de Nazaret, en el sentido de separar el poder espiritual del poder terrenal, líderes evangélicos y políticos del Continente Americano van estrechando sus vínculos hasta fundirse en un solo personaje. Se han convertido en socios, casi hermanos. El propósito: hacerse con …

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El hombre de los hierros retorcidos y oxidados

Álvaro Campos Solís

Cuento Álvaro Campos Solís Aquel hombre cargaba sobre sus espaldas un pesado saco de yute repleto de hierros retorcidos y oxidados. Además del peso que lastimaba su columna vertebral y sus piernas, el metal se encargaba de lacerarle la carne allí donde habían surgido llagas purulentas, de un olor fétido. …

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