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Asamblea Nacional y Plenaria del PLN

Fernando Berrocal Soto

Fernando Berrocal Soto

Un partido político democrático tiene que ser una entidad viva, en la que interactúen, se comuniquen y se autocritiquen los dirigentes con los militantes y con la base electoral, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Tiene, también, que haber un paraguas ideológico y conceptual escrito y un Código de Ética, que una a todos sus adherentes, aunque existan tendencias y puntos de vista contrapuestos. A la vez, tiene que haber una organización democrática y abierta que posibilite el recambio de los dirigentes y la mayor participación posible de ciudadanos en sus decisiones.

Con diferencias personales entre ellos, pero con ideales compartidos, así fundaron e hicieron crecer, por varias décadas, los Padres Fundadores al Partido Liberación Nacional. Quien conoce la historia interna del PLN, sabe de las diferencias entre don Pepe y don Chico y, sobre todo, las de don Pepe con Daniel y la oposición de la cúpula, por muchos años, al liderazgo de Luis Alberto Monge que venía del movimiento sindical y cooperativo. Esto es historia antigua. No por ello han perdido vigencia estas diferencias que, con otros actores y con un PLN que este año cumple 62 años de fundado, sigue siendo uno de los principales activos de la democracia costarricense.

Los nuevos actores responden a las tendencias reales existentes en la actualidad: arismo, figuerismo, johnismo, independientes y una gran mayoría social democrática que es el pueblo liberacionista, en la que me incluyo.

La derrota electoral del 6 de abril y el contexto en que la misma se dio, es un hecho político profundo y fuerte en la conciencia del liberacionismo. No creo que haya una sola causa, sino varias, para explicar la magnitud de esa derrota. En la cúpula formal del PLN, han dejado pasar más de tres meses y no tienen, como propósito inmediato, convocar a la Asamblea Nacional y Plenaria del PLN, que es el órgano de mayor jerarquía según el Estatuto Orgánico, porque integra y articula a dirigentes nacionales, así como a representantes de las siete provincias y de los cantones no representados, delegados de los Movimientos y Sectores (Juventud, Mujeres, Cooperativas, Empresarios, Trabajadores y otros). No lo quieren hacer. Tienen otra estrategia y piensan que con unas Comisiones de Trabajo, en las que están colaborando entre 150 y 200 personas, es más que suficiente y que la convocatoria vendría después, cuando las aguas estén más tranquilas.

Yo tengo otro criterio. Pienso que los hechos políticos hay que enfrentarlos con hechos políticos y que, entre más profundos y críticos sean los hechos políticos, más fuertes, decisivos y transparentes deben ser los hechos políticos con los que se responde, dando mucha participación a las bases y al aparato partidario y, sobre todo, poniendo cara frente al país. No en vano 1.3 millones de costarricenses censuraron, en las urnas electorales, al PLN.

Por eso, he venido insistiendo en que se convoque a la Asamblea Nacional y Plenaria y en que, a ese nivel, se decida la convocatoria a un gran Congreso Nacional, como se establece en el Estatuto Orgánico, para debatir el modelo de desarrollo actual del país y la necesidad de una reforma a fondo del Estado Costarricense y sus relaciones con los sectores productivos privados, en el contexto de la nueva y dinámica realidad económica y política internacional. También y como tema partidario, la reforma a los mismos estatutos del PLN, para garantizar su plena democratización, el fin de las tradicionales “mesas gallegas”, la vigencia de un equilibrio de pesos y contrapesos interno entre todas la tendencias de la familia liberacionista.

Esa es la pelea en la que estoy y no voy a aflojar, porque creo que tengo la razón de mi parte y porque vale la pena y mucho, que el PLN se renueve en sus liderazgos y en su propuesta ideológica y política a los costarricenses.

Otros y como es natural, nuestros adversarios de siempre, quieren que el PLN se muera. Lo grave, sin embargo, es que la miopía de la dirigencia actual, en la cúpula formal del PLN, los hace coincidir con aquellos, porque a pacito lento y con unas Comisiones de Trabajo, tomando y calmando el dolor con aspirina, no vamos a salir del hueco en el que quedamos después de la paliza y la garroteada de las últimas elecciones, aunque seamos la primera minoría en la Asamblea legislativa y nuestros 18 Diputados (as) estén haciendo una buena y producente labor de oposición al gobierno, dándole un tiempo prudencial de 100 días al Presidente Solís y al PAC para que comiencen a gobernar, según el mandato soberano del pueblo en las urnas electorales.

Mi amigo el columnista José Cabezas, en su leída columna de La Prensa Libre dice que el PLN se ha convertido en una “maquinaria electoral” de mercaderes y busca hueso sin ideología. Y que solo “don Fernando, aún insiste en ideologías”. Podría ser. Si fuera así, me estaría llegando la hora de abandonar esta trinchera política en la que he militado lealmente por 45 años. Sin embargo, voy a dar esta última pelea política y la voy a dar con la firmeza de mis convicciones social democráticas y la enorme satisfacción de que no tengo “rabo que me majen” ni pensión de lujo, aunque he ocupado algunas de las más altas funciones públicas del país.

Una vez más: le pido al Directorio Político del PLN que convoque a la Asamblea Nacional y Plenaria y a un gran Congreso Nacional. Este es el único camino para enfrentar y vencer la crisis interna y externa del liberacionismo.

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