Aparofobia: La tragedia de ser pobre

El sereno

Álvaro Campos Solís
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Álvaro Campos Solís

La tragedia de ser pobre, condición en la que viven grandes sectores de la población en todo el mundo y en cuyo alero han surgido dinastías políticas y sindicales, hoy en día es analizada con rigor filosófico por parte de una catedrática de ética en la universidad de valencia, España. A su manera y quizás sin proponérselo, desarma a líderes políticos y religiosos que han convertido la pobreza en un lucrativo medio de vida.

Se trata de la filósofa Adela Cortina quien a lo largo de tres décadas ha estudiado ese fenómeno social hasta lograr que la Real Academia de la Lengua Española aceptara el término aporofobia en el que se define la pobreza como “el rechazo a las personas pobres, por el simple hecho de serlo”. Mas radical resulta la definición de wikipedia cuando describe la palabra aporofobia como “odio, miedo y rechazo a las personas pobres”.

“Una de cada tres personas sin hogar ha sido insultada alguna vez, una de cada cinco agredida alguna vez”, sostiene la investigadora. Recuerda que a ese sector de la población, que por lo general habita en hacinamiento familiar y social, la migración deja de ser una opción, pues se le cierran las puertas, se levantan muros y alambradas, además de que se les impide el paso por la frontera.

La definición que la investigadora le da a la pobreza: “no es falta de recursos, es falta de libertad para llevar a cabo sus planes de vida”. Esta interpretación difiere de la que ofrecen los organismos financieros internacionales que consideran pobre a aquel individuo que percibe un ingreso diario igual o inferior a los 650 colones. Los defensores del sistema hablan de “igualdad”, como si todo el mundo la pasara muy bien.

Resulta preocupante la advertencia que lanza El Periódico, de Cataluña, al comentar la investigación de la filósofa, cuando dice: la precariedad de la vida de los trabajadores ha aumentado y contar con un empleo no garantiza tener buenas condiciones de vida, el miedo a la palabra se exacerba y nos ha hecho ver que todos somos vulnerables”.

Una de las características de la pobreza es que todos sus rasgos son desagradables, incluso dolorosos, aunque en algunas religiones la consideren como el medio idóneo para alcanzar la salvación espiritual.

Lo importante es que el grave problema que afecta a miles de millones de personas en todo el mundo, empieza a ser objeto de análisis desde un punto de vista ético. Es decir, el derecho a una vida digna por parte de todo ser humano. En consecuencia, reconocerle su dignidad a toda persona en estado de pobreza, contribuiría a desterrar la demagogia que han utilizado populistas de izquierda y de derecha para hacerse con el poder.

Para ella, parte vital de la solución al problema radica en que las personas tengan una fuente de empleo y con los ingresos que percibe tengan acceso a la educación, salud, vivienda y alimentación. En ese sentido señala la “trampa de la pobreza” que ocurre cuando se da limosna o caridad.

La filósofa valenciana asocia la pobreza con la falta de libertad. Sostiene, además, que no hay felicidad sin compasión. En esencia, ser pobre significa carecer de libertad, felicidad y por si fuera poco sufrir los rigores del hambre y la ausencia de un techo. “El pobre no puede aspirar a ser feliz”, sentencia.
Las preocupaciones de Cortina tienen el mérito de sacar el tema de la pobreza del campo de la política y la economía, para situarlo en el campo de las limitaciones, incluso fuera del concepto de la virtud. Es decir, desvincula el concepto del comportamiento humano, como portarse bien, en razón de que así lo establecen normas religiosas y morales.

La palabra en cuestión ha tenido poca difusión y por consiguiente poca o ninguna aceptación en el habla popular, toda vez que defender los derechos de los pobres y hablar en nombre de ellos solo es rentable en las contiendas electorales. En esa circunstancia el voto del miserable vale tanto como el del acaudalado hombre de negocios. El político lo sabe y por eso visita barriadas marginales donde besa niños de cara sucia y abraza viejecitos que aún pueden acudir a las urnas el día de las elecciones.

Consultada acerca de la utilidad de la ética, afirma que “la ética sirve para forjarse un buen carácter, para generar buenos hábitos, hábitos que conduzcan a la justicia y a la felicidad”.

Hace falta educación moral en los ciudadanos y en las instituciones, sentencia.

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