Andalucía: descubriendo Córdoba y alrededores

Por Andreas Drouve (dpa)

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En las ruinas de Medina Azahara se puede vislumbrar el esplendor de los tiempos del califato de Córdoba. Foto: Andreas Drouve/dpa

Quien oye decir Córdoba, piensa en la mezquita. En la Edad Media, era esta la mezquita principal de los moros. Hoy, este patrimonio cultural de la humanidad, con sus arcos de medio punto, es una visita obligada en cualquier viaje por el sur de España.

Pero Córdoba también es el nombre de la provincia. Aquí, en el interior de Andalucía, se esconden algunos tesoros. Destacamos siete puntos ubicados en la ciudad o a un máximo de cien kilómetros de distancia.

1. La Mezquita-Catedral

Desde el año 1236, cuando Córdoba fue reconquistada a los moros, los representantes de la Iglesia católica transformaron todo paulatinamente. Del minarete hicieron el campanario y tumbaron una parte de las columnas. Introdujeron capillas y una obra tosca, que nombraron catedral. Pero no lograron sacudir los fundamentos del fabuloso edificio original.

La obra fue iniciada en 785 por el emir Abderramán I y luego ampliada varias veces. La mezquita principal, con sus salas de oración, se convirtió en referencia. Así lo pueden apreciar los visitantes aún hoy.

Las columnas de mármol, jaspe, pórfido, granito. Los dobles arcos rojos y blancos, entre los cuales se cuelan la penumbra y las sombras. Y adelante de todo, el espacio consagrado a los rezos, llamado mihrad, que impresiona con las inscripciones que lo decoran.

2. Los patios interiores

Los patios interiores de Córdoba, con sus fuentes, sus macetas con flores y sus suelos empedrados o enlozados son el orgullo de la ciudad. Cada patio es una joya en sí mismo. El Palacio de Viana, un palacio-museo histórico, agrupa a doce de ellos. En el jardín del palacio crecen limones, naranjas, nísperos y rosas. El interior de salones, aposentos, pinturas y tapices no le llega a hacer competencia. Incluso los tapices del famoso artista Francisco de Goya empalidecen ante estos pequeños paraísos.

3. El casco antiguo

Laberintos de callejuelas, iglesias, el Alcázar: el casco antiguo de Córdoba es un imán para turistas. En el histórico barrio judío (judería), la sinagoga está abierta a los visitantes. En tiempos normales, la fila para entrar llega hasta la plaza más próxima y tapa así las entradas a numerosas viviendas. Pero durante la pandemia todo es diferente. “Ahora incluso echo eso de menos”, comenta una vecina.

4. Medina Azahara (Madinat al-Zahra)

El esplendor de los califas de Córdoba se puede observar también diez kilómetros al oeste de Córdoba en el conjunto arqueológico Madinat al-Zahra (también llamado Medina Azahara). Con forma de terraza, a los pies de la Sierra Morena y frente al valle del río Guadalquivir, tuvo una vida breve: entre 936 y 1010, cuando fue destruido por tropas bereberes.

El paseo por las ruinas lleva hacia arcos de herradura y algunos cimientos. La “Ciudad Brillante” es patrimonio cultural de la humanidad, al igual que la Mezquita, pero el brillo de los tiempos pasados solo se puede entrever con imaginación. Según los paneles informativos en el museo que pertenece al complejo, los arqueólogos desenterraron solo el 12 por ciento del recinto. El espectacular Salón Rico de Abderramán III, destinado a recepciones, permanece cerrado.

5. Castillo de Almodóvar del Río

La fortaleza andalusí, que se eleva en las colinas sobre Almodóvar del Río, gozó de cierta fama hace muy poco: como decorado de la famosa serie fantástica “Game of Thrones” (Juego de Tronos). En la Baja Edad Media, el rey Pedro I el Cruel encerraba a sus enemigos en las mazmorras. Hoy, los amantes de los castillos de todas las edades pueden hacer realidad allí sus sueños. El escenario es perfecto: los ascensos a las torres, la vista a las mazmorras adornadas con esqueletos, los pasillos zigzagueantes, la capilla de la fortaleza, las réplicas de espadas y cascos de caballeros, una catapulta. El brillo de épocas antiguas fue recuperado mediante una amplia restauración.

6. Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro

El guía Juan Carlos Molina conoce muy bien el menú del lince ibérico: “Un conejo por día”. En el Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro, hay nuevamente linces desde comienzos del presente milenio. Es raro toparse con estos animales esquivos. Pero en el recorrido desde Venta del Charco, en cambio, se pueden ver con prismáticos águilas calzadas y buitres leonados. Las encinas y los melojos forman parte de la vegetación típica de la zona. En la primavera, florecen el contueso (o tomillo borriquero) y las jaras pringosas. El camino avanza plano y solitario. La meta es El Cerezo, un pueblo que en parte está en ruinas, ubicado a seis kilómetros.

Un pequeño emprendimiento de la zona produce jamones. Antonio Copado Bermúdez cuenta cómo alimenta a los cerdos con bellotas para conferirle su sabroso sabor al jamón. No es nada agradable a la vista ver las capas de moho sobre los jamones colgantes. Pero no hay que preocuparse: “Solo así maduran más y mejor”, explica Copado Bermúdez.

7. Zuheros

Zuheros es un pueblo de montaña como salido de un cuadro: una maravillosa agrupación de casas blancas en medio del Parque Natural Sierras Subbéticas. La ruina de un castillo se levanta de las rocas. No asombra que Zuheros aparezca en la lista de “pueblos más bonitos de España”.

La subida es escarpada. Un camino estrecho atraviesa el pueblo. Desde las casas huele a rosas. En un pequeño restaurante, una pizarra ofrece bocadillos a tres euros (3,6 dólares), una porción de chuletas de lechal a nueve (casi 11 dólares). Es loable que nadie se aproveche de la excelente fama de Zuheros.

Las mejores épocas para visitar Córdoba y los alrededores son la primavera y el otoño europeos. En pleno verano puede hacer mucho calor en el interior de Andalucía. Se recomienda volar a Málaga. Desde allí, son unos 160 kilómetros hacia el norte en coche de alquiler, por una autopista sin peaje, hasta la ciudad de Córdoba.

Informaciones: www.turismodecordoba.org, www.cordobaturismo.es

dpa


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