“Allende quería un socialismo conforme a la tradición de la socialdemocracia”

Mario Hernández entrevista a Ricardo Napurí, ex Diputado constituyente y Senador peruano

Salvador Allende

M.H.: Estamos recordando los 45 años del golpe en Chile con un protagonista, Ricardo Napurí. Estuviste allí.

R.N.: Empiezo por contar por qué estuve presente. El gobierno de Velazco Alvarado me deportó a Chile a comienzos de 1973. Anteriormente lo conocí a Salvador Allende en el estudio de Silvio Frondizi en los ´60, antes de que fuera Presidente. Era el encargado de relaciones exteriores del MIR- Praxis y me ligué a Allende y a los socialistas chilenos con quienes establecí un vínculo político e iba frecuentemente a Chile.

En 1971, como cuento en mi libro Pensar América Latina estuve en Chile y entrevisté a Allende que había asumido en octubre de 1970 la Presidencia de la República, porque compañeros de la Asamblea popular de Bolivia me habían pedido, sabiendo que yo tenía un vínculo con él, que intercediera para que los ayudara con instructores y armas porque se venía el golpe de Banzer. En el libro cuento cuáles fueron las consecuencias y el resultado de esa entrevista en 1971 cuando Fidel Castro estaba visitando Chile por unos días para ayudar a su amigo Salvador Allende.

Después en 1973, cuando me deportan a Chile, entré en la comprensión del proceso político chileno. En síntesis los hechos son los siguientes, cuando lo entrevisté en 1971 él me hizo saber que era socialista de izquierda pero que no quería una revolución del tipo de la de Cuba, ni de ninguna otra naturaleza, porque ellos como socialistas creían en la consigna del socialismo por la vía pacífica y democrática y, obviamente, a pesar de las imposiciones del imperialismo y su agresividad, creía que en Chile había posibilidades para hacer una alternativa a la idea de una revolución con violencia revolucionaria.

Esto se sometió a prueba de 1971 a 1973 cuando la Unidad Popular, que era el frente de partidos que lo llevó al poder, presidido por el Partido Socialista y por él particularmente, desencadenaron un proceso porque tenían un programa radical de avanzada, que fue muy rico, importante y radicalizado y después tomó una forma superior de revolución social, reforma agraria, nacionalización de las minas, del comercio exterior, de la banca y un montón de reformas, algo inusitado en la realidad de los partidos capitalistas de América Latina.

Pero ese programa de reivindicaciones de una especie de capitalismo avanzado bajo las condiciones del patrón de la ideología o de la concepción del socialismo en términos democráticos y garantizando la democracia burguesa fue sometido a prueba. Porque las masas desposeídas creyendo en sus partidos, se apoderaron de esas consignas y las llevaron más lejos, radicalizándolas a través de su combate y de la asunción de estas consignas.

Enfrente tuvieron a la oposición momia, que en Chile como se ve hasta ahora es muy poderosa. La derecha chilena es la única en América Latina que no solamente interviene directamente en los asuntos de la sociedad y la política, sino que tiene apoyo de masas, del 50% mínimo de la población. Esa oposición que ellos llamaban “momia” se le opuso al reformismo radical de Allende en el momento en que la revolución se hacía presente. De tal manera que el hecho fundamental del proceso chileno es que la revolución y la contrarrevolución se hicieron presentes.

El otro hecho que tiene que ver directamente con las consecuencias de las realidades actuales de América Latina es que la Guerra fría había asomado con toda fuerza, por eso Nixon y Kissinger intentaron interferir para evitar que Allende tomara el poder a través de un golpe de Estado preventivo antes de que asumiera. Como fracasó y Allende asumió, después gestaron, impulsaron, intervinieron directamente para que la oposición tomara fuerza en Chile, radicalizara sus posiciones y, sobre todo, dándoles el apoyo de EE UU para derribar el gobierno.

Con eso la oposición constituyó una oposición radical que terminó con elementos de agresión física, de toma de las barriadas populares, una provocación de tipo casi de guerra civil. Entonces la consigna “Socialismo en un solo país” fue sometida a prueba. No es que ellos no quisieran el socialismo, pero querían un socialismo conforme a la tradición de la socialdemocracia que conocemos históricamente y, sobre todo, con la idea de que habría una tolerancia burguesa a la asunción del poder socialdemócrata que no representaba ningún poder popular.

La derecha dijo que no, que eso era comunismo, marxismo. Entonces Chile adquiere la característica de un ejemplo extraordinario a nivel mundial donde se alinean las fuerzas. La URSS no le dio apoyo porque todavía quedaban los resabios de los acuerdos de Stalin en Yalta, quedó aislado el gobierno e interiormente la derecha cobró fuerzas porque en las elecciones legislativas Allende no consiguió la mayoría, quedó como minoría, entonces todas las cuestiones de la institucionalidad democrática que consideraba Allende, como el respeto a las mayorías populares y a las mayorías parlamentarias fue burlado por la acción provocadora casi insurgente de guerra civil de los grupos semi armados de la oposición.

Mientras tanto Allende pronunciaba discursos de izquierda. Por supuesto fue un personaje sumamente querible, no es que esté diciendo que el hombre no era consecuente con lo suyo. Lo fue. Él decía “revolución sin violencia”, “revolución sin revolución” que será utopía, pero eso era lo que presidía y fue sometido a prueba.

Las masas quedaron abandonadas en ese momento y el discurso de Allende lo prueba, cuando se despide dice que el pueblo chileno verá los frutos de lo que ellos sembraron, pedía optimismo histórico. Lo mataron, se fue a la historia y llegó Pinochet.

De tal manera que el balance de la realidad de Chile, de su experiencia podemos entender cuáles son los límites de los procesos sociales acaudillados por direcciones incluso radicales en el orden burgués pero que llegado un momento determinado agotan sus posibilidades porque no resisten la oposición, porque la realidad mundial no les ayuda y no dan el salto cualitativo que sí dio, por ejemplo, el grupo con Fidel Castro y el Che a la cabeza que tomaron el poder y desarrollaron una posición anticapitalista que devino en un proceso de tipo revolucionario.

Este es otro ejemplo distinto al de Cuba, hacer una revolución socialista pero sin revolución. El ejemplo para América Latina, es que todo el reformismo, el nacionalismo radical, todas las fuerzas resistentes, antioligárquicas, antiimperialistas y progresistas, desarrollan planes de asistencia social, de sensibilidad social profunda, no son oligarcas, son pequeño burgueses socialistas, son reformistas, son nacionalistas de izquierda, desarrollan procesos como el primer peronismo, como la Bolivia de 1952, como la izquierda del Partido Liberal en Colombia, como el de Allende, como el APRA en Perú en sus primeros momentos, pero desatan fuerzas que luego o no pueden controlar o no asumen la responsabilidad de los procesos que ellos mismos acaudillaron.

Entonces la reacción a partir del capital, del empresariado que está a la espera, recaptura la situación porque se empantanan, no dan el salto cualitativo, tienen miedo de salir del capitalismo, no tienen fórmulas anticapitalistas y la realidad se los come y vuelve la derecha, la reacción, la burguesía a tomar el control de la situación.

Eso que llaman “populismo” no fue otra cosa que la política de estos partidos llamados nacionales, populares, que desataron incluso procesos revolucionarios pero que tuvieron miedo de salir del capitalismo y entonces el capitalismo retomó el control de la situación. Cada ejemplo de estos puede ser revisado en ese sentido.

En cuanto a lo de Allende, a pesar de exponerme a la crítica de aquéllos que hacen apología de los procesos y no tienen una mirada inteligente sobre los mismos, que ponen el acento en la agresión de los reaccionarios, del imperialismo, pero no en lo que nos interesa, por qué esos procesos no culminan en victorias, por qué se empantanan, por qué después de esos lindos esfuerzos de desarrollo del radicalismo de las masas, de su convencimiento de que puede haber un mundo mejor, de la construcción de nuevos sujetos sociales que surgen, terminan bloqueándose.

Es triste que en Brasil el nacionalista de izquierda se pegara un tiro, que Paz Estenssoro que dirigió la revolución del `52 terminara como agente norteamericano, que el Frente Amplio [de Uruguay] termine administrando los negocios de la burguesía y que realidades como la de Ecuador o como la Argentina terminen también en procesos que hoy expresan la vuelta de la derecha en América Latina.

Revista La Maza / La Haine


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