Alemania: El SPD necesita más que una nueva dirección

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Loren Balhorn

Alemania: El SPD necesita más que una nueva dirección

El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) no lo ha tenido nada fácil estos últimos años. Después de gobernar el país con Gerhard Schröder a la cabeza de 1998 a 2005 e implementar una serie de reformas neoliberales sumamente impopulares, el partido ha asistido al declive de su apoyo electoral más pronunciado de su historia. Incapaz de reunir una mayoría de gobierno en 2005, el SPD tuvo que contentarse con convertirse en socio minoritario del gobierno de coalición encabezado por la Unión Demócrata-Cristiana (CDU) de Angela Merkel, un estado de debilidad en que este histórico partido de masas ha permanecido anclado durante diez de los últimos catorce años.

Los resultados han sido catastróficos para el SPD. Marginada por las ambiciones centristas de Merkel, la socialdemocracia apenas se diferencia ya de sus rivales conservadores y es cada vez más incapaz de defender de forma creíble que votar por ella marcará alguna diferencia en la vida de la gente. Así, el electorado le ha dado la espalda, virando primero hacia Die Linke en la izquierda, después hacia Los Verdes en el centro y últimamente hacia la Alternative für Deutschand (AfD) en la extrema derecha. Un número creciente de exvotantes del SPD han dejado simplemente de seguir acudiendo a las urnas.

No es extraño, por tanto, que en las recientes elecciones el partido haya registrado una y otra vez los peores resultados desde que existe, en vivo contraste con el ascenso de Los Verdes y la AfD. En efecto, en las últimas elecciones europeas de mayo de este año, el SPD no obtuvo más que un exiguo 15 % de los votos, lo que obligó a Andrea Nahles a dimitir en condiciones humillantes. Esta derrota planteó inevitablemente una serie de cuestiones sobre la capacidad de la socialdemocracia para sobrevivir en el siglo XXI.

En un principio, la reacción del partido no pareció tan empática como exigía la situación. Cuando el pánico cundió tanto en el aparato como en las bases, el SPD aprobó unas reformas aparentemente cosméticas, sustituyendo la presidencia unipersonal por otra compuesta por dos personas, que por primera vez debían ser elegidas directamente por la militancia. El abandono de buena parte de militantes, que se fueron a Die Linke a mediados de la década de 2000, así como el amplio giro a la derecha del partido, que ha visto cómo el número de personas afiliadas se ha reducido a la mitad en los últimos decenios, parecía mermar las posibilidades del ala izquierda. Sin embargo, conscientes de que se acercaba la hora de la verdad existencial del SPD, una serie de destacadas figuras más inclinadas a la izquierda presentaron su candidatura de cara a las elecciones internas.

A lo largo de los casi seis meses que duró la campaña interna, que sorprendentemente apenas despertó el interés de los medios y del público más amplio (lo que es un indicio del declive del SPD), la carrera por el liderazgo se redujo pronto a unas pocas parejas de contendientes. Finalmente, el neoliberal Olaf Scholz y la relativamente desconocida Klara Geywitz se enfrentaban a dos representantes del ala izquierda del partido, la diputada Saskia Esken y el exministro de Hacienda de Renania-Westfalia Norbert Walter-Borjans (apodadas conjuntamente Eskabo).

El ala derecha, que es de lejos la fracción dominante en el grupo parlamentario y el aparato del partido, flanqueada además por la mayoría de grandes medios de comunicación, dominó el debate público y parecía tener segura la victoria en la elección interna del 30 de noviembre. Sin embargo, al final de la noche –después de que la televisión pública NDR anunciara por error la victoria de Scholz y Geywitz– se conoció el resultado: ganó la candidatura de Esken y Walter-Borjans con un poco más del 53 % de los votos. De pronto, y para sorpresa de casi todo el mundo (probablemente incluidos los propios candidatos), la victoria inesperada de Eskabo implica que la orientación política del SPD podrá ser objeto de un debate serio por primera vez en décadas.

Ganar la batalla

Es importante no exagerar el cambio que se ha producido realmente. De creer a los grandes medios de comunicación, la elección de Eskabo marca “el retorno de la lucha de clases” al SPD. En efecto, como si las cosas no se hubieran ido ya a pique durante años bajo la camarilla dirigente saliente, los comentaristas dijeron “adiós, SPD” y predijeron que la nueva orientación de “izquierda dura” del partido lo condenaría al cubo de basura de la historia. Tal vez la crítica más desconcertante a la nueva dirección sea la formulada por Yascha Mounk, un politólogo germano-estadounidense conocido sobre todo por su denuncia del populismo en las páginas de Die Zeit. Sostiene que la plataforma de Eskabo es demasiado socioliberal y que alejará al partido definitivamente de la clase trabajadora alemana: menos derechos LGBT, más carne y patatas, por decirlo así.

En realidad, la nueva dirección del SPD es moderadamente socialdemócrata y tiene poco que ver con el tipo de políticas identitarias progresivamente neoliberales de las que se le ha acusado. Walter-Borjans, el más conocido de la nueva presidencia compartida, procede del bastión tradicional del SPD, Renania-Westfalia y se hizo famoso como ministro de Hacienda del land a comienzos de la década de 2010 al comprar un listado en CD robado con las cuentas bancarias en Suiza de alemanes ricos que pretendían eludir los impuestos relativamente elevados de Alemania. Más tarde publicó un libro sobre el tema que fue un éxito de ventas, donde describe como la gente rica del país evita sistemáticamente pagar lo que deben y cómo una política de fiscalidad progresiva podría contribuir a abordar la desigualdad social.

Ni Esken ni Walter-Borjans planean nacionalizar sectores importantes ni buscar un enfrentamiento en toda regla con el capital germano, aunque critican abiertamente el giro neoliberal del partido y Esken deja caer de vez en cuando la palabra socialismo. Teniendo en cuando lo mucho que se ha derechizado la política económica oficial, representan una verdadera bocanada de aire fresco y una oportunidad para que el SPD vuelva a ser el partido que intenta conseguir mejoras para la gente trabajadora en la mesa de negociación.

Se han abstenido de atacar directamente a la gran coalición entre la CDU y el SPD, pero defienden que se renegocien las condiciones del pacto. Reclaman más inversiones en infraestructura, cambiar el magro paquete de medidas de protección del clima que prevé el gobierno y aumentar el gasto público aunque se incurra en un déficit presupuestario, todo un tabú en la política alemana desde hace muchos años. Para los socialistas y todas las personas que tratan de impulsar un giro a la izquierda de la política en Alemania, la nueva presidencia del SPD constituye un paso adelante en la buena dirección.

Ganar la guerra

Como muy bien sabrán quienes han seguido la batalla de cuatro años de duración que ha tenido que librar Jeremy Corbyn con el establishment del Partido Laborista, la conquista de la dirección no es –en el mejor de los casos– más que una victoria parcial, el comienzo de la guerra de verdad. Decenios de desgaste y la consolidación de una casta de cuadros de cariz neoliberal que no rinden cuentas han debilitado y desorientado al ala izquierda del partido. Su principal representante, el Forum Demokratische Linke 21, es una minoría clara y no dispone de más que un puñado de figuras influyentes. A diferencia de la izquierda laborista británica –que tampoco controla todos los resortes–, los socialistas del SPD se enfrentan a la competencia parlamentaria de Die Linke, lo que dificulta todavía más la tarea de reunir una masa crítica de militantes de izquierda.

Los ejemplos exitosos de Corbyn en el Reino Unido y de Bernie Sanders en EE UU nos enseñan que el aparato no entregará las armas sin luchar. Acostumbrado a dirigir el partido como un negocio familiar, hará todo lo posible para impedir que el SPD vire a la izquierda y para recuperar posiciones lo antes posible, incluso con juego sucio. Para que el programa de Eskabo se haga realidad, el nuevo liderazgo tendrá que enfrentarse abiertamente al aparato del partido, deponiendo a sus oponentes de todo cargo de influencia en el mismo.

Lamentablemente, de momento la nueva presidencia parece más bien propensa a buscar la reconciliación con el bando de Olaf Scholz y ya ha anunciado su intención de integrar a la otra candidata, Geywitz, como vicepresidenta del partido. Ahora que se ha lidiado la primera batalla, ambos bandos han bajado las espadas ofreciendo una blanda retórica de unidad que tapa las diferencias políticas y abre una puerta a la derecha, que sin duda querrá poner palos en las ruedas de la nueva orientación. Solo podemos esperar que la luna de miel no dure mucho y acabe antes de que sea demasiado tarde.

Las bases del SPD envejecen y ya no son capaces de realizar campañas como las que protagonizaron con líderes populares y ampliamente respetados como Willy Brandt en la década de 1960. El triunfo de Eskabo es una señal de esperanza de que el SPD consiga zafarse del destino de otros partidos hermanos europeos y vuelva a ser un partido popular reformista de izquierda, pero el camino que todavía habrá de recorrer será accidentado. Siendo el país más poderoso de Europa, lo que ocurre en Alemania afecta a los 500 millones de personas que viven en el continente. La posibilidad de un SPD renovado, orientado a la izquierda, es por tanto una cuestión importante. Visto que el centro político es cada vez más disfuncional y la derecha populista está en ascenso, lo que está en juego no puede ser más trascendental.

https://jacobinmag.com/2019/12/spd-germany-election-social-democratic-party-eskabo

Traducción: viento sur


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