Abuelitos

Parehara

Oscar B. LLanes Torres

Oscar B. Llanes

La ciudad de Lambaré, Paraguay amanece con mucho frío, nublado y rasgos que tendremos lluvias, comienzo la caminata diaria sin muchas ganas, parece que el cuerpo busca aún una cama tibia, un humeante café y las noticias en cataratas de sucesos trágicos, sin embargo viene el sentimiento de culpa anunciando que debo salir y allá voy, a las pocas cuadras una llovizna comienza su tarea y busco refugio en el primer centro comercial, ya con sus puertas abiertas y los ágiles primeros movimientos, la cafetería ya con escasos lugares disponibles, ocupo un lugar casi lado a lado con unos abuelitos, los dos elegantes y vistosos atuendos, la atención se despierta y comienza a participar en una plática ajena, sin embargo, las palabras de los abuelitos se sucedían sin interrupción, las manos entrelazadas que jugueteaban sobre la mesa, las miradas se cubrían recíprocamente, las blancas cabelleras adquirían nuevo vigor, y una frase suelta la atrapo con placer, el abuelo afirma “querida, debes saber que mi amor y entusiasmo, como siempre te confesé, y ahora que estamos solos, con los hijos viviendo sus vidas, tenemos el tiempo que sobra para compartir y amarnos como nunca, compartir recuerdos que están vivos en la memoria, es una belleza este momento de nuestras vidas”.

La abuelita, con su bien arreglada cabellera, suelta, de finos hilos amarillos, que se niegan a emblanquecer, muestra una ligera sonrisa, dientes bien tratados, un discreto color en el rostro, suaves ademanes, voz entrecortada como buscando auxilio para completar el pensamiento, su belleza denota un tiempo que no la delata, habla con suavidad y encanto femenino, habla como madre en vacaciones, como abuelita sin apuros, devuelve la cortesía con mucha elegancia, la escucho susurrar con los ojos cerrados, “ AMOR, eres y siempre fuiste causa, fin y presente de mi vida, razón de mi existencia, viví con intensidad tus causas, tus quejas, tus quebrantos, tus logros la disfruté al máximo, nunca se asomó a mi vida dolores ni martirios que podrían crearte alguna preocupación, la superé haciéndoles feliz, te amo desde el primer día, cuando llegaste a mi ya fue tarde, te elegí primero.”

El intenso trajín no nos deja escuchar con claridad las gentilezas afectivas compartidas, solo queda la escena de una inmensa candidez y calidez, donde se observa la existencia de que el amor esta presente, activo y dinámico, que la ternura tiene su tiempo y su ritmo, que el tiempo es el tesoro mayor compartido, se encarga de consolidar, de fortalecer y hacer felices quienes entendieron su valor y real dimensión, este servidor testimonió un cuadro viviente de que el amor esta vivo y quien sintió sabe, ya lo dice Lope de Vega.

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Diplomático (J) y Profesor Universitario Paraguayo.

Parehara es una palabra en Guaraní, lengua oficial en Paraguay junto al español, que significa mensajero


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