A 75 años del levantamiento del Gueto de Varsovia y el trágico recuerdo del Holocausto

Fernando Del Corro

Gueto de Varsovia

Las fuerzas armadas alemanas y las de sus aliados habían dejado de ser invencibles tras dos años y 172 días de victorias contundentes cuando el ejército rojo contratacara el 19 de noviembre de 1942 en Stalingrado y generara un clima propicio para impulsar la resistencia en los territorios avasallados por los invasores nazis a partir del primero de septiembre de 1939 cuando se desatara la “II Guerra Mundial”.

Eso hizo que antes de la rendición de las tropas alemanas, croatas, italianas y rumanas el 2 de febrero de 1943 ante las soviéticas en la batalla más sangrienta de la historia de la humanidad, con dos millones de muertos entre ambas partes, el 18 de enero los judíos del “Gueto de Varsovia” iniciaron su resistencia armada y en solo cuatro días tomaron el control del lugar e impidieron que continuase el proceso de su aniquilación en marcha.

El 19 de abril 3274 atacantes alemanes y colaboradores polacos lanzaron una gran ofensiva desde sus escondites que obligó a los nazis a retirarse sin poder, siquiera, tomar prisioneros, lo cual devino en un incendio provocado sobre el conjunto de los edificios del gueto y en la voladura de buena parte del mismo. Incluyendo la Gran Sinagoga hasta lograr la rendición final el 16 de mayo.

Durante esos 119 días los partisanos judíos del gueto hicieron resonar en las calles del mismo un himno compuesto al efecto por Hirst Glik y cuya traducción es la siguiente: “Nunca digas que esta senda es la final,/Acero y plomo cubre un cielo celestial/nuestra hora tan soñada llegará./Redoblará nuestro cantar, ¡henos acá!/Desde las nieves a las palmas de Tzión/henos aquí con el dolor de esta canción/y en el lugar donde salpicó nuestro sangrar/nuestra fe y nuestro valor han de brotar./Un sol de aurora nuestro hoy iluminará/nuestro enemigo en el ayer se esfumará/y si el alba retrasara su aspiración/que cual emblema sea siempre esta canción./Con sangre y fuego se escribió este cantar/no es canto de ave que libre pueda volar/entre los muros que sin miedo derribó/lo canta un pueblo que con valor su brazo armó./Nunca digas que esta senda es la final./Acero y plomo cubre un cielo celestial/nuestra hora tan soñada llegará./Redoblará nuestro cantar, ¡henos acá!”.

Por entones, de acuerdo con una investigación del periódico The New York Times, en el mundo controlado por el régimen nazi y sus aliados existían 42.500 campos de capturados entre los cuales 1150 eran guetos, 30.000 de trabajos forzados, 500 burdeles donde explotaban a mujeres así esclavizadas, 1000 de prisioneros, 980 de concentración y números centros.

Las víctimas de los genocidios nazis no fueron solamente judíos sino gitanos, izquierdistas, homosexuales, soviéticos y otros que, en total, según los cálculos de la época sumaron unos seis millones pero que otras investigaciones más modernas hacen más que duplicar esa cifra que es mayor a las actuales poblaciones de países como Bélgica, Bolivia, Cuba, Portugal, Túnez y Zimbabue, entre muchísimos más.

Si bien la Organización de las Naciones Unidas estableció el 27 de enero como fecha mundial para la conmemoración del Holocausto provocado por el nazismo, en el ámbito del judaísmo se opta por practicarla el 12 de abril, una fecha intermedia en el marco del levantamiento del gueto, más próxima a la gran victoria del 16, y algo anterior a la creación formal del Estado de Israel el 14 de mayo de 1949.

El Gueto de Varsovia, creado en octubre de 1940 ocupaba media docena de barrios de la capital polaca y entre sus murallas quedaron confinadas unas 400.000 personas de origen judío oriundas de esa ciudad, de otras regiones del país y deportadas desde Alemania y otras zonas ocupadas por los nazis, la mayor parte de las cuales murieron asesinadas; muchas antes del levantamiento, una gran cantidad durante el mismo y las sobrevivientes en campos de concentración como el de Treblinka.

Holocausto es un vocablo de origen griego que significa “completamente quemado” ya que se trataba de una práctica religiosa por la cual se le ofrecían ofrendas a los dioses incinerando animales en su totalidad aunque también se utilizaba el término “moirocausto” cuando se quemaban los restos del animal mientras los oferentes se comían las mejores partes.

La historia de las tres grandes religiones monoteístas, la cristiana, la musulmana y la judía alternaron a lo largo de los siglos momentos de gloria y de tragedia a lo largo de sus 3365 años de existencia desde que el faraón nacido como Neferjeperura Amenhotep, coronado como Amenhotep IV y auto re denominado Akhenatón, el amado por el dios Atón, terminase con 1.500 años de las viejas creencias egipcias y diese nacimiento a lo que tiempo después pasó a ser el judaísmo.

Tras la muerte de Akhenatón, que también había dado mayor jerarquía a las mujeres, comenzando por su esposa Nefertiti, su hijo Tutankamón, en acuerdo con los nomarcas (señores feudales) retornó a las viejas creencias y persiguió a los seguidores de Atón que huyeron al desierto dirigidos por Moisés, quién fuera un importante funcionario de la corona.

Fugados a lo que luego se dio en llamar Judea se desarrollaron allí como una importante civilización hasta que la expansión del Imperio Romano hizo que fuese incorporada al mismo como provincia por el emperador Cayo Julio César Octaviano (Augusto) en el año 6 de nuestra era, a partir de los conflictos en griegos y judíos.

A lo largo de su sometimiento se produjeron tres levantamientos. El primero de ellos entre los años 66 y 73; el segundo conocido como la Guerra de Kitos, entre 115 y 117 siendo emperador Marco Ulpio Trajano, con el que Roma alcanzó su mayor extensión; y el tercero entre 132 y 135, ya estando al frente del Imperio Publio Elio Adriano dando lugar a una catastrófica derrota.

Adriano, que al igual que su antecesor Trajano había nacido en Itálica, hoy Santiponce, a escasos kilómetros de Sevilla, España, al asumir en 117 había acordado la paz y creado el nombre de Palestina (región de los filisteos) para la región, como parte de una política de terminar con los déficits fiscales que también lo llevó a abandonar el actual Irak y erigir el “Muro de Adriano” entre Inglaterra y Escocia al no lograr acuerdos para poner fin a los conflictos con los pueblos de esas regiones.

Sin embargo el levantamiento de 132 dirigido por Simón Bar Kopa, salvando las distancias, tuvo alguna similitud en lo militar con el del gueto de 1942 ya que comenzó con notables victorias sobre las fuerzas imperiales que les permitieron mantenerse independientes durante dos años y medio hasta que, finalmente, los ejércitos romanos terminaron con toda resistencia y destruyeron todas las poblaciones con el consiguiente costo de vida.

Fue el Siglo VIII el de la gran expansión del judaísmo cuando el rey Bolán de Khazaria quién, convencido por su esposa Serakh, se convirtió a esa religión y la hizo oficial para ese importante imperio sólo superado por el de los otomanos. De esa manera se dio origen a los judíos askenazis, oriundos de Europa Central, que constituyen la mayoría de los creyentes de esa religión.

Los khazaros formaban parte de la expansión aria surgida de Bactriana, en el norte de Afganistán, por lo cual racialmente los judíos alemanes, a los que perseguían los nazis liderados por Adolph Hitler a través de su delirante búsqueda de la “pureza racial” no alteraban de manera alguna la misma.

Esos judíos eran los mismos a los que persiguieron zares de Rusia como Catalina II que pretendió convertirlos; otros los sefaradíes que convivieron con los musulmanes en España como el gran pensador Moshé Ben Maimón, conocido como Maimónides; el valenciano Luis de Santángel Vilamarxant, quién financió la expedición de Cristóbal Colón a América en 1492; y los que integraron la Gran Siria conformada por Ted Edward Lawrence (Lawrence de Arabia) y Feisal en 1917, destruida por los efectos del “Acuerdo Sykes-Picot” entre el Reino Unido Gran Bretaña e Irlanda y Francia en 1916 que dio lugar a la actual fragmentación del Cercano Oriente donde el poder militar israelí se expande sobre sus vecinos.

Fernando Del Corro es periodista, historiador, docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.


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