A 10 años del TLC

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Hace 10 años, en el debate sobre el Tratado de Libre Comercio, se dijeron muchas tonterías. Del gobierno de entonces y de la coalición del No al TLC.

Ninguna de las exageraciones sin sentido que se dijeron han sucedido. Ni los costarricenses pasamos de andar en bicicleta o moto a manejar lujosos BMW, como dijo, en un extraño arrebato de exageración el presidente de la República, ni nos robaron la isla del Coco y el agua, en el país más lluvioso del mundo, como absurdamente dijeron los principales líderes del NO al TLC.

La verdad es que el debate no era sobre esas mentiras y promesas engañosas. El debate era sobre dos cosas serias e importantes para el país:

1.- Si Costa Rica iba o no a ser parte integral de la globalización y la internacionalización de la economía o si nos íbamos a aislar del mundo y de los inevitable nuevos retos del siglo XXI, encerrándonos en el Valle Central.

2.- La constitucionalidad o no del texto de este tratado, suscrito por los países de Centro América y los Estados Unidos y que muy pocos estudiaron a fondo.

Apoyé el SI al TLC no solo por ser Ministro de Estado en aquel gobierno, del que posteriormente me distancié por diferencias políticas y sobre el tema de seguridad ciudadana, sino porque desde la coordinación y como tesis central del Programa de Gobierno del 2006-2010, se propuso y defendió, como idea fuerza, la inserción inteligente de nuestro país en la economía mundial.

Diez años después sigo defendiendo esa misma tesis, al igual que la de las necesarias alianzas estratégicas entre el sector público y el sector privado productivo y el de una política social eficiente y desburocratizada, que nos permita generar trabajo bien remunerado, como se ofreció en aquella campaña electoral, para enfrentar y atacar las verdaderas causas de 1 millón de habitantes en condiciones de pobreza, impulsando a la vez cambios cualitativos en el sistema educativo y funcionales en el INA, para ser siempre un país de oportunidades. Esa es una visión país social democrática moderna.

Como abogado, estudié el texto del TLC y lo encontré parte de las corrientes prevalecientes en el Derecho Internacional y en el Derecho de los Tratados, como se reconoce y garantiza en el Sistema de las Naciones Unidas.

En este debate he sido siempre coherente.

Del Presidente Arias me distancian contenidos de su visión país y no me gusta su estilo y forma opaca de hacer política y ejercer el poder, pero sí defiendo el aporte fundamental de su gran legado histórico: en su primer gobierno la lucha por la paz en Centro América, un meritorio Premio Nobel y la creación de la Sala Constitucional y, en su segundo gobierno, su gran impulso a la apertura y la necesaria inserción inteligente de nuestro país en la globalización y la economía mundial y el sesgo prioritario hacia la economía de servicios y el turismo. Oscar Arias ha sido un modernizador del país.

De sus errores se encargará la historia.

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