50 aniversario del Instituto Nacional de la Música

Víctor Fonseca

IMN

Hay quien puede creer que las filas son cosas terribles, cosas que definitivamente deben evitarse, la pandemia vino a reforzarlo y para algunas personas eliminarlo.

Se venden campos en hospitales y clínicas, pero de verdad, ¿qué valor tiene una fila? Hace 50 años una generación inició la revolución musical más importante del país y una de las revoluciones americanas más notable gracias a una fila, que dejó a 250 jóvenes convocados a ser parte de la historia más hermosa de esa época.

Se crea el Ministerio de Cultura Juventud y Deporte en 1970 (ratificado en la ley No.4788 del 5 de julio de 1971) y aparece una frase digna de los grandes pensadores: “¿Para qué tractores sin violines?” 26 de julio de 1972, desde el antiguo anexo del Teatro Nacional de Costa Rica (hoy Plaza de la Cultura), hace 50 años. Luego, la fila que muchos niños, niñas y jóvenes hicieron fue el inicio de la nueva institución: Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Mientras el mundo se armaba y se preparaba para asustarse con la aniquilación total de la humanidad, un pequeño país, que casi ni se ve en los mapas dijo: “apostamos por el futuro, por nuestra gente y por el desarrollo intelectual y cultural de cada ciudadano”.

Eso es lo que significa el nacimiento de lo que hoy es la Unidad Técnica del Centro Nacional de la Música llamado Instituto Nacional de la Música, la universidad musical que el Ministerio de Cultura y Juventud de la República de Costa Rica pone a disposición de sus ciudadanos y en algunos casos al servicio del resto de América Central.

En el marco de la restructuración que tuvo la Orquesta Sinfónica Nacional, la misión era ser el semillero del que se nutriría la Orquesta en un futuro y dar una posibilidad de desarrollo formativo en el área musical a un sin número de jóvenes con sueños que no hubieran podido hacerse realidad sin este evento. 50 años después, la misión se da por cumplida con éxito y con excelencia.

Este julio de 2022 vemos una Orquesta Sinfónica Nacional conformada por músicos integrantes que fueron parte de esa fila de 1972, que crecieron musicalmente y se volvieron profesionales en la Orquesta Sinfónica Nacional. Otros viajaron al exterior a ser músicos destacados, a ganar los premios más prestigiosos en el mundo a nivel musical.

Muchos no siguieron el camino de la música de manera profesional, pero aún le arrancan hermosos sonidos a instrumentos guardados en la casa que despiertan los fines de semana y son el público más exigente y más crítico que tenemos en la actualidad.

Medio siglo después podemos ver a los ojos a cada ciudadano de este país y decirle que su esfuerzo hasta el último colón depositado en nosotros ha sido bien aprovechado. Podemos mirarlos a los ojos, decirles gracias y mostrarles lo construido en el tiempo: prestigio y excelencia.

¿Qué sigue ahora? ¿qué pasará con la institución? Lo cierto es que se sembró una semilla, que dio fruto, un fruto dulce y generoso que está llegando a su fin, la generación del 72 se acerca a su jubilación y con ella el recuerdo vívido de uno de los momentos más visionarios en la historia de la humanidad reciente. Ese fruto maduro cayó al suelo y fecundó más campos, lo que inició siendo un grupo de 250 hoy es de miles y sigue en aumento, no sólo fue un fruto bello, fue un fruto fecundo que sigue extendiendo su espacio, que ahora se esparce por el mundo entero en Estados Unidos, Israel, Europa, Asia y varios lugares más en América Litina, donde los hijos de esta institución se asentaron para dar fe con el ejemplo de esta transformación.

Han pasado 50 años, vendrán otros 50, estamos sembrando una nueva generación. Estamos depositando la esperanza de la cultura en un nuevo terreno, estamos sembrando para el futuro, para que nunca nos haga falta, para seguir liderando el espíritu transformador, para seguir apostando por Eros aunque el mundo esté con Thánatos en la cabeza.

Después de cinco décadas decimos gracias, pero estamos transformando nuestra institución en una que pueda estar a la altura de los tiempos. Estamos adaptándonos a la postmodernidad y al 2.0, a la web y la inmediatez, sin dejar de lado toda la tradición que nos ha hecho vigentes y grandes.

Mientras llegan los próximos 50 años, celebramos estos con mucha música, hemos iniciado este 22 de julio con conciertos en Guanacaste, el propio 26 de julio arrancó un ciclo de clases maestras para nuestros estudiantes en la especialidad de contrabajo por el maestro Juan Carlos Rodó, un sueño del 1972 hecho realidad. Viene un semestre cargado de actividades que pueden seguir en nuestro sitio web y nuestras redes sociales. Estaremos en muchos lugares del país, tendremos un concierto de gala, que trasladamos de fecha al 17 de setiembre por razones de la agenda política y alrededor del 3 de noviembre una serie de sorpresas, en conmemoración del primer concierto de la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Abarcamos las celebraciones en el marco de dos fechas históricas, 26 de julio fundación y 3 de noviembre primer concierto. Somos música y somos vida, no somos historia ni un evento aislado, somos la respuesta que le dio el país más bello al mundo con amor y hoy celebramos 50 años de hacerlo con excelencia. ¡Por mil años más!

Director Académico
Instituto Nacional de la Música

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