2020, el año que viviremos en peligro

Por Jorge Heine*

2020, el año que viviremos en peligro

Es cierto que estos son procesos de años y que no necesariamente reventarán en 2020. Sin embargo, mi punto es otro. Es la combinación de estos problemas de gobernanza global con tensiones comerciales y tecnológicas en un momento de creciente desprecio por las normas establecidas de conducta internacional, lo que crea este polvorín en el que nos encontramos.

El comienzo de una nueva década conlleva algo alegre, una sensación de pasar la página, de un nuevo amanecer. Sin embargo, este año de la rata , según el calendario chino, trasmite algo distinto, más bien de un negro anochecer, que de otra cosa.

Las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán subrayadas por el asesinato del general Qasem Soleimani en Bagdad, y el derribo de un avión de pasajeros ucraniano sobre Irán, tragedias con que comenzó el año, son las señales más obvias de conflictos variopintos que azotan el mundo.

¿Cuán probable es que exploten? ¿Cuáles son los más álgidos? ¿Es cierto, como muchos dicen, que las cosas empeorarán aún más? Aquí va mi perspectiva sobre lo que nos espera en un año que pinta bravo.

Calentamiento Global : El cambio climático es la cuestión clave de nuestro tiempo . Solo tenemos una pequeña ventana de 12 años de para evitar un catastrófico aumento de dos grados centígrados en la temperatura ambiente. Sin embargo, se está avanzando poco en la reducción de las emisiones globales de carbono. COP25, la conferencia celebrada sobre el tema en Madrid en diciembre, fue un fiasco. Algunos dirían que los incendios forestales que afectan a gran parte de Nueva Gales del Sur y otras provincias de Australia, que han quemado ocho millones de hectáreas y acabado con mil millones de animales, son una sinopsis del infierno en la Tierra que nos espera, como resultado de altas temperaturas , sequías generalizadas y gobiernos negacionistas del cambio climático.

La Segunda Guerra Fría: lejos de disminuir, las tensiones entre los Estados Unidos y China han aumentado en el transcurso de 2019, y muestran pocos signos de disminuir en el nuevo año. Es cierto que se firmó una tregua en la guerra comercial entre ambos países. Pero las tensiones en la guerra tecnológica no han disminuido, y muchos no hacen sino escalar una retórica que se alimenta a sí misma. En un año electoral de los Estados Unidos, es poco probable que esto cambie. El relanzamiento del Comité sobre el Peligro Actual (cuyo nombre lo dice todo), alguna vez centrado en la Unión Soviética, y ahora en China, no es precisamente alentador.

Una OMC que se desmorona: gran parte del crecimiento y la prosperidad que hemos visto en el transcurso de las últimas tres décadas, que ha llevado , entre otras cosas, al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas , incluida la drástica reducción de la pobreza, ha sido impulsada por los altos volúmenes del comercio mundial . Esto se desaceleró después de la crisis financiera 200-2009. Sin embargo, la entidad responsable de este sistema de comercio abierto está en crisis. Las negociaciones de la Ronda de Doha están estancadas desde 2008, lo que paraliza una de las principales funciones de la OMC. Ahora, desde el 10 de diciembre de 2019, su otra función, la de resolver disputas comerciales, tampoco funciona. Su Órgano de Apelación, normalmente compuesto por siete miembros, ahora se ha quedado con sólo uno ( dado que Estados Unidos ha bloqueado nuevos nombramientos), dejándolo sin quórum.

Un Brexit imparable: hasta las recientes elecciones en el Reino Unido, todavía había esperanza de que el Brexit se detuviera de una manera u otra, evitando lo que algunos consideran sería el primer paso hacia la ruptura de Europa. Con la abrumadora mayoría ganada por los conservadores en estas elecciones , y el primer ministro Boris Johnson al timón, esa esperanza desapareció. Durante los próximos años, tanto el Reino Unido como la UE estarán consumidos por las prolongadas negociaciones para que esto suceda. Ello limita las posibilidades de que Europa asuma un papel activo en la política internacional, justo cuando ello es más urgente que nunca.

Un Medio Oriente en llamas: el asesinato sin precedentes del periodista Jamal Khashoggi por parte del gobierno saudí dentro de su propio consulado en Estambul en 2018, indicó el grado al cual todo vale en una región de crisis en crisis. El conflicto sunita-chiita en el mundo musulmán, que refleja la rivalidad geopolítica e ideológica entre Irán y Arabia Saudita, está en pleno apogeo . Siria e Irak se mantienen firmes con Irán; países de mayoría sunita como Egipto lo hacen con los saudíes , y aquellos como el Líbano están atrapados en el medio. La ruptura total del acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán , y las señales de Teherán de que ahora se siente libre de unirse a la carrera nuclear, se suma a una situación ya de por sí volátil.

Es cierto que estos son procesos de años y que no necesariamente reventarán en 2020. Sin embargo, mi punto es otro. Es la combinación de estos problemas de gobernanza global con tensiones comerciales y tecnológicas en un momento de creciente desprecio por las normas establecidas de conducta internacional, lo que crea este polvorín en el que nos encontramos.

Y esto no es por casualidad. Como dijo Antonio Gramsci, “una crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer. En ste interregno aparecen una gran variedad de síntomas mórbidos ”. El mundo unipolar que surgió al final de la Guerra Fría da paso a uno nuevo, marcado por la globalización y la multipolaridad. Ello genera una fuerte resistencia. En buena medida, los movimientos populistas en el mundo desarrollado son una reacción contra el declinar de Occidente y el surgimiento del Sur Global. Su desprecio por las reglas establecidas de conducta internacional es parte de la estrategia con que apela a su base electoral.

Nada de esto hace que la situación sea fácil, al entrar en un año repleto de desafíos. Pero sí pone una gran responsabilidad en los hombros del liderazgo de las potencias emergentes para mantener firme el timón de la gobernanza global.

* Jorge Heine es profesor de relaciones internacionales en la Escuela Pardee de Estudios Globales de la Universidad de Boston. Abogado, cientista político, académico y diplomático chileno. Se desempeñó como ministro de Estado del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994 y 2000) y embajador de Chile en China. Artículo enviado a Other News por el autor y publicado en theclinic.cl

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