2001: Odisea del espacio

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Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

Es una película de culto británica-estadounidense del género ciencia ficción dirigida por Stanley Kubrick y estrenada el 3 de abril de 1968. Marcó un hito por su estilo de comunicación visual, sus revolucionarios efectos especiales, su realismo científico y sus proyecciones vanguardistas. Es en toda regla una obra maestra del séptimo arte. Recuerdo que la estrenaron en 1969 en Costa Rica, y la fui a ver siendo un chiquillo al Cine Variedades. Y les confieso que en ese entonces no entendí ni papa. El tema era tan complicado que hasta daban un hoja tratando de explicar de que se trataba la película, especialmente el final (que aún cuesta entenderlo).

Es una cinta multitemática, que aborda temas como la evolución humana, la tecnología, la inteligencia artificial y la vida extraterrestre. Se caracteriza por un notable realismo científico, por sus revolucionarios efectos especiales, por algunas de sus ambiguas y en algunos casos surrealistas e incluso psicodélicas imágenes. La banda sonora incluye música de Richard Strauss (la introducción de Así habló Zaratustra) que con el tiempo se ha convertido en todo un clásico, Johann Strauss Jr. (El Danubio azul) en una escena en el espacio, rumbo a la luna, que la verdad no pudieron escoger música mejor; la comnbinación es realmente extraordinaria y produce un efecto muy especial cuando se escucha la música con la parte visual. También se incluye música original de György Ligeti y Aram Khatschaturián. La dirección y diseño de los efectos visuales fueron obra de Kubrick, y estuvieron supervisados por Wally Veevers.

Está basada en el cuento El Centinela del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke, que lo revisó y amplió para la película, de la cual fue guionista junto a Kubrick. Posteriormente Clarke escribió una trilogía sobre el tema la cual tuve la oportunidad de leer recientemente (bien larga por cierto), con lo que ¡por fin! logré terminar de entenderla.

La ficha técnica es la siguiente:

Nombre: 2001: Odisea del espacio (2001: A space odyssey)
Año: 1968
País: Gran Bretaña
Duración: 141 min. (versión original 160 min.)
Director: Stanley Kubrick (1928-1999)
Guión: Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke, basado en un relato de Arthur C. Clarke
Director de fotografía: Geoffrey Unswort y John Alcott (tomas adicionales)
Montaje: Ray Lovejoy
Banda sonora: Richard Strauss, Johann Strauss, György Ligeti y Aram Khatschaturián
Producción: Stanley Kubrick para Polaris, Hawk y MGM
Reparto: Keir Dullea (David Bowman), Gary Lockwood (Frank Poole), William Sylvester (Doctor Heywood Floyd), Leonard Rossiter (Smyslov), Daniel Richter (Moonwatcher, líder de los monos), Robert Beatty (Halvorsen), Frank Miller jefe de control de la misión), Margaret Tysack (Elena), Sean Sullivan (Mlchaels) y Bill Weston (astronauta)
Premios de la academia de 1968: Óscar a los mejores efectos especiales (Stanley Kubrick)

Del libro “100 clásicos del cine del siglo XX” tomo la sinopsis de la película:

Una luminosa puerta se abre y succiona la cápsula espacial con su piloto Dave Bowman (Kelr Dullea), que pasa a toda velocidad por un corredor de luz, destellos, puntos, rejas, rayos que fluyen formando continuamente figuras nuevas. Después vuela por encima de abismos con ríos brillantes, a través de una niebla resplandeciente, sobre océanos relucientes. Bowman se retuerce de dolor. Su boca se abre en un grito silencioso. En su ojo abierto bruscamente se reflejan los fuegos artificiales de colores que explotan. Ve lo que todavía nadie ha visto. El viaje acaba de repente en una habitación blanca decorada con muebles antiguos. El astronauta mira fuera de la cápsula. Frente a él hay un hombre de pie con un traje espacial. Es él mismo, algunos años más viejo. Descubre a un hombre canoso comiendo en la mesa: vuelve a ser él mismo. Tira un vaso, que se rompe contra el suelo, y ve a un anciano en la cama: sigue siendo su propia persona. A los pies del lecho se alza el monolito negro y rectangular que Bowman y su nave espacial han traído hasta aquí, más allá de Júpiter. Ahora, en la cama yace un embrión. Renacido como hijo de las estrellas, flota en una bolsa amniótica a través del universo, hacia la Tierra.

La última parte de 2001, una odisea del espacio es una de las grandes maravillas de la historia del cine. Un paso enigmático y visualmente imponente a otra dimensión, en la que el tiempo y el espacio no significan nada. Los célebre efectos especiales a través del corredor de luz, que aumentan aún más su efecto psicodélico con la música contemplativa de György Ligeti, coronan la obra maestra de efectos especiales de Kubrick, creada por él y su equipo de expertos solo con maquetas e iluminación, sin ordenadores. En lo que respecta a su afán de autenticidad y su fuerza visionaria, esta película todavía no ha sido superada. Un monolito del género de ciencia ficción, en el que, sin embargo, cualquier pregunta sobre su sentido rebota en una superficie lisa y negra.

Kubrick describe en tres episodios la creación de nuevas formas de existencia de la existencia misma: la evolución del mono al hombre, el salto de la inteligencia artificial al ser capaz de sentir y el paso de la tercera dimensión a otras. Testigo —o causa— de esas transformaciones es el monolito, que llega de no se sabe dónde y aparece en medio de la sabana entre una tribu de monos. A la sombra de ese monolito, uno de los simios descubre en un hueso un arma. Los monos matan a otros animales, se hacen carnívoros y, gracias a su superioridad técnica, vencen a una tribu rival; es el inicio del sometimiento de la naturaleza, el inicio de la humanidad. Después vienen sucesivos estadios de la evolución: un científico estadounidense viaja a la Luna en misión secreta. Bajo la superficie se ha descubierto un monolito que envía un fuerte resplandor en dirección a Júpiter. Los expertos están seguros: la piedra tallada tiene cuatro millones de años y fue enterrada adrede. La nave espacial Discovery camino a Júpiter. Solo HAL, el ordenador de a bordo, conoce el verdadero motivo de su viaje: buscar vida extraterrestre. Tres miembros de la tripulación están en estado de hibernación, otros dos controlan el vuelo. Cuando HAL, el cerebro electrónico más complicado jamás construido, comete un error, los hombres consideran la posibilidad de desconectarlo. Pero la máquina lucha por su vida y mata a casi todos los tripulantes; solo Bowman puede salvarse y reducir al ordenador. Junto a la nave flota un monolito negro. Bowman prosigue su viaje a Júpiter en una cápsula espacial.

La película resulta algo exigente con el espectador: no sigue un modelo narrativo usual, da saltos excesivos en el tiempo y el espacio. Los personajes, por su parte, son simplemente funcionales, no caracteres. Esta falta de identificación y la perfección técnica y formal hacen que 2001 parezca fría y reservada. Solamente hay diálogos más o menos en una cuarta parte de sus 160 minutos. Kubrlck hace que hablen las imágenes en vez de las palabras.

2001 no supuso tan solo un enorme enriquecimiento del género de ciencia ficción, sino que también marcó nuestra visión del universo: con un Sol resplandeciente, cuyos rayos se reflejan en la nave blanca mientras la cara a la sombra se hunde en un negro profundo; con la estilográfica que flota por la cabina, que se le ha escurrido de la mano a un pasajero dormido en el vuelo hacia la Luna; con el silencio fantasmagórico en el que un astronauta muerto y vestido con su traje espacial amarillo da vueltas para siempre sobre sí mismo por el universo; con la esta­ción espacial redonda que gira sobre su propio eje como una rueda gigante; con el destello azul del planeta Tierra. El universo es un descubrimiento de Stanley Kubrick. Algunos años después, las imágenes de las misiones Apollo mostrarían que las visiones del director eran del todo realistas —por cierto, para gran alivio de este—. Nunca, ni antes ni después, una película ha conseguido transmitir una idea así del infinito.”

Lo único extra que puedo agregar, es que tienen que verla, eso sí, con una mente abierta, como dice la sinopsis no es una película con una narrativa a la que estamos acostumbrados. Pero es lo que llaman los gringos food for thought. Hay una segunda parte 2010: el año que hicimos contacto, que está un poco olvidada, pero que también en muy buena, pero no al nivel de obra maestra que tiene la primera.

HAL 9000, la computadora de la nave, fue toda un a sensación y todavía es mencionada cuando se habla de inteligencia artificial, a pesar de ser de ficción. Sus frases y diálogos con Bowman ya son casi leyenda. Por ejemplo frases como “Lo siento Dave, me temo que no puedo hacer eso” o “Me estoy empleando al máximo, que creo que es a todo lo que puede aspirar una entidad consciente”.

La cinta fue estrenada el 6 de abril de 1968 en el Cinerama Theatre Broadway de la ciudad de Nueva York. En un inicio recibió críticas polarizadas, destacándose sobre todo sus efectos visuales y la abstracción de la trama, lo que los críticos tomaron como uno de los puntos débiles de la película.​ Pero en la actualidad es una de las películas más aclamadas de la cinematografía mundial. En 1991, la película fue considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa” por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry. ​Forma parte además del AFI’s 10 Top 10 en la categoría de ciencia ficción.

 
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