Volver a nuestro ADN…

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo

He de reconocer que quise llamar a este artículo “Volver a la socialdemocracia”, pero temí que con ese titulo lo(a) espantaría a usted como lector(a). Le pido que no se detenga, que continúe la lectura, porque no pretendo aburrir con etiquetas que en la actualidad ya no venden, tan solo intentaré convencerle que la mayoría de los costarricenses traemos en nuestro ADN una particularidad política que nos ha hecho un país exitoso.

Un buen amigo, experto en encuestas, hace algunas semanas me facilitó un estudio con el cual me demostró que más del 86% de los costarricenses ni saben ni les interesa hablar de ideologías. Que lo que desean oír de los políticos son buenas ideas y ver obras, ver un país prospero y justo, como algún día lo fuimos; cuando repartíamos más con una economía más pequeña y artesanal que la de hoy en día. En esa encuesta tan solo un 4,5% declaran ser de izquierda y un poco más del 9% de derecha, inclusive al momento de preguntarles a esos dos grupos -que suman 13,5%- que es ser de uno u otro pensamiento muchos “patinaban” en su respuesta.

El apreciado Estado de Bienestar funcionó porque en su fórmula política mezcló “gotitas” de mercado con “gotitas” de Estado. Ese equilibrio permitió formar un Estado costarricense fuerte y decidido a potenciar la equidad pero con la exigencia de igualdad de oportunidades. Pero en determinado momento algunos empezaron hacer del nuestro un Estado “gordo”, que se hizo lento, pesado e ineficiente; momento que aprovecharon otros para debilitarlo intentando convertirlo en un Estado “flaco” sin fuerza, sin recursos, sin musculo para gobernar y mucho menos con habilidad para repartir con justicia. Así la desigualdad y el debilitamiento del sistema democrático en Costa Rica hizo su aparición.

Lo planteado a mediados del siglo pasado por el economista John Keynes era una fórmula con la misma virtud. Hoy, luego de la crisis del 2007, su propuesta a vuelto a tener vigencia, casi tres décadas después de un festín neoliberal. Con claridad Keynes decía que sí no tenemos una economía en crecimiento no podremos repartir en la sociedad, que esta requiere de un Estado fuerte –no gordo, ni flaco- y bien estructurado que evite que por egoísmo humano los más ricos acumulen en exceso.

Eduard Berstein, a finales del siglo XIX, revisionista y uno de los fundadores de la socialdemocracia, sustentaba sus ideas haciendo hincapié en que efectivamente la vida en sociedad exige justicia y fraternidad entre los ciudadanos. Empero, que no podía ignorarse que el sistema capitalista había demostrado éxito en producción y crecimiento económico, que requería ser complementado con la idea de defensa de la democracia como el mejor sistema para que las capas más humildes de la sociedad tuviesen poder y representantes que corrigieran las desigualdades que se podrían producir para distribuir con justicia y en libertad.

En nuestro país Rodrigo Facio afirmaba en la Constituyente de 1949 que “El Estado queda facultado para impulsar la formación de empresas particulares de interés público, tomando participación económica en ellas, otorgándoles primas y subsidios, únicamente mientras ello sea indispensable para suplir o estimular la iniciativa privada… la intervención estatal la queremos precisamente para fomentar la propiedad privada, no para destruirla”, impresionante lucidez.

Hoy más que nunca el pensamiento socialdemócrata tiene espacio en nuestro espectro político como la mejor alternativa de orientación política, pues solapadamente sigue presente en la mayoría de los costarricenses. Pero los partidos que se definen como tales deben cambiar, el Partido Acción Ciudadana (PAC) debe creer en el mercado y el Partido Liberación Nacional debe volver a creer en el Estado.

El costarricense sin pronunciarlo, a veces sin conciencia de ello y tal vez sin necesidad de fundamentarlo o estructurarlo como una ideología, ve correr por sus venas un ADN socialdemócrata al creer en Estado y mercado. Se queja de los servicios públicos de la CCSS o del ICE, pero no estarían nunca de acuerdo en que desaparezca ninguna de las dos instituciones. Le da espacio a los bancos privados pero su corazón lo tiene en la banca estatal. De igual forma cree en la participación y en la democracia electoral por la que se lucho en 1948, fuente de formación de la democracia más solida de América Latina.

En el equilibrio esta la fórmula correcta de la cantidad de “gotitas” de Estado y de mercado requeridas. La socialdemocracia ofrece ese equilibrio porque es ecléctica, toma lo bueno de uno y de otro, es el sustento de una democracia justa con libertad; y como bien dijo Simón Bolívar “más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”.

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comentarios

2 respuestas a Volver a nuestro ADN…

  1. Rodrigo Redondo 03-07-2012 en 4:03 pm

    Claudio excelente comentario no esperaba menos de vos.

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  2. José L. Desanti M. 04-07-2012 en 11:38 am

    Excelente artículo Claudio! Me parece que hay que seguir insistiendo en ese enfoque para que la gente pueda entender mejor lo que sucede hoy y lo que podemos hacer para sacar adelante este país con el concurso de todos.

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