Vienen los mariachis

Roberto Castro Chaves

Roberto Castro

Ayer al cumplirse 69 años de la reacción del pueblo ante los abusos de un Gobierno desbordado, quiero realizar una somera descripción de hechos que ocurrieron en mi natal San Isidro de San Ramón, a la vista de un niño campesino dotado de una visión inmediata de los acontecimientos que estaban ocurriendo. Lo hago con el propósito de que mis hijos y nietos puedan valorar y comparar la Costa Rica del “pura vida”, con los acontecimientos reales ocurridos en la década de los cuarenta del siglo anterior.

Vienen los mariachis no se trata de un conjunto mexicano, se trata del Ejército Nacional de la época reforzado con trabajadores bananeros, reclutados de emergencia para ampliar el número de efectivos ante la inminente explosión del conflicto armado. Se les denominó mariachis pues como buenos trabajadores bananeros nunca se despojaban de sus sombreros.

San Ramón por ser la cuna de don Pepe y don Chico, representaba un punto estratégico para el gobierno, máxime que don Chico estaba atrincherado con un grupo considerable de combatientes en su Finca La Paz en Piedades Norte.

Los abusos de los mariachis eran notorios; las visitas a las casas de los “ulatistas” se hacían frecuentes y el propósito era sustraer los granos básicos que poseían en las “canoas” familiares, (depósitos de madera donde los guardaban para conservarlos), o estañones de metal y sacos de cabuya con el mismo propósito. Lo mismo ocurría con el dulce de tapa, y en fin con todo lo de valor que encontraban, lo requisaban y lo llevaban al centro de operaciones. Además de los robos que los lugareños denominaban “saqueos”, los abusos del resguardo fiscal eran sorprendentes, recordamos en el parque de San Ramón que un jefe de este cuerpo, que lo apodaban “el tuerto Ulate”, ingresaba en su caballo con tajona en mano agredía a todos los ulatistas conocidos, por el solo hecho de ser contrario al gobierno de turno.

El ejército amedrentaba a la población amenazando con armas de fuego, y se ubicaban en las salidas de calle para los distritos haciendo lo que llamaban “piquetes”, donde registraban a los transeúntes y todas las noches hacían disparos al aire de manera muy nutrida, lo que llamaron “las balaceras”, de tal manera que la población contraria al gobierno, carecía de derechos individuales y sociales.

Mi padre visitó a don Chico en la Paz, con el propósito de que reclutara a todos los varones de la familia Castro, pero don Chico le encomendó, que realizaran otros trabajos que desestabilizaran el funcionamiento del gobierno, pero desde sus propias casas, como por ejemplo cortar las líneas telegráficas para entorpecer las comunicaciones oficiales, trabajo que realizaron a orilla del Río Grande, de tal manera que pudo ser reparado el servició hasta después de concluido el conflicto armado. También lo hicieron en otros sitios. De igual manera actuaron los hermanos Corrales en Naranjo, donde dinamitaron el puente sobre el Río Colorado, pero este trabajo no tuvo el éxito esperado, pues el puente se dañó pero no cedió.

Es importante mencionar entre tantas cosas feas que un mariachi que respetó en lo que valía don Chico, y protegió a doña Marita mientras don chico estuvo en la Paz, y ese señor le decían Lolí Estrada, gesto que don Chico agradeció de por vida.

Entre este estado de cosas el 30 de marzo después del medio día, se oyeron ruidos de motores y mi padre dijo: Vienen los mariachis, y nos pidió que nos escondiéramos porque venían por ellos. Ante esta situación mi madre me tomó de la mano, pero ya los efectivos estaban en casa y le preguntaron dónde estaba papá, y ella ingenuamente volvió su mirada hacia el lugar por donde había partido, a lo que los soldados acudieron y lo miraron quizá a unos cincuenta metros y abrieron fuego contra él. El hombre que lideraba esa soldadesca se llamó Ramón Aguilar y de ese evento guardamos los cartuchos disparados contra mi padre, el que dichosamente salió ileso de ese evento.

Esos acontecimientos tan tristes y penosos los recordamos partiendo del hecho positivo de que el hombre que ideó y cristalizó los acontecimientos que propiciaron el cambio de ese estado de cosas, fue dirigido por don Pepe Figueres y fue él quien desde el momento en que en 1942 fuera detenido y extraditado del país, quien diseñó el modelo de Estado que deseaba para Costa Rica que hoy disfrutamos.

Esas son las razones por las que quienes conocen mi vocación por mejorar cada vez más nuestra democracia, comprendan que no deseo que de manera alguna las generaciones nacidas después de 1950, tengan la desdicha de sufrir acontecimientos como los experimentados antes de 1949. Somos creyentes que para mejorar la democracia como modelo estatal, debemos mejorar la organización y funcionamiento del PLN, para poder llegar a figurar como el Partido ejemplar que fue desde 1951 hasta 1980, y que ahora lo haremos más fuerte, ordenado, democrático y programático, para bien de los liberacionistas en particular y del pueblo costarricense en general.

Abrazo cordial.

Compartir:

Comentar en Facebook

comentarios

Comentar en Cambio Político

Si está interesado en anunciarse en nuestro sitio u obtener más información, por favor utilizar el formulario de la sección de Contáctenos en el menú principal.