Tres realidades que hacen de la vida una razón para vivir

Roberto Castro Chaves

Roberto Castro

No se trata de un romancero sino más bien de un comentario de la vida real, que nos induce a conservar las cosas bellas e insustituibles que tenemos, pero que debemos cuidarlas, pues existe la posibilidad real de perderlas: Las mujeres, las flores y la democracia.

Iniciamos por las mujeres que son los seres humanos que comparten la vida personal y humana, pero que además son el complemento de trabajo y acción, que socialmente conforman aproximadamente la mitad de la población. Este ser humano que es nuestra compañía de viaje en este corto recorrido que significa la vida, es el semejante que tan mezquinamente le hemos sustraído gran parte de sus derechos, para subyugarla de la manera más vil. Este precioso legado que nos dejó el Creador, debemos conservarlo a nuestro lado y brindarle los privilegios que a todos los humanos nos satisfacen; como son el reconocimiento, la lealtad y los derechos que son iguales para todos los que conformamos la raza humana. Esa relación humana no puede ser de discriminación, tiene que ser de igualdad ante la actividad social y de privilegio en la relación personal. Las mujeres símbolo de belleza, sensibilidad y amor, debemos conservarlas como nuestras aliadas de por siempre, sin las cuales no podemos concretar los objetivos primordiales de la vida y mucho menos los proyectos sociales y familiares. La igualdad en los tratos sociales y la preferencia en lo personal, es lo que ellas merecen y son los cuidados que debemos brindarles.

Ubicamos a las flores en segundo lugar pues su belleza solo puede ser igualada por las mujeres, pero nunca podrán competir como complemento de vida, pues aunque estas representan la inspiración en su belleza, solo pueden alimentar el espíritu artístico y creativo, mientras que las mujeres lo logran en todos los campos de la actividad humana. Aparte de la equiparación en su belleza no podemos olvidar que las plantas igual que las mujeres, requieren de un trato distinguido y abnegado, tratamiento que requiere dedicación, respeto y amor.

Pero la vida social no representa una posición contemplativa de la belleza y espiritualidad, la vida en sociedad requiere de la participación decidida de la política, pues hace mucho tiempo superamos el estado natural y lo sustituimos por la vida en común con libertad, donde no sólo debemos pensar en nuestro bienestar, sino en el bienestar de todos los semejantes, que al igual que nosotros, enfrentan necesidades y requerimientos absolutamente necesarios para poder disfrutar de calidad de vida personal y social. Hasta ahora conocemos el mejor sistema de vida política que se encuentra en la organización social y estatal, es el modelo que conocemos como democracia, pero al igual que en los dos casos anteriores, éste requiere de un cuidado especial y una dedicación colectiva y permanente, para que mejore y se mantenga, guardando las condiciones deseadas.

La vida en democracia cuenta con un enemigo natural, al que no observamos y no corregimos por cuanto lo vemos como parte normal de su funcionamiento propio. Nos referimos a que en el desarrollo democrático todas las disfunciones se llegan a observar como algo “normal” y por consiguiente las disfunciones políticas y sociales no son sometidas a corrección por cuanto optamos por el camino más fácil, antes que buscar soluciones que tienden a provocar conflicto, las dejamos pasar. En la Administración Pública observamos un desbordamiento salarial y de pensiones, para señalar únicamente la retribución laboral, que de previo estaba previsto, por cuanto la creación del Servicio Civil en los términos que está pensado, era temporal y así se quedó, a pesar de la consolidación estatal y los nuevos requerimientos en la administración de sus recursos humanos.

Los partidos políticos tal y como establece la Constitución y la ley, deben contar con una organización y un funcionamiento democráticos, pero en la realidad están muy lejos de serlo, pero el TSE está más preocupado por destacar una imagen internacional, no se ha preocupado por solucionar este problema, siendo un asunto medular para la democracia costarricense, donde los electores pierden fe en el sistema y lo demuestran con la falta de interés en lo político, hasta llegar al grado de repudiarlo, y en igual medida al sistema.

Claro está que el problema no lo generan totalmente los partidos, que son el elemento fundamental para la operación democrática, pero si en su mayor grado. Pero así seguimos destrozando nuestro querido modelo, esperando que no sepamos quien pueda corregir esos errores, cuando somos nosotros los llamados a hacerlo. Recordamos que la convulsión política de los años cuarentas del siglo anterior, se originó en tres aspectos medulares; la corrupción económica y financiera que impactó la Administración Pública, la violación de los principios elementales en los procesos electorales y los abusos en la Asamblea Legislativa y el Gobierno. Hoy estamos en frente de un proceso corruptivo tendiente a superar la tolerancia del pueblo y una cantidad de incumplimientos de los derechos electorales básicos a los electores, como el derecho a elegir y ser electos y la igualdad ciudadana, además de los abusos que comete el TSE y la Corte Suprema.

Pensamos que si no nos preocupamos por corregir las disfunciones políticas, económicas y sociales, además de entrar de frente a los desvaríos estatales, estamos prontos a perder nuestro modelo democrático, que tanta sangre y sacrificio costó en años pasados. O nos preocupamos y actuamos para fortalecer y modernizar nuestro sistema democrático o lo perdemos. No podemos llegar a esa situación por ser displicentes y no actuar como debemos para conservar lo que tanto añoramos y necesitamos.

Abrazo cordial

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