Tópicos: Sueños de Alianza, fracaso del multipartidismo
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo
Muchos confunden gobernabilidad con gobernanza, a la primera la hacen culpable de todos los problemas de gestión del Gobierno, entendido este correctamente como el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Los problemas de coordinación y ejecución administrativa gubernamental son un asunto de gobernanza. Mientras tanto los problemas de acuerdo y decisiones políticas son un asunto de gobernabilidad, que termina afectando las posibilidades de desarrollo y de transformación en positivo de una nación. Cuando hay ingobernabilidad es porque los actores políticos y sociales no encuentran escenarios, ni instituciones, ni temas, ni lideres que los orienten para ponerse de acuerdo sobre los asuntos importantes.
Cuando el Partido Unidad Socialcristiana (PUSC) entró en crisis por cuestionamiento a dos de sus expresidentes, y el Partido Liberación Nacional por uno, tres hombres que curiosamente gobernaron en forma consecutiva y que con acciones negativas evidentes golpearon aún más la credibilidad de nuestros políticos, que ya venía en decadencia, fue el momento preciso en que se generó una crisis política que concluyó en un multipartidismo que hoy promueve una crisis mayor.
Recordemos que a inició del milenio no solamente se generó la descomposición del PUSC sino también la del PLN, pues de este último emigró un grupo de dirigentes que conformó el Partido Acción Ciudadana (PAC), una “costilla” que produjo otro movimiento. Sin dinero, pero con mística, el PAC creó un verdadero partido político e ilusionó con la posibilidad de una nueva versión del bipartidismo, pero su propio fundador terminó castigándolo a no crecer. En el caso del PLN su desintegración no fue mayor porque el exPresidente y Premio Nobel Oscar Arias lo evitó con su candidatura para un segundo período presidencial, al él le debe el liberacionismo su vigencia como partido político.
Fueron muchos los que pensaron que la actual cantidad de agrupaciones significaría mayor democracia y que con ello se fortalecería. El tiempo ha venido a demostrar que el multipartidismo no solamente empantano la discusión, sino que también atrofió los acuerdos políticos sobre los asuntos que realmente son importantes. Así se deterioró la posibilidad de crecimiento del país, algo que ya se había iniciado con la pérdida de rumbo que padecían el PLN y el PUSC durante los años 90.
La alianza que requiere el país es por un proyecto en común, con divergencias de criterio y con ajustes para sumar adeptos, pero que se caracterice por tomar decisiones y por definir políticas publicas acertadas, sin politiquería. Una alianza de ciudadanos que vuelvan a encarrilar a un país que tenía un derrotero claro y sustentado en la equidad y que solo nos lo puede devolver la igualdad de oportunidades, con el esfuerzo particular y la convicción nacional.
La Alianza Opositora planteada desde nuestra Asamblea Legislativa se caracteriza por ser disímil en objetivos, en ideologías y en proyectos. Dos asuntos los alientan para sostenerse como “unidad”, su interés de oponerse a la posibilidad de un tercer gobierno consecutivo del PLN -cada vez más cerca- y la intemperancia de sus acciones. Entendido esto último como esa incapacidad de cambiar de opinión ante ideas importantes, de evitan ser persuadidos a toda costa, tan solo por no reconocer una buena idea en su adversario lo cual no les permite visualizarse con vocación de gobierno ante el ciudadano.
Esta Alianza no es ni por asomo aquel proyecto de 1977 que se llamó Unidad, que luego de concretarse fue a una convención con figuras reconocidas y distinguidas, que terminó promoviendo a don Rodrigo Carazo como candidato y quien ganaría posteriormente las elecciones de 1978. Coalición que dio origen al PUSC, que ganó tres elecciones más y que en algún momento superó en seguidores al PLN.
Sin aceptarlo abiertamente los costarricenses queremos nuevamente un sistema de bipartidismo, que no necesariamente tienen que ser PLN-PUSC, que tendría la gran meta de tener dos partidos fuertes y con proyecto, que a lo interno sumen a las minorías y les den representación, que permitan la lucha interna y las convenciones para escoger a sus candidatos. Que muestre discusión y diferencias a lo interno, pero que tengan claro un horizonte mejor para todos los costarricenses. Que puedan coincidir en lo sustancial y que dejen de lado la intemperancia en sus posiciones, que tengan la concepción de W. Wilson cuando dijo: “Yo concibo la política como la ciencia del progreso ordenado de la sociedad”.




En las fuerzas armadas dicen cuando hay orden y contraorden el resultado es el desorden.
Por la razón o la fuerza. A quienes quieren seguir ese lema chileno. Estamos en Costa Rica, donde el diálogo serio y la razón pura nos pueden llevar al progreso, amén de otras cosas. Hace años se dialoga con el yo tengo la razón y Usted no. Usted está equivocado, Usted no sabe razonar lo que dió origen a la clase política que hoy nos gobierna. Es una clase politiquera, mediocre, egoísta y con intereses propios la cual sólo quiere su beneficio propio. Que no nos vaya a pasar lo que ocurrió en Ecuador, con un tipo llamado Adalh Bucaram Ortiz, que era un loco que llegó al poder por medio de una elección. Siento que el pueblo ecuatoriano lo eligió como protesta. El resto de la historia ya la sabemos todos.
Saludos
Respeto y concuerdo con el análisis de mi amigo Claudio, pero difiero en que los costarricenses “queremos” un bipartidismo…De los ejemplos centroamericanos Costa Rica es la que ha mantenido una mayor capacidad de negociación, diálogo, búsqueda de consensos SIEMPRE entre los múltiples y variados actores que se manifiestan electoralmente en partidos políticos…esta es la raíz democrática que estamos perdiendo. Ante la crisis del bipartidismo, debida a la crisis de la democracia representativa y la moral de los líderes…durante la primera mitad del siglo pasado eran las “argollas”…afirmemos que el mulltipartidismo es mejor, precisamente para lograr un mejor gobierno a través de las alianzas. ¿Acaso la toma de los partidos por cuatro familias no ha demostrado el fracaso de la gobernanza y la goberanbilidad? Busquemos el buen gobierno a través de una democracia de las organizaciones sociales y no de vetustos caparazones partidarias.