Tópicos: Por una política sin calamares
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo
Las limitaciones que padecen algunos dirigentes políticos de nuestro país, por su incapacidad de generar ideas y con ello la esperanza de un futuro mejor, para dejar atrás tanta indignación, los hace comportarse como “calamares” políticos. Caracterizados principalmente por su impotencia de luchar con armas nobles, igual que esos animalitos marinos, expulsan una tinta negra para ensuciar las “aguas” de las propuestas cuando se sienten en peligro.
Existen políticos costarricenses que por sus falencias para enfrentar las discusiones por el fondo y de ceder en los temas que le urgen al país, evitan desarrollar una lucha política limpia, que es imperativa en nuestra sociedad para recuperar la credibilidad en ellos. Se concentran más en los errores humanos –muchas veces inventados- y en escudriñar las vidas privadas de sus adversarios, con la ilusión de ensuciar su honor; su falta de preparación y de propuestas los hace creer que ésta es la única forma de ganar elecciones y batallas políticas. Igual que los calamares, estos malos políticos tienen varios corazones y tentáculos, y la posibilidad de camuflarse para no ser identificados en sus patrañas.
Es imperativo que la discusión en nuestro país vuelva a los graves temas que por mucho tiempo hemos dejado de abordar; ha estado más concentrada en una lucha encarnizada del poder para figurar, que en el poder para trascender en la política nacional. Es injusto que con frecuencia se utilice la frase de “políticos tradicionales” para referirse a la necesidad de un cambio en la dirigencia política actual, puesto que una sencilla interpretación de la palabra tradicional nos refiere a valores, creencias, costumbres y acciones reconocidas en la historia de una comunidad. La comunidad de políticos que ha caracterizado a Costa Rica en casi dos siglos de independencia esta colmada de hombres y mujeres extraordinarias, que hicieron de nuestro país algo diferente y exitoso, esa siempre ha sido nuestra tradición, no la mezquindad.
Los políticos que los costarricenses repelen en las últimas décadas no son políticos tradicionales, son políticos de excepción en nuestra historia. Lo que sucedió fue que nuestros partidos políticos perdieron la vitalidad y la capacidad de renovar a sus dirigentes, y dejaron las puertas abiertas a la corrupción y a la mediocridad.
Junto a esos truhanees, con irresponsabilidad pasmosa, están otros oportunistas que se apropiaron de la bandera de la honestidad como propia y única, intentando vender a los ciudadanos la premisa de que la política es una disciplina corrupta y solo para corruptos. Han creído que esta es la fórmula para llevar seguidores a sus huestes, ensucian así las “aguas” de la misma forma que lo hacen los calamares al sentir peligro. Empero, tanto unos como otros, han provocado el efecto contrario al ahuyentar a las buenas personas de una participación que es urgente para los cambios esperados con ansías por los ciudadanos.
Sí los calamares tienen un pico afilado, estos pseudo-políticos tienen una “boca afilada” que no mide mentiras e improperios, como si en política todo se valiera; e igual que aquel molusco se caracterizan por ser carnívoros, puesto que no les importa “devorar y denigrar” a sus semejantes sin razón alguna.
En días pasados, tuve la oportunidad de leer un artículo del exministro de la Presidencia, Rodrigo Arias Sánchez, titulado La verdad no se extingue, que me devuelve la ilusión de que los políticos costarricenses hagan un punto de inflexión en sus aspiraciones. En esas líneas Arias propone olvidarse de la política que sustituye “las ideas por las ofensas, los argumentos con insultos y el respeto con engaños”; y coincido con él en cuanto a que ese es un desafío ético clave de la política costarricense. Es necesario acabar con los calamares políticos que no pueden luchar con dignidad en aguas limpias, y tan solo tienen como estrategia ensuciar las “aguas” de las discusiones importantes. Sin embargo, es una lucha dura y constante, puesto que los movimientos de estos “calamares” son rápidos y abundantes en los mares de la política, con un problema mayor, a diferencia de los animalitos marinos que viven por uno o dos años, aquellos otros se mantienen vigentes por décadas.


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El consejo es bueno para cualquier pais -
El artículo es sobrio, claro y genial, hace que sea de lectura obligatoria para quienes creemos que se pueden quitar a mediocres e incapaces de la política costarricense.