Tópicos: Enroque en el Poder Ejecutivo

Claudio Alpízar Otoya
Politólogo

Recientemente se dio otro remezón en nuestro Poder Ejecutivo luego de renunciar la Ministra de Planificación y Política Económica, Laura Alfaro. Ministerio que lastimosamente, desde hace varias décadas, no representa ni tiene el protagonismo que exige la planificación en cualquier actividad; así sobrevive, sin fuerza y sin poder de influencia en las decisiones de gobierno.

Lo interesante de la renuncia de la Ministra Alfaro, es que permitió a la Presidente Chinchilla hacer una especie de enroque –jugada de ajedrez que permite mover dos piezas a la vez- con el Diputado Francisco Chacón y con el Ministro de Información Roberto Gallardo, así paso al primero a asumir el “no existente” Ministerio de Información y al segundo el “menospreciado” MIDEPLAN.

No hay duda que la comunicación política de la actual administración no es su mayor virtud, ni mucho menos. Fue un enroque obligado que se veía venir hace meses, pues no podía la Presidente seguir con ese “inédito” desconcierto. Fue la oportunidad para que don Francisco Chacón, un hombre capaz pero poco paciente para soportar los tiempos y las formas atípicas, de poca ejecutividad, con que se mueve la Asamblea Legislativa, cambiara de ambiente. Estar en nuestro parlamento no solo requiere habilidades políticas, sino además, una alta dosis de tolerancia para soportar las divergencias de ideas y de “no ideas”, esto último para decirlo con elegancia.

Sin embargo, el ministro que por ley tiene la tarea de coordinación y comunicación política en el Poder Ejecutivo es el Ministro de la Presidencia. Encargado de esa labor desde su creación en diciembre de 1961, cuando se creyó oportuno contar con un ministerio que descongestionará políticamente al Presidente de la República, para dejar a la máxima figura del Poder Ejecutivo en un papel de Jefe de Estado. El Ministro de la Presidencia pasó prácticamente a ser un Jefe de Gobierno, puesto que legalmente es quien preside la organización política y administrativa de ese órgano.

El caso más reciente -no el único- de un Ministro de la Presidencia que comprendió su función a plenitud fue en la Administración 2006-2010 con el ex ministro Rodrigo Arias. Inclusive el Ejecutivo de aquella época no requirió de Ministro de Información, y cuando llegó –dos años después- se dio más porque la entonces diputada Magi Antillón también se canso del parlamento y le dieron como bálsamo ir al Ejecutivo. Su gestión paso desapercibida pues el Ministro Arias siguió haciendo todas las funciones de comunicación política y de coordinación con los diversos actores sociales y políticos.

No es prudente ni oportuno una función de coordinación y comunicación bicéfala en el Poder Ejecutivo, puesto que eso podría traer muchas más contradicciones a una Administración que ha tenido en esto su “talón de Aquiles”. El actual Ministro de la Presidencia, Carlos Ricardo Benavidez, y el nuevo Ministro de Información, Francisco Chacón, están obligados a una buena delimitación de sus funciones.

El Ministerio de Información taxativamente no existe en la Ley General de la Administración Pública, es un ministerio sin cartera, sin ley que le defina funciones, organización y marco de acción, amparado a un decreto que a veces se aplica y en otras ocasiones se ignora. Por ejemplo, en la Casa Blanca en Washington no existe un Secretario de Información -los secretarios son los pares de lo ministros en nuestro país- sino un Portavoz o Jefe de Prensa que se encarga de dar los mensajes oficiales, es un puesto que normalmente le compete a un periodista reconocido que asesora en el manejo de la información.

Ahora bien, Benavidez y Chacón son dos funcionarios capaces e inteligentes que a lo mejor pueden orientar en este “segundo tiempo” a la Administración Chinchilla Miranda, la cual esta en “jaque” ante la opinión pública. Pero para ser “Jefe de Gobierno” y ayudar a evitar un “jaque mate con dos alfiles”, el Ministerio de la Presidencia no solamente requiere la formalidad del cargo asignado, sino el empoderamiento y el respeto como tal de quien preside el país. Sumado al ingrediente de un liderazgo reconocido y respetado por los miembros del gabinete de turno. Bobby Fischer alguna vez dijo, “Lo importante en el ajedrez son los buenos movimientos”, algo que ambos Ministros deberán tener en cuenta.

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