Se quemó el más bello y antiguo tesoro arquitectónico de la Zona de los Santos

Camilo Rodríguez Chaverri

NNo hice otra cosa que llorar. Llorar con los ojos y con los codos, que empezaron a dolerme. Llorar con las rodillas y con las manos.

Me senté en la sala de mi casa, este domingo a las seis de la mañana y me puse a llorar con la mano que escribe.

Se quemó o quemaron (no sé) uno de los templos más hermosos de Costa Rica, el templo de Copey de Dota.

Empecé a tomar fotos de iglesias el 19 de diciembre del año 2006. Ese día fotografié cuatro templos en la Zona de los Santos: los templos de San Marcos de Tarrazú, San Pablo de León Cortés, Santa María de Dota y este templo de Copey de Dota.

Tengo afición por la belleza. Y entre las regiones más bonitas de Costa Rica está La Zona de los Santos. Durante un curso que impartí, pregunté si alguien conocía esa zona y ninguno de mis estudiantes de ese momento conocía.

Convencí a mi jefa en Ese trabajo para que hiciéramos una gira. Este artículo servirá de reconocimiento mío para ella.

Ese día, yo iba con un grupo de trabajadores de una gran cantidad de empresas, quienes eran mis estudiantes de ese curso, y con la economista Martha Castillo Díaz, quien fue directora de la Cámara de Industrias, mi jefa ahí y alguien que me apoyó muchísimo. Íbamos a visitar a don Efraín Chacón, fundador de San Gerardo de Dota, y a un emprendedor empresarial de San Marcos de Tarrazú, dueño de una ferretería.

Le pedí a la señorita Castillo Díaz que me permitiera detenerme en Santa María para fotografiar el templo y que nos desviáramos para ir a San Pablo y a Copey.

Ese 19 de diciembre, el templo de Copey fue el cuarto que fotografié. Nunca antes había fotografiado templos. De camino iba explicándoles a los trabajadores (quienes recibían conmigo formación en temas propios de mi carrera) por qué era que quería recorrer todo Costa Rica fotografiando templos.

Veía en sus caras, dudas sobre el tema. Yo les decía que iba a recorrer todos los templos católicos de Costa Rica y lo único que recibía de vuelta era gestos que me mostraban que nadie me creía, o peor aún, que creían que yo estaba loco.

Pero cuando llegamos al templo de Copey, ese 19 de diciembre del año 2006, al atardecer, Dios estaba esperándonos vestido de templo. Todos los trabajadores que me acompañaban se bajaron de la buseta en que íbamos y empezaron a tomarse fotos con el templo de fondo. Yo veía en ellos el asombro ante la belleza. Ahí confirmé mi tesis de que lo más hermoso de los pueblos de Costa Rica son sus templos.

Bajan lágrimas por mis mejillas mientras escribo esto un domingo a las seis de la mañana, sólo unas horas después de que ese templo precioso, que era como un rey vestido de amarillo en el paisaje de ese pueblo tan bonito, fuera consumido por las llamas.

Espero que haya sido fruto del abandono y la vejez del templo, y que no haya mano criminal.

Escribí que si hay mano criminal, se quemará su dueño el fondillo en el infierno. Pero después lo taché en la libreta en que escribí a mano esto que comparto con usted.

Si hubo mano criminal, que Dios perdone a quien tuvo la insensibilidad de echarle fuego a uno de los edificios más bellos, a uno de los inmuebles más bellos y antiguos de Costa Rica, al gran emblema arquitectónico de la Zona de los Santos y el primer templo donde constaté el asombro y la admiración de la gente, ese 19 de diciembre del año 2006 en que inició esta locura mía que no termina. Para ser feliz hay que estar loco. Yo soy mi loco favorito.

Sé que Dios no necesitará de los planos para construir de nuevo este templo y que en algún rincón del cielo el templo de Copey estará de nuevo reluciente y luminoso.

Que descanse en el cielo el templo de Copey de Dota, y que toda la gente buena de ese paraíso en pequeño que es La Zona de los Santos llore conmigo.

Por supuesto que me fui para allá hoy mismo, a sentarme sobre sus cenizas, a acompañarlo en silencio, a sentir el espíritu del templo abrazarme con el viento. Iré como quien va a enterrar a un amigo. Pero si alguien sabe que hubo mano criminal y me ve rondando por ahí, que no me diga, por favor, quién fue porque voy a tener muchas ganas de agarrarlo a patadas.

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