¿Qué nos pasa?

Luis Alvarez

Luis Álvarez

Si se hace una revisión de la historia de Costa Rica, éste ha sido un país que desde sus albores ha buscado la superación y se ha distinguido por legislar de una forma u otra, para mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos.

Los gobiernos liberales, y sectores de la sociedad de la segunda mitad del siglo XIX pujaron por el progreso: la construcción del ferrocarril al Caribe, iluminación pública en la Ciudad de San José (tercera ciudad en el mundo luego de París y Nueva York), fundación de la Universidad de Santo Tomás, Hospital San Juan de Dios, entre otros ejemplos, son muestra de ello. Incluso se llegó a luchar por el rescate de la patria en la campaña de 1856, venciendo a los filbusteros de aquel entonces.

En el siglo XX, surgieron movimientos sociales con el General Volio, con la visión social del Dr. Calderón Guardia, y la legislación aprobada durante su administración: Código de Trabajo, CCSS, fundación de la UCR, el programa de las “casas baratas”, y con el impulso que luego le diera a esas reformas el don José Figueres Ferrer, también un gran visionario. Seguimos sumando y dimos forma a una sociedad que diferenció a esta nación del resto de los países latinoamericanos, lográndose índices de desarrollo que han sido reconocidos en el mundo como excepcionales para un país en vías de desarrollo.

Construimos un sistema con mucha credibilidad y apoyo, una sociedad solidaria, respaldada por las garantías sociales plasmadas en la Constitución Política, y la diversa legislación que se dictó a lo largo de los años durante diversas administraciones.

Sin embargo, esa sociedad de una amplia clase media ha venido sufriendo una serie de cambios que están sumiendo al país en una situación muy tirante. Hay mucha puja social que se ha ido incrementando a como se adentra el nuevo siglo y la desigualdad, reflejado en un desempleo que se incrementa, a pesar del crecimiento de la economía, y que marca cada vez más distancia entre los segmentos sociales de quienes más y menos tienen, aunado a una nada conveniente reducción de la clase media.

Aquel estado bondadoso, constructor y benefactor, ha ido quedando atrás y hoy se nos presenta totalmente desfigurado, transformado en un ente ajeno a la realidad en la que nos educaron y a la que aspiramos para mejorar como sociedad. Hay un fuerte repudio, grave creo yo, al rumbo que la sociedad siente que el gobierno, como ente rector, está dando a la nación, aunado a una creciente, y casi imparable, ola de denuncias de malos manejos de la cosa pública.
Actos de corrupción que nos empañan la realidad nacional, que trasciende al sector privado, pues no hay corrupto sin corruptores. Solo este aspecto es suficiente para llevar a Costa Rica a un pesimismo generalizado, que puede ser peligroso.

Hemos visto como, luego de los escándalos CAJA-FISCHEL/ALCATEL, que todavía hoy tienen eco en la sociedad, de forma constante e in crecendo, las denuncias surgen sin parar: se esfumaron los fondos para erradicar tugurios donados por Taiwan, en unas asesorías y una maqueta; hemos sido testigos de cómo en sentencia se anula una concesión para extraer el oro, con decreto de declaratoria de interés nacional incluido, donde se violó diversa normativa; una concesión para construir la ruta 27, cuyas falencias nos saltan a la cara a diario; viajes en avioneta de funcionarios, e incluso particulares no autorizados; donaciones del BCIE utilizadas para pagar partidas supérfluas; fondos manejados con una lógica que no aplica ni a una pulpería; partidos políticos de todo color y tamaño con manejos dudosos en las finanzas de la última campaña electoral; una puente, una platina y un hueco que dejan por el suelo la buena reputación de quienes ejercen la ingeniería civil y de quienes deben supervisar el mantenimiento de las carreteras; un incremento en las asesorías y consultorías pagadas por el estado, algunas teñidas por posibles actos cuestionables, y que además hacen surgir una pregunta: ¿Cuál es la razón de ser de los funcionarios que prestan sus servicios al estado?; y pudiendo nombrar varios ejemplos más, termino con la danza de miles de millones de colones mal utilizados en abrir una trocha de un costo excesivo, para el resultado de lo hecho al momento, incluyendo la “construcción” de puentes que hasta a los ingenieros de hace dos mil años en Roma les hubiera provocado asombro, y por que no, risa de las técnicas utilizadas.

Frente a todo ese triste panorama presenciamos un Fiscal General que sale a los medios a solicitar ayuda, incremento en su presupuesto pues necesita más personal ante la avalancha de casos de corrupción que han saturado el sistema, hecho sin parangón en la historia, y para agravar esa realidad tenemos un ejecutivo sin credibilidad, débil, sin rumbo, que parece estar improvisando cada día como apagar los diferentes fuegos que saltan por todo lado, obviar escándalos, y divorciado de la realidad que perciben los ciudadanos.

No soy pesimista, soy optimista por naturaleza, sin embargo me preocupa mucho el anquilosamiento del estado, así como la falta de capacidad de respuesta de las instituciones y los funcionarios, y el deterioro que está sufriendo la credibilidad del sistema.

Estamos llegando a una encrucijada donde en cualqueir momento puede aparecer un “lider popular” que se gane la simpatía de las masas, como han surgido en otros países de América Latina, y los resultados de esos experimentos hasta la fecha no han sido nada alagüeños: O pronto nos reecontramos como nación y rectificamos, o nos podemos enrumbar a un precipicio y cuando nos demos cuenta que debemos reaccionar, puede ser demasiado tarde.

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comentarios

2 respuestas a ¿Qué nos pasa?

  1. Fernando Bermudez 26-07-2012 en 6:28 pm

    Totalmente de acuerdo, además de todos los logros históricos que mencionas, recuerdo como Costa Rica era uno de los países punteros en tecnología y el uso de redes e internet a principios de los 90′s dentro del ranking latinoamericano,  pero por el mismo estancamiento político, paternalismo de las instituciones y muchas opiniones de jerarcas que se quedaron en el pasado, vimos como México, Argentina, Brasil nos empezaban a dejar atrás, relegandonos con el tiempo a medianas posiciones… lástimosamente es un espejo que proyecta como los ticos nos hemos convertido en personas conformistas y muy apegadas a nuestros áreas de confort sin ninguna motivación y sin el empuje que alguna vez tuvimos.

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  2. Cascanteana34 27-07-2012 en 2:45 pm

    Tan cierto como preocupante a la vez.

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