¿Qué es lo que queremos?

José Calvo

José Calvo

Tuve recientemente una experiencia desagradable que me llevo a un examen de conciencia sobre mi circunstancia, que trataré de clasificar en tres aspectos: la escribidera, la edad, y la honradez.

La escribidera: Yo no lo hago por proselitismo político, ni juzgo mi éxito por el número de lectores: Lo hago para mi, y se que tengo solo un grupito de gente interesada en mis opiniones. Es un sustituto del arte desaparecido de la conversación. Pero ese grupito es mucho más valioso que miles de lectores que solo pueden decir “me gusta”, (se dice en inglés, like it). Y por mi falta de vocación política no tendré nunca admiradores correligionarios, ni los quiero. Respecto a la política, siento que el problema real de la humanidad es que hemos terminado por querer todos la misma cosa: “la moto, el Hyundai, y el BMW”. La diferencia es que unos piensan que eso se debe obtener de una manera, y otros de otra, pero todos quieren lo mismo, y eso es lo que promete el mercado.

Lo que no se ve por ninguna parte es la realización de que eso no se puede obtener. De que ese es un objetivo imposible. Cuando los muchachos protestan en España o en Grecia por la austeridad a que los someten los gobiernos para restablecer el equilibrio fiscal y el empleo, son incapaces de articular una propuesta diferente, porque todos quieren tener riqueza, y el que promete la riqueza es el mercado. Lo necesario para ellos es restablecer el dominio del mercado que esta naufragando, y creen que eso se puede lograr no saliéndose del euro, y no acabando con el gobierno de derecha que lo promete. Por eso creen en la sostenibilidad del paradigma.

La solución sería cambiar nuestra concepción del propósito de la vida, porque el propósito universal ahora es llegar a tener una moto, un Hyundai, o un BMW, y para eso hay que tener un paradigma de mercado; ahora pintado de verde y con el agua del mar al pescuezo. No es razonable que uno haga las mismas cosas que critica a los demás, pero es común. El informe de la patrulla ambiental de Pogo decía: “Hemos hecho contacto con el enemigo, y somos nosotros”

El problema es que ahora el propósito de la vida es el consumo, y eso es lo que promete el mercado. Por eso es que defienden el desarrollo sostenible, que es en realidad una contradicción de términos, un oximorón. Pero ¿quién va a estar contento con la posibilidad de una vida contemplativa, o en contacto con una naturaleza cuya explotación es necesaria para poder tener la moto, el Hyundai, o el BMW? O el I pod, o el celular inteligente que supla lo que nos falta; o la mansión. Lo que en realidad queremos es, como dicen los gringos, “comernos el pastel y tenerlo”

Si uno dice que quiere otro paradigma entonces hay que ser consistentes con eso y no proponer la conducta del mercado, que es crecer y tener más. Y hay que admitir que más no es necesariamente mejor. Lo que nos debería importar es la calidad y no la cantidad. En los EE.UU. probaban los nuevos programas de la tele durante el verano, y dependiendo de la calificación que obtenían en los Nilssen ratings, se continuaban o se rechazaban. Yo estaba felíz un verano con The Rogues, en que actuaban Humprey Boggart o Charles Boyer, David Niven, y William Bendix, pero lo que a la gente le gustó fue La Isla de Guilligan, que estuvo en la tele por varias décadas, y que era una porquería. The Rogues no calificó. El mercado no lo quería. ¿Queremos acaso convertir a la cosa nuestra en una isla de Gilligan?

Puedo pensar en montones de bienes y servicios en los que terminamos por consumir bazofia por seguir el mandato del mercado. A Stradivarius nunca le preocupó vender el mayor número de violines, como el mercado de ahora demandaría, sino hacerlos bien hechos. Y hay bienes y servicios que solo se pueden mantener caros y apreciados si se limita la oferta: como el champán y los diamantes, donde De Beers compra cualquier hallazgo para evitar que lleguen al mercado y subir el precio. Es mucho mejor tener unos pocos lectores buenos que una multitud que solo puede decir “me gusta”; lo que si es necesario si uno está vendiendo electrodomésticos. Pero si lo que se quiere es un cambio, es mejor proponer una alternativa en vez de más de lo mismo, y las hay.

La vejez: Y si se trata de tener que pelear el lugar bajo el sol, hay que recordar, o saber, que mientras Hitler murió a los 60, Churchill, Roosevelt, y Stalin casi murieron de viejos en el poder, como Mao, como Franco, como der alte Adenhauer, o como Bismark, sustituido por el jovenzuelo inepto del Kaiser. El apu Pizarro tenía más de 70.

He oído frecuentemente la aseveración de que el mundo de ahora es de los jóvenes, y que los viejos “ya jugaron”, lo que es tan antibiótico como la exclusión de “género”. Presencié recientemente cómo un cincuentón que está a la vuelta de la esquina de la ancianidad, manifestó su desaprobación a la presencia de viejos en no se qué cosa, haciendo trencito para remedarlos, y diciendo que deberían estar en el asilo. Ese cincuentón se hizo el que no me conocía, (lo que llamábamos, “hacete, hacete”, y barrió la “industria del entretenimiento”). El intuye que yo desapruebo la posición que logró, por su extracción aristocrática, en el manejo de un proyecto ambiental que alivia la conciencia industrial de quien lo paga, y derivará ahora en economía verde; por lo menos hasta que se inunde Nueva York. Igual que solo se abandonará el credo de la importación de los alimentos cuando empecemos a sentir el hambre. La complacencia farisea en que Costa Rica supera los estándares de Río+20 es muy indicativa, porque esos estándares son una farsa impuesta por el mercado. Estos quieren la sabiduría en el asilo, y nos restriegan en cambio su mediocridad.

No le prestarían atención a un viejo si les estuviera dando la fórmula de la eterna juventud, porque piensan que ya jugó y ahora está jugando off side, y solo les interesa su bienestar y los asuntos del campanario. Es patético. Y reclaman sensibilidad social viviendo en un condominio Vi en una comitiva diputadil tica parecida a una excursión de colegiales que acompañé a Nueva Zelanda, cómo se burlaban de un hombre mayor que iba con ellos, y que era demostrablemente muy superior a todos, aunque no los menospreciaba por eso, pues eran sus pares. Y para que aprendamos también vi cuando fui al INCAE, a un viejito que fue muy importante en nuestro desarrollo industrial, respetado y reverenciado allí por la derecha.”.

Cuando hablemos de las personas no hay que pensar que los viejos “ya jugaron” sino que la vida es un pestañeo, y que mientras Dios nos tenga aquí estamos jugando, y que el mundo necesita ese juego. Un viejo inteligente y culto es un tesoro; “un ciudadano de oro”. Lamento no haber conversado más con mi papá, y cuando yo era un muchacho, y habría dado cualquier cosa por alternar con Bertrand Russell o con Bernard Shaw, o con Einstein. Cualquier universidad hubiera deseado tenerlos en su staff aunque ya eran ancianos

Pero estamos ahora en un mundo de jóvenes superficiales que menosprecian a los viejos, y esta pueda ser una razón de que todo ande a manga por hombro. “¿Dónde fue que combatió usted” me dijo una vez un muchacho, “¿en la primera guerra mundial?”. No, le dije “Yo estuve en Moscú con Napoleón” y él lo aceptó como verdad. Y nadie que vio el concierto de los Beatles de la Orquesta Filarmónica (donde lo único malo fue el plug publicitario del turismo médico), puede estar de acuerdo en que son cosa del pasado. Recuerdo que oyendo a los Beatles otro muchacho me preguntó si esa era la música que bailábamos “en mi tiempo”, y tuve que decirle que cuando los Beatles salieron yo ya no bailaba. Pero seguía pensando. ¿Es acaso que por mi edad lo que yo diga son tonterías que no valen la pena? Pues yo digo que no, y al igual que un sindicalista que comparaba los logros de los empleados de ICE con los de La Nación, yo repito retadoramente, “debatámoslo”. Porque “la prueba del pudding está en comérselo”.

La honradez: Lo que veo que más entusiasma son las críticas al gobierno, que no hace las cosas como quisiéramos, o como debiera, y es bien posible que lo que se critica sea la falta de honestidad que se colige en “la trocha”. Pero hay que recordar que eso no es solo en el gobierno de doña Laura sino en todos, y que la deshonestidad en el gobierno es un reflejo de la de la población. Si cada pueblo tiene el gobierno que merece, nosotros somos también culpables. ¡Hay que ver los tipos que hemos elegido! ¡Y los que según todas las apariencias vamos a elegir! Pero los anteriores esperarán el castigo de su deshonestidad hasta que San Juan baje el dedo.

El fariseo que tiraba su moneda de bien alto no representa al creyente, y el problema mayor del socialismo no es la derecha, sino los “socialistas modernos” que viven muy bien en medio de la pobretería; y aislados en un condominio. Cuando la asociación de sindicatos agrícolas de Centroamérica me mandó a la sesión de preparación de la Cumbre Social de las Naciones Unidas, repleta de ONGs, un ecuatoriano allí dijo “Es que aquí no hay pueblo. Nosotros decimos representar a la organizaciones de base, pero nos representamos a nosotros mismos”. Y nadie se dio por aludido.

Porque la honradez es un bien escaso. Un anciano que cuidaba una construcción vino a mi casa con un balde de cemento para ayudarme a poner un tendedero de ropa. No me lo vendió, pero evidentemente en la esperanza de que le diera algo, y empezamos a hablar de la honradez. “Es muy difícil ser honrado” me dijo. “Yo soy casi honrado”. Ese viejo casi honrado tenía en cambio sabiduría, como no la puede tener un joven.

Cuando yo volví a Costa Rica después de 20 años de ausencia, me di cuenta de que aquí también había 14 familias reinantes, como en El Salvador, y las hay todavía; en todos los partidos. Porque los 14 nuestros eran más inteligentes, tenían en realidad un partido único, y estaban infiltrados en el pueblo, con algunos de cuyos representantes tenían lo que el mercado llama “una alianza estratégica”. Y habían adoptado todos el mismo acento del bajillo de Amón. Esto es un acto de mezcla que nos entrega sin lucha en manos de la aristocracia, con el colaboracionismo de alguna gente del pueblo: los inevitables malinches. Y si allá perdieron la guerra porque después de tanto sacrificio de vidas humanas gobierna todavía la derecha, aquí gobierna con la complicidad de la izquierda. Y allá aprendieron de nuestro ejemplo, quizá contagiados por la bragueta, porque los ricos de allá se han casado con los de aquí. Yo a Funes lo pondría con las 14 familias.

Creo que la franqueza es una forma indispensable de honradez cuando a uno le han pedido una opinión, o cuando se la han retado. Solo así habrá solución ¿Por qué compró a Costa Rica Hoy un millonario plusquiano de derecha? Pues no puede haber sido por el nombre, porque se lo cambió. Para mi fue un intento de censurarla, pero no tuvo en cuenta que mientras no silenciara al hombre de talento que había hecho aquel periódico, no lo podía censurar, y su intento de silenciarlo fue muy torpe. ¿Para qué comprarlo si se puede infiltrar? La plata no es todo; y viene con el poder. Y creo también que el agente mediador del trato era de la misma pluma que el comprador, aunque se dice socialista de hecho, yo creo que tenemos una compañía muy mezclada, y que así no se puede hacer una lucha porque tenemos al enemy within.

Se dice que el que camina como un pato, grazna como un pato, y nada como un pato, es un pato. Y yo digo que si deseamos algo diferente al paradigma del mercado, no debemos estar hablando de crecimiento y de ventas, sino de la calidad de la vida. Porque si hay futuro, y la calidad la hacemos nosotros con una retroalimentación, que no se debe limitar a la pasión política. Tendríamos que escucharnos, en vez de ignorarnos porque no tenemos el carnet. Y tendríamos que poner las cartas sobre la mesa.

Tampoco se puede prescindir de Dios. Antes me parecían muy buenos los argumentos de Cicerón en De Senectute. Sobre todo el de que mortem iguitur ómnibus horis impendentem, timens qui poterit animo considere. Pero cuando estuve un mes en el hospital esperando una operación, me di cuenta de que no es la falta de temor a la muerte lo que nos da el ánimo, sino la conciencia de Dios: uno tras otros iban aquellos hombres a la sala de operación con una resignación y un valor admirables, diciendo que lo ponían todo en las manos del Dios que intuían: qui est voluntas tuas sicut in celo et in terra. Amen.

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