Nikki Haley cuestionada en el Congreso por papel de EEUU en la ONU

Por Barbara Crossette

Nikki Haley cuestionada en el Congreso por papel de EEUU en la ONU

Nikki Haley, en el Consejo de Seguridad. Haley dijo en junio de 2017 en el Congreso legislativo que el presupuesto propuesto por Donal Trump ponía al foro mundial “sobre aviso”. Crédito: Rick Bajornas/UN PHOTO.

NACIONES UNIDAS, 30 jun 2017 (IPS) – A los cinco meses de asumir el cargo de embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley fue objeto de duros cuestionamientos por parte de figuras influyentes del Congreso legislativo, quienes reclamaron explicaciones por el recorte de fondos a agencias del foro mundial.

La decisión del gobierno de Donald Trump perjudica especialmente al Fondo de Población de la ONU (Unfpa), al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), ONU Mujeres y el Programa Mundial de Alimentos.

Los interrogatorios también se concentraron en la reducción del aporte de Estados Unidos a las operaciones de paz, de 27 a 25 por ciento, que no puede hacerse de forma unilateral sin incurrir en atrasos.

Haley se mostró orgullosa de sacar 150 millones de dólares a la misión en Haití, en un momento en que el propio secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), António Guterres, designó a Josette Sheeran como enviada especial para el cólera en ese país, el más pobre del hemisferio occidental.

También se cuestionaron los recortes a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en un contexto de proliferación nuclear.

Haley también se mostró orgullosa de que Estados Unidos promoviera este mes en el comité de presupuesto de la Asamblea General de la ONU una reducción del presupuesto de las operaciones de paz. De hecho, Washington pretendía un recorte de 1.000 millones de dólares, pero accedió a la mitad ese monto en un presupuesto anual de 7.300 millones de dólares.

Paradójicamente, Haley se lamentó de la falta de equipamiento de las fuerzas de paz, como la misión en Malí a la que le urgen tanques, los que podrían adquirirse con un presupuesto más generoso.

El tono con que los legisladores interrogaron a Haley hace pensar que el presupuesto de 2018 no reunirá un apoyo legislativo significativo en lo que respecta a la ONU, aunque todavía hay un núcleo duro de legisladores del gobernante Partido Republicano que, sin tener siempre claro los hechos o el contexto de trabajo de las organizaciones, son displicentes e insultantes.

Haley reconoció la presión de Israel, a la que se refirió como “apoyo”, que hizo que Estados Unidos presionara a Guterres para que revirtiera la designación de febrero de Salam Fayyad, ex primer ministro palestino, como representante especial de la ONU para Libia.

Al principio, Haley no se habría opuesto a la designación de Fayyad. Y al ser consultada por el cambio radical de último momento de Estados Unidos, la representante estadounidense explicó que como Palestina no era un Estado reconocido por su país, un ciudadano palestino no podía tener un cargo oficial en la sede de la ONU.

El argumento fue que con esa designación se promovía el “desequilibrio” dentro del foro mundial en perjuicio de Israel. Pero no dijo claramente si el estado judío lo presionó ni si algún día Washington aprobaría a un palestino para algún cargo en Estados Unidos.

El primer día de cuestionamientos, el martes 27, Haley se presentó ante un subcomité de presupuesto de la Cámara de Representantes, dedicado a los fondos destinados a organizaciones internacionales.

Al día siguiente, el miércoles 28, debió declarar frente a todo el comité de asuntos exteriores de la cámara baja. Como política consumada, Haley se defendió bien y eludió algunos asuntos, aunque siempre expresando su inquebrantable apoyo al equipo de Trump y al propio presidente.

En un intermedio del interrogatorio en el subcomité, Haley señaló que la última amenaza contra el presidente de Siria, Bashar al Assad, y sus defensores, Irán y Rusia, en caso de que lanzara otro ataque con armas químicas, no fue más que eso, sin ninguna acción planificada.

El objetivo fue “mandar un mensaje”, no solo a Siria, sino también a Rusia e Irán, para que “retrocedieran”.

En lo que respecta al recorte casi total de fondos a Unicef en el presupuesto federal para 2018, respecto del cual los miembros del comité tuvieron varias reacciones, desde incredulidad y desilusión hasta conmoción e indignación, Haley respondió como si tal cosa que el “punto de partida” del presupuesto era reforzar las fuerzas armadas y realizar recortes en los otros ámbitos.

Tampoco reaccionó cuando el representante por el estado de Virginia, Gerry Connolly, del opositor Partido Demócrata, le preguntó si los niños del mundo debían pagar por el fortalecimiento del sector militar de Estados Unidos, a lo que respondió “no es el orgullo lo que los estadounidenses defenderán”.

Varios legisladores, muchos de ellos demócratas, preguntaron por qué Estados Unidos parecía tener una política exterior incoherente, señalando pronunciamientos encontrados entre declaraciones públicas y tuits del presidente, medidas declaraciones del secretario de Estado (canciller) Rex Tillerson y declaraciones de Haley, a veces más parecidas a opiniones personales.

Para decirlo de forma delicada, Estados Unidos se volvió “impredecible”, observó un legislador.

Al ser interrogada sobre su relación con sus superiores en Washington, Haley informó al comité de asuntos exteriores que rara vez conversaba con Trump o Tillerson.

Su relación más estrecha es con el asesor sobre seguridad nacional, H. R. McMaster, el secretario (ministro) de Defensa, James Mattis, precisó, con quienes habla sobre asuntos vinculados a la ONU, así como con otros de los integrantes del gabinete de Trump.

En lo que respecta a Rusia, Haley mantuvo su objeción a la invasión de Crimea y a las incursiones lanzadas por Moscú en el este de Ucrania, y aceptó la intromisión de ese país en las elecciones estadounidenses de 2016. Pero insistió en que Trump no estaba en connivencia con esa interferencia, aunque confesó que no habló del tema con el presidente porque no era un asunto vinculado a la ONU.

Haley recibió muchos cuestionamientos por el recorte de fondos al Unfpa, principalmente de los demócratas, pero no solamente, sobre lo que dijo que no podía hacer mucho, pues había sido por decreto presidencial, e insistió en que el dinero, unos 70 millones de dólares, según los cálculos actuales, se destinaría a programas de asistencia estadounidenses similares.

Pero esos programas impiden toda contribución a organizaciones internacionales o no gubernamentales que asistan o asesoren en materia de aborto.

El gobierno de Trump, y antes el de George W. Bush (2001-2009), utilizaron informes desacreditados respecto de que el Unfpa apoyó abortos forzados en China para cortar sus contribuciones.

Haley repitió el argumento, aunque declaró al subcomité que el Unfpa estaba “asociado” con una “compañía” en China culpable de “esterilización” involuntaria, argumento que no repitió en la audiencia del comité de asuntos exteriores. Pero Lois Frankel, legisladora demócrata de Florida, consideró esa razón como una “excusa totalmente falsa”.

Gran parte de las audiencias se concentraron en críticas y cuestionamientos al Consejo de Derechos Humanos, con 47 estados miembros, y Haley repitió lo que dijo en enero respecto de que el órgano necesitaba “arreglo”.

También había declarado este mes, en el Instituto de Graduados de Ginebra, que Estados Unidos intentaría proteger los derechos humanos “por fuera” del Consejo si no se cumplían dos condiciones no negociables.

En ese discurso, Haley reclamó un cambio en el proceso de elección, lo debería hacerse a través de la Asamblea General, para “mantener a los peores violadores de derechos humanos fuera del Consejo”. Eso significaría poner fin a la elección abierta de los miembros del Consejo, actualmente elegidos regionalmente por consenso o luego de un tira y afloja político.

La segunda demanda es que la disposición conocida como punto 7, de la agenda del Consejo de Derechos humanos, que favorece que se condene a Israel de forma permanente, “se elimine”, propuesta que concentra un amplio apoyo bipartidista. De hecho, diplomáticos estadounidenses han logrado en los últimos años reducir el número de resoluciones al respecto, y el asunto no será objeto de debate otra vez hasta 2020.

En el Congreso, Haley sostuvo que Egipto, Pakistán y Arabia Saudita son los “partidarios más sólidos” del punto 7.

Por último, Haley no tuvo ningún problema en defender la decisión de Trump de retirarse del Acuerdo de París sobre cambio climático. “No vamos a tirar al clima por la ventana”, arguyó. “Lo que hizo el presidente fue lo más conveniente para las empresas y para nuestro país”, añadió.

A lo que Connolly respondió, la decisión de Trump coloca a Estados Unidos en el mismo barco que Nicaragua y Siria.

Artículo publicado por IPS por cortesía de PassBlue, cobertura independiente en línea de la ONU, un proyecto del Instituto Ralph Bunche de Estudios Internacionales, Centro de Graduados de la Universidad de Nueva York.

Traducido por Verónica Firme

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