Más allá del cementazo

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

El cementazo es uno de los más graves escándalos de tráfico de influencias de los últimos tiempos y se ha transformado, a la vez, en el preámbulo político de la campaña electoral que se iniciará, formalmente, el próximo mes de octubre.

No será una campaña electoral fácil. Para los candidatos y los partidos políticos, conseguir los votos está bien difícil. Al día de hoy, si algo está claro es que nada está claro, sobre quién ganará las próximas elecciones. Esto está que arde y la desconfianza es un sentimiento generalizado en todo el país.

El cementazo ha profundizado la desconfianza ciudadana sobre los políticos y los partidos políticos. Pero a la vez y esto es muy positivo, ha levantado las alicaídas esperanzas ciudadanas y demostrado, con hechos, que el país tiene buenas reservas morales y un periodismo libre y veraz.

Estemos claros: no todo es un problema de seres humanos y de liderazgo, como parcial y superficialmente se suele pregonar, incluso demagógicamente.

La corrupción tiene que ver y mucho, con las estructuras y la forma cómo está organizado el poder en nuestro país, la tramitología, los impedimentos al desarrollo por un excesivo y perjudicial estatismo, construido a lo largo de muchas décadas y que no se quiere reformar, ni nadie con poder real quiere asumir los costos políticos de reformar, ni de entrarle a fondo a la crisis fiscal, aprobando una reforma tributaria progresiva, eliminado privilegios excesivos y pequeñas y grandes cuotas de poder y control político en el Estado.

Sí, claro que hay mucha corrupción porque hay seres humanos y políticos y burócratas, que incurren en algún delito de corrupción y corruptores de alto, mediano y pequeño nivel en el sector privado. El asunto es de doble vía.

Pero también, en Costa Rica, hay mucha corrupción, demasiada corrupción, porque las estructuras del Estado y sus 300 o más instituciones, fomentan el desarrollo de prácticas corruptas o bien otras que, al contrario, generan temor burocrático de actuar y una paralización de las acciones del Estado y de esas mismas instituciones. La Reforma del Estado es un imperativo nacional.

Enfrentemos la corrupción de los corruptos, pero exijamos a la vez, a quienes nos quieren gobernar, propuestas concretas y el compromiso de llevar a cabo, en los próximos cuatro años, la urgente y necesaria Reforma del Estado.

¡Qué bueno que este negociado bochornoso, surgió a la luz pública¡¡Qué importante el trabajo de la Comisión Investigadora¡¡Qué meritorio el trabajo de los periodistas! ¡Que ausencia más lamentable la del Ministerio Público!

El cementazo hay que aclararlo y llevarlo hasta sus últimas consecuencias, en los Tribunales de Justicia. Eso le dará aire fresco y devolverá confianza a este país, pero estemos claros que el Estado elefantiásico que hemos creado no da para más. Costa Rica está entrampada en una maraña de leyes y controles asfixiantes y, los privilegios burocráticos, son excesivos y desproporcionados.

Más allá del cementazo… urge la Reforma del Estado y que ese tema se discuta a fondo en la próxima campaña electoral, con propuestas concretas y viables.

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