Los turistas transitan los pasos de Evita, la “heroína de pueblo”

Por Gabriel Tuñez y Astrid Riehn

Busto de Evita, obra de Erminio Blotta en La Plata. WikiCommons

Busto de Evita, obra de Erminio Blotta en La Plata. WikiCommons

Buenos Aires, 25 jul (dpa) – La figura de la fallecida esposa del ex presidente argentino Juan Domingo Perón, María Eva Duarte de Perón, conocida popularmente como Evita, convoca cada día a los turistas extranjeros que llegan a recorrer cientos de kilómetros para unir la ciudad donde dio sus primeros pasos con la tumba en la que descansa.

“Los visitantes se asombran de su fuerte personalidad en una época en que la mujer estaba relegada”, comentó a dpa Susana Espósito, que coordina recorridos por el Cementerio de Recoleta de Buenos Aires, donde desde 1976 está sepultado el cadáver de Evita tras haber sido secuestrado y enterrado en Italia con una identidad falsa.

Espósito señaló que “son muy pocos los que conocen en forma completa su historia”, y que la mayoría refiere el film que tuvo en el papel principal a la cantante estadounidense Madonna y que se rodó en Argentina en 1996, con el español Antonio Banderas en el elenco.

A pesar de esa falta de conocimiento de su vida, la fascinación por el “mito” de María Eva Duarte parece suplirse con el reconocimiento que los turistas hacen de su “carácter y pasión por la asistencia social y la política”, señaló a dpa Flavio Gulli, secretario de Turismo de Los Toldos, ciudad natal de la llamada “abanderada de los humildes”.

Entre enero y junio último unas 4.000 personas realizaron un circuito que incluye, entre otros lugares, la estancia “La Unión”, en la que nació Evita en 1919; la casa de la familia Duarte; la iglesia Nuestra Señora del Pilar, donde fue bautizada; la plaza Rivadavia, en la que jugó de niña con sus hermanos.

Los Toldos está ubicada a 312 kilómetros de la capital argentina y su nombre tiene relación con las tolderías de la comunidad indígena mapuche que habitó la zona.

Hasta allí llegan turistas de México, Brasil, Alemania, España, Francia, Japón y Estados Unidos para descubrir “cómo una mujer nacida en un pueblo y en una familia humilde llegó, a fuerza de trabajo, a ser la que fue”, indicó Gulli.

“Se asombran cuando ven su cuna y la comparan con el crecimiento de su figura en Argentina y el mundo”, agregó el funcionario, a cargo del museo Casa Natal María Eva Duarte de Perón.

Gulli recordó que en 2010 un coro noruego desvió el recorrido de una gira para cantar en la plaza principal de Los Toldos “No llores por mí Argentina”, la canción leiv motiv del musical “Evita”, del británico Andrew Lloyd Webber.

Días antes de aquella improvisada actuación, tres turistas holandeses viajaron desde Buenos Aires a Los Toldos en un taxi para visitar los sitios donde la ex primera dama pasó su infancia, un viaje cuyo costo, para sorpresa de Gulli, debió superar los 400 dólares.

En la capital argentina, el Museo Evita es otro de los principales sitios turísticos que permiten conocer la historia de la “abanderada de los humildes”.

Ubicado en el barrio de Palermo, el museo funciona en un edificio neorrenacentista de la segunda década del siglo XX que fue adquirido en 1948 por la Fundación Evita para disponer un hogar de tránsito que dio asistencia social y sanitaria a mujeres.

La brasileña Daniela Capillé dijo a dpa que en su país “se conoce mucho más a Evita que a Perón, ya sea por la película o porque su figura parece más interesante”. “Es la heroína que vino del pueblo, la figura fuerte al lado del marido”, agregó al salir del museo.

Allí pueden verse vestidos que utilizó la primera dama, recordar su carrera como actriz, escuchar sus discursos y revivir el cortejo fúnebre que convocó a millones de personas.

“Logré apreciar la transformación de Evita antes de convertirse en la mujer de Perón. Y también observar la triste historia de la pelea por su cuerpo” en la enfermedad, destacó a dpa Kelly Cristina Spinelli, otra turista de Brasil.

Monumento a Evita, obra de Ricardo Gianetti

Monumento a Evita, obra de Ricardo Gianetti, en Austria y Libertador (Bs.As.) en el lugar en que murió, donde estaba la casa presidencial. WikiCommons

BITÁCORA

Evita y Libertad Lamarque en La cabalgata del circo, 1945. WikiCommons

Evita y Libertad Lamarque en La cabalgata del circo, 1945. WikiCommons

Adolescente, líder política, amante: Eva Perón en el cine

El gran papel cinematográfico con el que una jovencísima Eva Perón (entonces Duarte) soñaba en su pueblo natal de Los Toldos, en la provincia de Buenos Aires, cuando aún no conocía a Juan Domingo Perón ni era rubia, no fue para ella sino para las actrices que tras su muerte interpretaron en el cine su corta e intensa vida.

Si bien Eva Perón logró actuar en algunas películas antes de convertirse en primera dama -entre ellas “La cabalgata del circo”, en cuyo rodaje nació su mítica rivalidad con la actriz Libertad Lamarque, y “La pródiga”, su único protagónico-, su carrera actoral descolló, más que en el cine, en el radioteatro.

La figura de Eva Perón estuvo durante mucho tiempo alejada del cine argentino debido a los sucesivos gobiernos militares que tuvo el país y para los que el peronismo era mala palabra. Sin embargo, más de 20 años después de su muerte un 26 de julio de 1952, a los 33 años, la figura de “Evita” comenzó a surgir en el extranjero gracias al musical homónimo de Andrew Lloyd Webber, que se estrenó en el West End de Londres en 1978 y pasó luego con éxito a Broadway.

Es así como, en 1981, la figura de Eva Perón hace su primera aparición frente a las cámaras en un telefilm del estadounidense Marvin J. Chomsky en el que la “abanderada de los humildes” fue interpretada por Faye Dunaway.

Cuando pudo ser visto en Argentina tras el retorno a la democracia, en 1983, “Evita Perón”, rodado en parte en México -con Pedro Armendáriz como el sindicalista Cipriano Reyes-, llamó un poco la atención que Eva (Dunaway) y Perón (James Farentino) tuvieran la misma edad, cuando se llevaban más de 20 años. El film tampoco logró superar con elegancia haber sido rodado en parte en México, por lo que algunas escenas en exteriores parecían transcurrir en el desierto mexicano más que en la pampa argentina.

La primera actriz argentina en ponerse en la piel de Eva Perón fue Flavia Palmiero, quien en 1984 recreó a la Eva adolescente que a los 15 años se subió a un tren con destino a Buenos Aires para probar suerte como artista para algunas secuencias del documental “Evita, quien quiera oír que oiga”, de Eduardo Mignona.

Pasaron varios años -con apenas una breve aparición de Eva en “Gatica”, la película de Leonardo Favio de 1993, interpretada por Cecilia Cenci- hasta que la líder de los trabajadores argentinos volviera a aparecer en la gran pantalla. Fue cuando en 1996 se estrenó en Argentina “Eva Perón”, de Juan Carlos Desanzo, con Esther Goris en el protagónico. La película, que se promocionaba con afiches en los que se leía “Ni santa, ni demonio. La verdadera historia”, se centró en 1951, cuando Eva Perón estuvo muy cerca de lograr la vicepresidencia.

Para la mayoría de los peronistas, fue el primer film que le hizo justicia. La película de Desanzo trató a Eva Perón como lo que realmente fue, un animal político capaz de construir su propia parcela de poder al calor de los sindicatos y de enfrentarse a la oligarquía terrateniente de su país -con una escena antológica en la que les espeta a las damas de la Sociedad de Beneficencia que sus apellidos tienen “olor a bosta de vaca”- y hasta al mismísimo Perón cuando sintió que le bloqueó su propia candidatura. Una mujer de armas tomar, mandona y ambiciosa, pero también valiente, inteligente y entregada en cuerpo y alma a defender a sus “cabecitas negras”.

Pocos meses después se estrenó la “Evita” del inglés Alan Parker, basada en el musical de Lloyd Webber y protagonizada por la mismísima Madonna. Que la reina del pop, que había hecho del erotismo un negocio, encarnara a quien para muchos era una “santa”, fue demasiado para los guardianes de su memoria, que acusaron a la cantante poco menos que de blasfema.

Rodada en parte en Buenos Aires, la película de Parker, al igual que el musical, se alejaba del rigor histórico para convertir a Eva Perón en una figura más emparentada con Julie Andrews que con la esposa del fundador del peronismo. Por mucho empeño que pusiera Madonna, tampoco ayudó que la “Evita” de Parker fuera angloparlante, más allá de que cada tanto introdujera en su discurso un “descamisadous” o “mis compañerous” con acento inglés.

La figura de Eva Perón no volvió a tener apariciones estelares en cine -salvo la breve interpretación de Laura Novoa en “Ay, Juancito”, la película de Héctor Olivera de 2004 sobre el conflictivo hermano de Eva, Juan Duarte- hasta el año pasado, cuando se estrenó “Juan y Eva”, de Paula de Luque, con Julieta Díaz como Eva y Osmar Núñez como Perón, centrada en el surgimiento de la historia de entre los dos, cuando Eva era una actriz en ascenso y Perón un prometedor coronel a cargo de la secretaría de Trabajo y Previsión.

“Juan y Eva” mostró a la Evita celosa y posesiva, capaz de defender con uñas y dientes al hombre que amaba y admiraba, mostrando la intimidad de una pareja que, según algunos historiadores, era más política que sexuada.

Angloparlante, adolescente, cantante, politizada, enamorada: ya no parecían quedar en el tintero muchas versiones de Eva. Sin embargo, el año pasado su leyenda volvió a reencarnar de forma impensada: como dibujo en la cinta de animación “Eva de la Argentina”, de María Seoane. El tiempo dirá cuántas Evas quedan aún por descubrir en el cine.

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