Los revolucionarios sudamericanos, a puro “espatulazo”
Por Astrid Riehn
Buenos Aires, 19 oct (dpa) – ¿Cómo “bajar del bronce” a un prócer? ¿Cómo convertir la gesta en pintura? Ésos son algunos de los interrogantes que se planteó el pintor argentino Ariel Mlynarzewicz, autor de una serie de cuadros de gran formato (algunos de casi dos metros por tres) sobre algunas de las figuras más importantes de las gestas emancipadoras del siglo XIX como José de San Martín, Simón Bolívar y Manuel Belgrano, titulada “Revolucionarios”.
Sin embargo, “Revolucionarios”, que se expuso por primera vez durante la inauguración del Centro Cultural Bicentenario en 2010 y que se puede ver ahora hasta el 27 de octubre en el salón Arturo Illia del Senado argentino, en Buenos Aires, no es sólo un proyecto pictórico, sino también audiovisual.
Junto a los cuadros se exhíben ocho capítulos del documental de mismo nombre en el que algunas figuras de la vida cultural y social argentina –desde historiadores como Pacho O’Donnel y Osvaldo Bayer hasta la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini- dialogan con Mlynarzewicz sobre estos personajes históricos para ayudarlo en su proceso creativo.
“Todos los historiadores hicieron mucho hincapié en la rebeldía de estas personas”, afirmó Mlynarzewicz, discípulo del reconocido artista plástico argentino Carlos Alonso, en entrevista con dpa. “Las imágenes que tenemos en mente de nuestros próceres suelen ser las de los libros escolares, esas representaciones neoclásicas en las que uno no reconoce al ser humano que lucha, que sufre, que ama. Quise cambiar eso”.
El posible origen mestizo de San Martín, héroe de la independencia de Argentina, Chile y Perú; la doble orfandad y viudez de Simón Bolívar, figura clave en la independencia de países como Colombia, Venezuela, Bolivia y Ecuador, y su historia de amor con Manuela Sáenz, quien abandonó a su esposo inglés para estar junto a él en el frente de batalla; o la pobreza en la que murió Belgrano, que fue sepultado con la tapa de mármol de su cómoda por lápida, son apenas algunas de las claves que Mlynarzewicz, que se define como un “pintor de cuadros”, fue recogiendo en sus intercambios.
Para realizar los óleos sobre tela, el artista empleó espátulas y pinceletas anchas, una elección nada aleatoria: “Quise poner la misma entrega que ellos: me lancé sobre las obras como si la espátula fuera una espada, para poner de mi parte mi propia pulsión y entrega”, explicó. La creación fue muy física: en los documentales realizados por el Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePIA) de la Secretaría de Cultura de Presidencia de Argentina se ve al artista acercándose y alejándose constantemente de sus obras, lanzando espatulazos enérgicos de forma casi intuitiva.
Un buen ejemplo de lo que cuenta Mlynarzewicz es el cuadro de Juana Azurduy, nacida en lo que hoy es la ciudad boliviana de Sucre, que llegó a contar con el grado de “generala” y participó en las luchas de la emancipación de España junto a su esposo, Manuel Ascensio Padilla, en territorios que hoy conforman Argentina y Bolivia. Su figura se funde con el fondo gris, apenas esbozada en un dibujo. En su mano porta una bandera de un rojo furioso y alrededor de su cabeza hay un fondo celeste y blanco, los colores de la bandera argentina.
“En Juana de Azurduy lo que prima es la sutileza de la línea”, señaló el artista. “El color celeste y blanco alrededor de la cabeza fue un espatulazo realizado con cierta violencia; quise reunir la sutileza de la mujer con un toque de rebeldía. Es un contrapunto que genera inquietud, porque rescata la firmeza en las mujeres, pero sin perder la femineidad”.
A Manuela Sáenz, en cambio, la retrató vestida de noche y con Bolívar detrás de ella tomándola de la cintura. “A Manuela Sáenz la puse por delante de Bolívar porque lo que quise decir es que detrás de toda gran mujer, hay un gran hombre”, apuntó Mlynarzewicz. “Esta mujer dejó a su marido rubio e inglés por un morocho petiso como Bolívar porque se enamoró perdidamente. De hecho el título del cuadro es ‘Amor es revolución’. Ella era fundamentalmente una mujer enamorada, aunque por supuesto no se enamoró de cualquier hombre, sino de Bolívar”.
La elección de los colores también dice mucho de cada personaje: el revolucionario argentino Bernardo de Monteagudo, que formaba parte del ala más radical de la Revolución de Mayo, y al que en su diálogo con Mlynarzewicz el historiador Pacho O’Donnel comparó con el Che Guevara, aparece rodeado de un fuerte “rojo guevariano”, según lo describió el artista. El periodista y abogado Mariano Moreno, en cambio, “el rebelde intelectual”, se funde en el cuadro con colores como el rosa, el lila, el magenta y el verde.
La espátula dio como resultado no sólo cuadros cargados de pasión y violencia, sino también retratos algo ambiguos, en los que la fisonomía de los personajes carece de detalles y, por eso mismo, deja más espacio a la interpretación. “No quise el pincel fino que busca el detalle. Eso es, en definitiva, lo mismo que hace el bronce: un acabado refinado. De esta forma la pintura se va moviendo, tiene otra biología”, dijo el artista. “Un pintor representativo es muchas veces un cortesano. Yo quise poner agallas, como lo hicieron ellos, sin que me importara tanto el resultado, sino el acto rebelde”.


