Los recursos naturales

Alejandro Gonzalez

Alejandro González Jiménez
agonzalezj41@hotmail.com

En la época de escuela y colegio se nos enseñaba que los recursos naturales se clasifican en tres: los renovables, los irrenovables y los inagotables; el agua, se nos decía, era componente vital de este último. En los renovables se ubicaban los seres vivos, cuyo proceso se extiende desde el nacimiento, pasando por la reproducción, para concluir con la muerte; en los irrenovables se encontraban los minerales. Hoy, visto desde una perspectiva más amplia, el concepto que teníamos de los recursos naturales nos lleva a otras conclusiones: forma parte del espacio finito o infinito, partiendo que en otros planetas también pudiera existir agua, si no fuera así, este recurso en el planeta tierra sería un agotable por ser finito. La tierra no es infinita por cuanto es una esfera, al igual que el sol, que por la misma razón es finito. Ahora bien, si se incorpora la variable de la creación, un ser increado, Dios o un ser supremo para algunos, este planeta tierra como los demás planetas que fueron creados por ese ser supremo, serían finitos en el tiempo por tener un comienzo y probablemente un fin.

Sin llevar la discusión a niveles más filosóficos, se puede concluir que los recursos naturales, dada la influencia desmedida del ser humano, pueden desaparecer; son cada vez más frecuentes las extinciones de especies animales o vegetales, en ello ha sido determinante el desarrollo industrial; lo que no quiere decir que no se deban construir más fábricas, pero cuando se tenga que hacerlo debe pensarse en la necesidad de mitigar los efectos, y cuando el impacto vaya a ser negativo no debe construirse; de ahí la importancia de planificar y ordenar el uso del suelo, de tal suerte que se pueda definir los lugares aptos para tal o cual actividad.

El tema ambiental en general cobró mayor relevancia a partir de los años ochenta del siglo pasado. En el informe de la Comisión Brundtland se incorpora por primera vez el concepto de desarrollo sostenible que se resume en un crecimiento en el presente sin comprometer a las futuras generaciones; y es que, en verdad, con el crecimiento acelerado -óigase bien: crecimiento no desarrollo- se estaba comprometiendo a las futuras generaciones, al igual que las de hoy, porque son éstas las que han vivido los efectos del cambio climático. Esa llamada de atención permitió que muchos grupos o personas empezaran a tomar conciencia de las graves consecuencias que el mundo entero estaba enfrentando a consecuencia de la mano del ser humano, lo que hacía necesario hacer un alto en el camino y conceptualizar diferente el desarrollo.

Todo ello llevó a la celebración de la Conferencia de Río convocada por la Organización de las Naciones Unidas, conocida como “Cumbre de la Tierra” celebrada en junio de 1992, hace veinte años. En ella se hicieron presentes una gran cantidad de organizaciones no gubernamentales, jefes de estado y de gobierno; en fin, fue el espacio propicio para que el ambiente y desarrollo fuera un tema que se ubicara en las agendas de los gobiernos, de los organismos internacionales y de los partidos políticos, tal el efecto de esa cumbre.

En Costa Rica, por ejemplo, fue hasta 1986 cuando se designa a un ministro del ambiente; antes de esa fecha la protección y políticas forestales, como lo referente a los parques nacionales, eran departamentos o instancias específicas del Ministerio de Agricultura y Ganadería. No obstante, ya en los setenta, en la Administración de Daniel Oduber, se había definido una política clara para el establecimiento de zonas de protección y reservas como lo eran los parques nacionales y reservas biológicas, decisión que hoy es catalogada visionaria debido a las consecuencias positivas para el país que, pese a los problemas que aún debe resolver, es líder mundial en la protección de sus bosques y montañas.

En estos días se efectuó en Brasil la celebración de los 20 años de aquella conferencia: Río + 20; lástima que concluyera sin la presencia de muchos jefes de estado a diferencia de hace dos décadas; por lo menos así lo han indicado los medios, aunque por eso no deja ser un buen espacio para reflexionar acerca de lo hasta aquí alcanzado y que falta por hacer. Es claro que la humanidad tiene mucho que hacer, evitar los efectos climáticos anunciado por Al Gore, evitar muertes y destrucción como efecto de los desastres naturales que se producen constantemente en diversas latitudes del planeta, garantizarle un futuro promisorio a las generaciones del mañana, proteger bosques y montañas, en fin, la tarea es gigantesca, lo que requiere voluntad política pero, más allá de ello, que las grandes empresas transnacionales y los grandes intereses entiendan que ellos deben dar su aporte en esta cruzada, ellos son afectados directos; sus capitales que tanto protegen y buscan como acrecentar es posible que se vean menguados cuando no queden tierras aptas para producir o por la desaparición de pueblos o personas que, aunque suene duro, son las que consumirían, eventualmente, sus productos. Las grandes empresas y la clase política del mundo tienen una tarea ineludible en la protección del medio, en generar políticas basadas en el desarrollo sostenible.

Por último, si bien es cierto que Costa Rica sí mira a su alrededor, y como lo indican las crónicas muchos de los acuerdos tomados en estos días en Río ya se han venido implementando desde hace años, no puede contentarse el país con mirar hacia afuera, sino más bien volver los ojos hacia dentro y evaluar lo que ha hecho y lo que debe hacer, pues aún está lejos de tener los recursos ambientales bien protegidos; basta con darle una mirada a los ríos, ejemplo: Río Grande de Tárcoles, o a las disputas recientes como la suscitada alrededor de la explotación minera a cielo abierto -caso Crucitas-; estos son ejemplos reales, por lo que todos y todas, desde el gobierno, las organizaciones no gubernamentales, la empresa privada, los gobiernos locales y, en general, la sociedad como un todo tienen una agenda que desarrollar por delante, no hay tiempo que perder.

El Lechero

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