La tormenta y la brújula

Léon Crémieux

La tormenta y la brújula

Decir que Francia atraviesa una crisis es un eufemismo. Cada día emergen nuevos elementos de una crisis política de los dos pilares de la vida política francesa desde hace más de cuarenta años: el Partido Socialista (PS) y Les Républicains (LR), el partido proveniente del gaullismo. De cara al futuro no se puede excluir la sorpresa que Marie Le Pen resulte ganadora en las próximas elecciones presidenciales. Esta crisis política e institucional es también el producto de una crisis social en la que, por desgracia, la polarización política beneficia a la derecha y a la extrema-derecha.

Aún cuando en las últimas semanas hemos asistido a situaciones inesperadas, lo más probable es que ni el PS ni LR estén presentes en la segunda vuelta de las presidenciales del 7 de mayo. Situación inédita que tendrá efectos de rebote en las elecciones a la Asamblea Nacional. En Francia, la mecánica electoral puesta en pie en 2002 hace que el resultado de las presidenciales influya en las elecciones a la Asamblea Nacional que tienen lugar unas semanas más tarde, en las que el partido del presidente electo sale sistemáticamente beneficiado.

Así pues, probablemente estamos en vísperas de una seria reorganización en el campo de los partidos políticos institucionales y puede que de una crisis política de gran envergadura.

Desde hace algunas semanas vienes operando tres fenómenos nuevos:

1- Una crisis sin precedentes del partido Les Républicains

Una crisis que emergió con la revelación de la malversación de fondos públicos de François Fillon, su candidato a la presidencia. Desde hace dos meses, los periodistas de investigación, fundamentalmente de Le Canard enchaîné y de Mediapart, no paran de destilar nuevos elementos que ponen al descubierto prácticas que, si bien no tienen nada de novedosas y no son exclusivas de François Fillon, tienen un efecto dañino. François Fillon, que durante las primarias de la derecha construyó su campaña en base a una imagen del “Mr. Proper”, aparece como el campeón de la malversación de fondos públicos para beneficio personal.

Desde hace más de un mes su campaña es inaudible, totalmente asfixiada por este “escándalo” y su narcisista obstinación por no retirarse. Uno tras oto, durante el mes de febrero, la casi totalidad de las y los dirigentes de LR, con Sarkozy a la cabeza, estaban convencidos del enorme riesgo que suponía mantener a Fillon como candidato e intentaron encontrar una solución de recambio para que la derecha pudiera llegar a la segunda vuelta de las elecciones. Ahora bien, si en diciembre Fillon logró imponerse en las primarias de la derecha a los candidatos “naturales” –Sarkozy y Juppé-, fue a causa de la debilidad y el descrédito de estos dirigentes ante un electorado de lo más reaccionario, que prefirió plebiscitar a un católico conservador y ultra-liberal.

Ente el 1 y el 5 de marzo, cuando se anunció que la justicia inculparía a Fillón, casi todos los dirigentes de LR le pidieron que se retirara, empezando por su portavoz y su director de campaña. Por otra parte, los centristas del UDI, aliados a LR, pusieron en “solfa” su apoyo. Pero la dirección del partido no tuvo el coraje de imponer la dimisión a Fillon. De entrada, porque esta dirección fue incapaz de ponerse de acuerdo sobre una candidatura alternativa que pudiera agrupar a las distintas corrientes. Y en segundo lugar, porque Fillon proclamó que se mantendría contra viento y marea, impulsando una campaña contra el aparato del partido.

Totalmente aislado en su interior, pero viendo la debilidad de su dirección, Fillon jugó la carta de la movilización del ala más conservadora, la más reaccionaria, de quienes le apoyan, organizada por el movimiento “Sens commun” (puesto en pie en 2014 por activistas de “la Manif pour tous” que se oponía al matrimonio homoxesual), al margen del partido.

Con el apoyo de Sens Commun y del semanario de extrema derecha Valeurs actuelles, el 5 de marzo Fillon organizó una manifestación cuyo objetivo era denunciar a los “jueces” e imponerse al aparato del partido. Y tomando como base el éxito de haber reunido entre 40 y 50 000 personas en la Plza de Trocadero en Paris, logró imponer su permanencia. En las 48 horas siguientes, la dirección de LR, temerosa de que sectores enteros de su electorado más reaccionario bascularan hacia Marine Le Pen, capituló “a la unanimidad” y renovó su apoyo a François Fillon.

Los mismos que la víspera fustigaron a Fillon en nombre de la honradez, exigiéndole que se retirara, se tragaron su “moral”. Como lo hicieron los centristas de la UDI, que a pesar de que unos días antes utilizaron un lenguaje duro contra las mentiras de Fillon, le renovaron su apoyo a cambio de 20 puestos suplementarios en las legislativas que vendrán tras las presidenciales… Todo esto sería como para reír si no fuera una muestra de la desintegración de LR, de su sumisión a su sector más reaccionario bajo la presión del Front National, y de una fuerte polarización política a la derecha.

Por otra parte hay que señalar las desafecciones, que se multiplican, de un sector del partido en torno a Alain Juppé, varios de cuyos partidarios se uman a la campaña de Emmanuel Macron.

2- La explosión anunciada del Partido Socialista

En el PS también actúan las tendencias centrífugas. Hamon logró la benevolencia de la dirección del PS, que le ha aceptado como candidato oficial, a cambio de una campaña átona que deja de lado un balance crítico de los distintos gobiernos bajo Hollande. Campaña sin relieve, que sólo se beneficia de la retirada a su favor del candidato de EELV [los verdes]. También aquí a cambio de unas cuarenta circunscripciones para las legislativas. /1

La victoria de Hamon en las primarias del PS se presentó como el “efecto Corbyn” a la francesa. En parte es cierto: es la expresión del rechazo de las y los electores de las primarias de izquierda que querían infligir un castigo a las políticas liberales de Valls y al quinquenio de Hollande. Pero la comparación termina ahí. Desde que fue elegido, Hamon se ha adaptado con habilidad al aparato del PS, asumiendo incluso que comparte lo fundamental del balance de Hollande. En torno a la campaña de Benoît Hamon tampoco existe la sombra de una movilización popular, y su propuesta estrella de renta universal se ha adaptado a los compromisos necesarios con la dirección del PS.

Así pues, Hamon no es, ni mucho menos, un candidato anti-austeridad, un candidato de ruptura con las reglas neoliberales de la Unión Europea. Pero esa lealtad no impide la lenta hemorragia de responsables de PS que se van alineando con las huestes de Emmanuel Macron: los últimos en hacerlo, son Bertrans Delanöé, antiguo alcalde de Paris, y Yves Le Drian, ministro de defensa. La seguridad de que Hamon no llegará a estar en la segunda vuelta alimenta un clima particular en el PS. Oficialmente, la dirección continúa apoyando a Hamon y amenaza con la exclusión y el rechazo a incluir en las listas para las legislativas a quienes apadrinen la candidatura de Macron.

Pero en paralelo, cada vez más y más dirigentes y electos del PS se prepararan para el día después de l 1er turno. Apadrinado por Pierre Bartolomé, presidente socialista de la Asamblea Nacional, circula un manifiesto de diputados del PS a favor de votar por Macron “si la democracia está en peligro y solo queda esa alternativa.” Su amigo político Manuel Valls, antiguo Primer Ministro derrotado por Hamon en la primarias, acaba de manifestar públicamente que no apoyará a Benoît Hamon. La gran mayoría de los ministros actuales se sitúa al margen de la campaña del PS mostrando una simpatía soterrada a favor de Macron. Incluso François Hollande, muestra este apoyo a la chita callando. Mucha gente está a la espera de un escenario para el que no existen muchas posibilidades que se produzca: que la segunda vuelta abra la posibilidad para un acuerdo sólido con Emmanuel Macron, que atenúe las consecuencias del fracaso de Hamon en las legislativas para el PS.

Porque el PS, como LR teme que el efecto Macron barra a sus candidatos en las legislativas de junio. En todo caso, las próximas elecciones tendrán un efecto corrosivo sobre el PS. Si bien la candidatura de un “crítico” ha bloqueado el ascenso de Melenchon, conjugada con el empuje del social-liberal Macron, la victoria de éste llevará a la explosión del PS. El proyecto de Manuel Valls de un partido semejante al Partido Demócrata de Mattéo Renzi puede llegar a concretarse… sin el PS, ¡o al menos a partir de sus cenizas! Efectivamente, el PS en tanto que tal tiene una relación de fuerzas muy débil frente a Macron.

3- El acenso atrápalo-todo de Emmanuel Macron

Con sus orígenes en una orientación social-liberal de Hollande y Valls, emancipado del PS y de su balance, ha tenido éxito ahí donde muchos otros habían fracasado antes que él: crear un movimiento de centro-derecha capaz de situarse por delante de la social-democracia y de los aliados demócrata-cristianos del movimiento gaullista.

Mediáticamente, aparece como rompiendo con los viejos partidos, dando una imagen joven y moderna sobre las cuestiones societales y liberal en las cuestiones económicas. Anuncia su voluntad de que al menos la mitad de los candidatos que presentará a las legislativas provendrán de la “sociedad civil”, es decir, sin antecedentes políticos.

Desde el inicio rechazó cualquier acuerdo de aparato con las corrientes provenientes del PS o de la derecha, y su fuerza en los sondeos, el éxito de sus mítines y la polarización mediática le ofrecen los medios necesarios para mantenerse en esa posición.

Evidentemente, las políticas propuestas por Macron no son nuevas. Se nutren de las recetas liberales elaboradas bajo Sarkozy y Hollande, del que fue consejero y ministro. El principal artífice de su programa es Jean Pisani-Ferry, economista y alto funcionario, social-liberal “blanqueado” en los círculos ministeriales, sobre todo en torno a Dominique Strauss-Kahn. El programa económico no tiene nada de nuevo: se centra en la reducción del gasto y del ingreso público, la perpetuación de las exenciones patronales sobre los salarios e impuestos, nuevas contrarreformas del Código Laboral y el tránsito progresivo hacia un sistema de pensiones por capitalización. Para organizar la “renovación” de sus electos y representantes en las regiones ha optado por un viejo notable, Jean-Paul Déovoye parlamentario de ala Chirac de la derecha. A pesar de ello, la imagen que ofrece es de novación. Además Macron logra polarizar tanto más en el PS y en LR en la medida que el perfil de los candidatos de estos partidos generan un efecto centrífugo hacia el centro… Valls y Juppé habrían reducido considerablemente el espacio de Emmanuel Macron.

Por último, las encuestas de estas últimas semanas le sitúan como el “único capaz de poder derrotar a Marine Le Pen”, polarizando al electorado de izquierda que ha luchado contra las leyes Macron (liberalización del transporte y beneficios para la patronal) y y la ley El Khomri (reforma de la Ley del Trabajo). Actualmente, aún sin un partido previamente constituido, Macron se aprovecha de los tránsfugas del PS, de la UDI y de LR para estructurar su campaña y preparar las legislativas.

Así pues, si gana en la elección presidencial puede disponer de los medios que le permitan rechazar un acuerdo de aparato con el PS o los partidarios de Juppé, con lo que la cuestión de las alianzas se trasladaría al mes de juno. En todo caso, su éxito tendría un efecto explosivo en el PS y un efecto corrosivo sobre la derecha: UDI-LR.

Polarización a la extrema-derecha

Todos estos elementos refuerzan la polarización hacia la extrema-derecha de Marine Le Pen, al punto de asegurar su presencia en la segunda vuelta, sin que se pueda descartar totalmente su victoria. Como en muchos países de Europa, la extrema-derecha ha cosechado los frutos de la crisis social apoyándose en la lógica del repliegue identitario nacionalista al que, a falta de un polo político anticapitalista y activo en los sectores populares, pueden sumarse muchos electores afectados por las políticas de austeridad.

Las políticas liberales aplicadas por la social-democracia han acentuado estos fenómenos. Además, la política securitaria e islamófoba del Estado y el racismo institucional del gobierno Valls también han llevado el agua al molino del Frente Nacional. La influencia del FN se ha extendido ampliamente en el seno del ejército y de la policía, en donde los gobiernos socialista han alimentado las tendencias más reaccionarias.

El rechazo a la acogida de inmigrantes y las políticas ultra-securitarias impulsadas tras los atentados también han sido capitalizadas tanto por el ala más reaccionario de LR como del FN. Las encuestas muestran que en el maelström electoral actual, el electorado de Le Pen permanece estable, incluso poco sensible a los escándalos financieros en los que está implicado el FN.

A la izquierda del PS, las perspectivas no están a la altura de la crisis política

Jean-Luc Melenchon logró imponer su candidatura a sus socios del Front de Gauche (PCF, Ensemble!), a quienes saboteó para impedir que controlaran su autoproclamada candidatura de “La France Insumise” (FI) cuyos representantes locales y programa están bajo el control exclusivo del propio Melenchon. Esta campaña autocrática, que hace unos meses se presentaba como la alternativa a Sarkozy y a Hollande se va visto desestabilizada por los últimos acontecimientos. Estancada en torno al 10 % de votos ya no aparece como la quintaesencia del palmarés electoral. Más allá de ello, el aspecto puramente personal de su campaña, en una postura heredada de Mitterand, tiene un efecto boomerang catastrófico. Melenchon rechazó explícitamente basar su campaña en una convergencia de fuerzas políticas y de frentes de lucha. Su programa, aún cuando retoma toda una serie de cuestiones presentes en ls movilizaciones sociales de estos últimos años, las tritura y reconfigura hacia una deriva republicana y chovinista, como la que expresan sus mítines que concluyen con el himno nacional francés. Las fuerzas que, además del Parti de Gauche, le apoyan quedan reducidas al papel de comparsas, y la portavocía de la campaña está bajo su control directo.

Por el momento, el PCF mantiene el pulso para que FI no presente candidatos en las legislativas en las 15 circunscripciones que presenta el PCF, en 10 de las cuales tiene actualmente electos. El rechazo de Melenchon de comprometerse a ello condujo al PCF a bloquear el apoyo de las firmas de sus 850 elector para apadrinar su candidatura, alargando hasta el último momento su confirmación. Esta transacción electoral se mueve en la misma lógica de la desarrollada entre el PS y EELV o de LR y la UDI. Y, más que nada, muestra la débil dinámica de la campaña de Melenchon, que gira en el vacio sobre el eje del salvador supremo de la izquierda. Sin embargo, es cierto que atrae a muchos militantes sindicalistas y de otros movimientos que se orientan hacia él con el fin de expresar un voto que pese a la izquierda del PS.

Sin embargo esto deja como estaba la cuestión fundamental para quienes en distintos frentes luchan contra las políticas liberales y reaccionarias. Un año después de la movilización social más potente que haya conocido el país desde 1995, la única polarización política real es a la derecha.

Decenas de miles de manifestantes lograron paralizar el aeropuerto de Notre Dame des Landes, decenas de miles de manifestantes se movilizaron a favor de la acogida de las personas inmigrantes y numerosas huelgas obreras –sea cual sea su importancia- recorren las distintas regiones del país sobre cuestiones salariales o de empleo. Se han dado importantes movilizaciones contra la violencia policial y el racismo de Estado, así como contra la muerte de Adama Traoré el verano pasado en Oise y la violación del joven Théo en Aulnay sous-boi en febrero pasado. Estas violencias, que aprovechan el clima de impunidad que existe para la policía, son la expresión no de “excesos” sino de un racismo construido por las prácticas de las instituciones del Estado y las políticas gubernamentales. Frente a ellas está en vías de ponerse en pie un antirracismo político.

Todas estas resistencias populares son muestras de la resistencia de las capas populares y todas ellas esbozan la necesidad de un proyecto político global de justicia social frente a la explotación capitalista y a las discriminaciones. El escándalo de Fillon ha puesto al descubierto, una vez más, las prácticas de los responsables políticos que se enriquecen y trafican con todo, imponiendo a las clases populares la puesta en cuestión de derechos elementales.

Son la viva imagen de los grandes dirigentes de empresas capitalistas que se benefician de generosos sobresueldos al mismo tiempo que aplican políticas de destrucción de empleo y de aumento de la productividad. Las luchas de Air France, de Good Year fueron la expresión de estas exigencias sociales. El escándalo Fillon pone de relieve las exigencias democrática de control popular y pone en cuestión a las instituciones. El movimiento Nuit Debout expresó estas exigencias democráticas.

No se podría comprender el seísmo producido por las revelaciones de Le Canard Enchaîné sobre Fillon si no se le pone en relación con ese distanciamiento y el profundo rechazo de las instituciones políticas por parte de los sectores populares entre los que la abstención sigue progresando.

Todos estos elementos de movilización, estas exigencias sociales y democráticas constituyen, de forma diseminada, el telón de fondo de la situación política. Pero hasta el presente no pesan en la misma, no marcan la pauta en esta campaña presidencial polarizada por el centro-derecha de Macron, la derecha extrema de Fillon y la extrema-derecha de Le Pen.

Las y los militantes del NPA han logrado obtener las 500 firmas necesarias para presentar a Philippe Poutou a la campaña presidencial. El objetivo del NPA en esta campaña es precisamente plantear la necesidad de una nueva representación para las y los explotados y oprimidos a partir de un proyecto de sociedad desembarazado de todas las opresiones. Esta exigencia, este proyecto puede tener eco en las esperanzas de un gran número de militantes del movimiento social. Las próximas semanas, sea cual sea la situación, van a hacer más imperiosa aún esta necesidad.

http://alencontre.org/europe/france/france-la-tourmente-et-la-boussole.html

Notas:

1/ No se pueden comprender las maniobras entorno a los principales partidos en Francia sin tomar en cuenta su arcaico sistema electoral: los escaños no se eligen a la proporcional sino a través de un escrutinio uninominal a dos vueltas. De ese modo, un partido minoritario –el caso de la extrema izquierda- es muy difícil que obtenga electos sin un acuerdo global con un gran partido que, en determinadas circunscripciones, retire sus candidatura a la primera vuelta en provecho de un partido pequeño. De lo contrario, incluso con un resultado superior al 5 o al 10 % a nivel nacional, la ausencia de la proporcional cierra el paso a los partidos minoritarios.

Traducción: Viento Sur

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