La maldición de los recursos

Lazzeri Thomas y Carleigh Rixon

¿Cómo es posible que haya disturbios sociales, políticos y económicos en un país tan rico en recursos como la República Democrática del Congo (RDC)? Con grandes cantidades de diamantes, oro, cobre, cobalto, coltán y estaño, la RDC se enfrenta a la llamada “Maldición de los recursos”. Dicha maldición significa que los países cuya economía depende de los recursos están sujetos a las siguientes maldiciones: corrupción, mayor probabilidad de tener gobiernos autoritarios, y mayor riesgo de guerra civil.

Con un exceso de riqueza proveniente de un sólo sector, el estado no suele promover otras partes de la economía. Esta dependencia de un recurso provoca el riesgo de convertirse en un “estado que vive de las rentas”. Las élites compran el apoyo del estado en lugar de invertir en el desarrollo económico. Con unos ingresos que aumentan tan rápida y fácilmente, las multinacionales quieren estar cada vez más al lado del gobierno.

La extracción de recursos y la distribución de los ingresos hacen que los demás sectores del desarrollo institucional se subordinen a estos. La sociedad comienza a valorar más la propiedad que la representatividad política, devaluando la democracia. Todo el mundo quiere su pedazo de prosperidad. La economía juega un papel fundamental en la creación de conflictos armados. Existe mucha más probabilidad de guerra civil con un estado rico en recursos.

Minería y grupos armados

Las Naciones Unidas estiman que en gran parte de las provincias de Kivu del norte y del sur, en la RDC, los grupos armados controlan el comercio de minerales. El control de las minas es la principal fuente de ingresos de los “señores de la guerra”, y a menudo el único motivo para mantener la existencia de esos grupos armados. En el 2002, por ejemplo, las Naciones Unidas dijeron que del este de RDC no salía nada de coltán sin beneficiar a grupos rebeldes o a ejércitos extranjeros. Se estima que las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda ganan millones de dólares cada año por el comercio ilegal de minerales en el este de la República Democrática del Congo. Mientras este negocio sea rentable, los grupos rebeldes no tendrán ningún interés en abandonar el conflicto armado.

A pesar de las evidencias, muchas empresas occidentales siguen comprando minerales procedentes de estas regiones. La empresa británica Afrimex, y su filial congoleña, Société Kotecha, pagaron impuestos a los grupos rebeldes para poder seguir exportando coltán de Kivu del sur, apoyando así sus actividades militares. AngloGold ashanti extraía oro de Mongbwalu, bajo control de un grupo armado llamado Frente de Nacionalistas e Integracionistas. De hecho, AngloGold pagaba a ese grupo por cada kilogramo de oro extraído y llegó a apoyarles en el transporte y la logística permitiéndoles usar los vehículos 4×4 de la empresa, por ejemplo.

El proyecto ‘Tenke Fungurume Mining (TFM)': Un ejemplo de corrupción y guerra civil

El Tenke Fungurume, en el sur de Katanga en la República Democrática del Congo, fue uno de los mayores yacimientos de cobre y cobalto del mundo. En 1996, la empresa sueca Lunding Holding obtuvo los derechos de explotación. Hubo serios problemas de falta de transparencia y corrupción en la firma del contrato. Las negociaciones se llevaron totalmente en secreto. Por otra parte, el propietario de la empresa sueca, Adolf Lundin Lundin, se ofreció a financiar la campaña del entonces presidente del Congo, Mobutu. El resultado fue un trato favorable a Lundin que perjudicó los intereses del Congo. En mayo de 1997, Mobutu fue derrocado y reemplazado por Laurent-Désiré Kabila. Poco después, Lundin Holding hizo el pago de 50 millones de dólares como depósito, tal y como preveía el contrato, pero la mitad de ese dinero fue transferido a las cuentas de una empresa participada por Kabila.

En 1999 Lundin paralizó su actividad por la guerra civil en el Congo. En el 2005 firmó un nuevo contrato con el gobierno provisional. Las negociaciones tuvieron lugar otra vez en secreto. En ese momento había en marcha una evaluación independiente de los contratos de minería, sin embargo no se esperó a sus conclusiones para formalizar el contrato. Según varios analistas, los términos del acuerdo del 2005 eran incluso más favorables a Lundin que los de 1996.

En el 2007, una comisión independiente impulsada por el Ministerio de Minería del Congo concluyó que el contrato debía ser renegociado. No obstante, el proyecto minero siguió adelante como estaba previsto y la explotación comenzó en el 2009. En octubre del 2010, la renegociación terminó con pequeñas concesiones de los inversores, quedando igual que muchos aspectos importantes, como en el tema fiscal.

Extracción de petróleo en el Delta del Níger

La República Democrática del Congo no es el único país africano que sufre “la maldición de los recursos”. Otro ejemplo es Nigeria. Tras el gobierno militar de 1966, el gobierno federal tomó el control del sector petrolero de Nigeria. La explotación comercial del crudo había comenzado en 1956 con una estructura que beneficiaba a los tres principales grupos del país. Los beneficios del desarrollo estaban comprometidos, y el gobierno se vio debilitado por el aumento de las nuevas estructuras.

La gente del Delta del Níger, una minoría étnica, comenzó a sentirse excluida por la falta de transparencia de la gestión. Todavía hoy están presentes cuestiones acerca de la propiedad de la tierra, la degradación ambiental, la falta de compensación para la zona y la pérdida de medios de vida. La violencia se convirtió en un problema cuando la juventud se empezó a movilizar, los matones locales se armaron de cara a las elecciones, y la respuesta del gobierno y de las empresas petroleras a quejas legítimas dieron lugar a una escalada de violencia. La población ha sufrido las consecuencias negativas de la extracción -más de 400.000 toneladas de petróleo se ha derramado en el suelo del Delta en las últimas décadas-, y no han recibido la riqueza generada. En el 1980 el 28% de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza; en el 2000 la cifra había aumentado al 60%.

En octubre del 2009, los líderes militantes y el Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger, aceptaron la amnistía promovida por el presidente de Nigeria Yar´Adua. La región sigue siendo inestable. Los conflictos armados son el resultado de reclamaciones relacionadas con el control de los recursos.

Conclusión

La “maldición de los recursos” se ha dado en muchos países ricos en recursos como República Democrática del Congo o Nigeria. Se trata de un hecho alimentado por una mezcla fatal de autoridades corruptas e incompetentes, grupos rebeldes que quieren ingresos procedentes de los recursos naturales, y empresas occidentales que negocian sin vergüenza alguna con ambas partes para garantizarse el acceso a esos valiosos recursos, ajenas a las consecuencias de sus actos en la población local. Es necesario un cambio de actitud en estos tres actores para poner fin a la maldición. Occidente podría tener un papel muy importante si consiguiese que sus empresas fueran responsables de las consecuencias de sus acciones. La ley Dodd-Frank* es un primer paso en la dirección correcta, pero se necesitan otras medidas, como legislar para que las empresas tengan que rendir cuentas ante los tribunales europeos por sus crímenes en África.

* El acta Dodd-Frank pide a las multinacionales que cotizan en Wall Street que justifiquen sus pagos a los gobiernos extranjeros, y prueben que los minerales obtenidos en zonas de conflicto no han servido para enriquecer a los grupos armados.

Traducción: Gonzalo Gómez
Publicado por Africa Europe Faith and Justice Network

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comentarios

Una respuesta a La maldición de los recursos

  1. José Calvo 20-08-2012 en 3:55 pm

    YO NO CREO QUE LOS PAÍSES INDUSTRIALES SE VAN A EMPEZAR DE PRONTO A PREOCUPAR POR LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA EN EL CONGO, O POR SU DEMOCRACIA. ESTO INDICA OTRA COSA. PUEDE SER QUE YA HAN SENTIDO QUE EL TINGLADO INTERNACIONAL DEL PARADIGMA ESTÁ CAMBIANDO ACELERADAMENTE Y QUE ELLOS SE PUEDEN QUEDAR SIN SUS MATERIAS PRIMAS.

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