La lucha interna Liberacionista (Parte II)

Análisis de coyuntura de Willima Méndez G.

En seguimiento a mi comentario preelectoral del Partido Liberación Nacional (PLN) de días atrás, esta vez individualizaré mi observación en cada uno de los aspirantes.

En cuanto a Antonio Alvarez Desanti su paso por el llamado grupo de los “príncipes” lo ubicó en una incorrecta categoría que lo desdibujó de aquel simpático y carismático dirigente universitario que alguna vez fue. Luego vino una exabrupta salida del Partido para hacer una campaña pésima y, no mucho después, retornar a las tiendas verdiblancas de donde ni lo llamaron ni lo necesitaban: en su partido ni le creen ni le siguen y el resto de la opinión pública no lo ve con ojos de noble patricio en el horizonte lejano.

Es decir, Antonio tendrá que seguir gastando energías y dinero para llegar a tener alguna posibilidad futura en un PLN con más aspirantes que puestos. Carente de base política, busca sin fuerza suficiente arrancar y su mejor opción es sumarse a quien tiene algún caudal electoral al que aferrarse más tarde cual salvavidas. De sus afición por la bicicleta debió haber aprendido algunas enseñanzas y trasladar eso al libro de la acción política.

En cuanto a Johnny Araya, en alguna oportunidad comenté durante la precampaña anterior -en la que tuve el agrado de ayudarle – que su principal fortaleza era la Municipalidad y, a su vez, ella era su principal debilidad.

No puede una persona aspirar a conducir los destinos de un país aferrado, anclado y dependiente de un puesto en el gobierno de la Municipalidad más importante del país. Tiene que cortar el cordón umbilical y dar el salto a un político nacional, con visión de país y con una propuesta integra, concreta y posible a la solución de tan graves problemas.

Pensé en la precampaña anterior que Araya era el mejor candidato y no dudo que en este momento sería mejor Presidente que quien nos gobierna. Por eso es inaceptable que dude en escoger entre unos juegos deportivos, entre la labor del ayuntamiento y una lucha por conducir los destinos de nuestra querida Costa Rica. Sobre las ideas, sobre qué hacer y con quién hacer las cosas mejor, no dejo que pensar que Johnny es un gran dirigente, pero que sería bueno que escuchara la profundidad y visión de país que tuvo y tiene su hermano Rolando.

En cuanto a don Rodrigo Arias comenté hace meses, cuando inició su campaña de propaganda, que don Rodrigo tenía tope inmediato. Me refería a que crecería un poco dentro del PLN y dentro del electorado costarricense, pero llegaría a un punto máximo, pues existen realidades históricas que pesarían en el avance de su aspiración. La división antagónica que viene desde antes del TLC, durante el TLC y después de él nos deben poner a reflexionar de cómo hacemos política. Comenté en ese momento que en lugar de arrancar con una innecesaria campaña propagandística debía primero reconciliarse con el país, limar esas diferencias que existen, que a veces llegan a un odio visceral en algunos sectores.

Reconciliarse con los y las ticas en general. Su campaña es un poco más de la vieja escuela de propaganda, que como sabemos, no siempre logra sus objetivos y se queda en el camino pues no está hecha para brincar sobre la realidad. De don Rodrigo conocemos su pensamiento, trayectoria y capacidad, pero no basta con soñar en ese país idílico o romántico: sería bueno ver al verdadero don Rodrigo y dejar de ver en él a don Oscar.

En cuanto a José María Figueres dejaré este tema para la siguiente vez que escriba.

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