Inundados de “Rasputines” y “Tartufos”
Claudio Alpízar Otoya
Politólogos
A propósito de tanto asesor político y de grupos paralelos para gobernar, he querido recordar a cuatro personajes famosos en la historia que jugaron ese papel. Empezaré con el estilo que menos me gusta para terminar con el que más admiro. Pero este orden en los pseudo políticos es el que prima al momento de seleccionar a quienes les acompañan, puede ser porque no comprenden el arte de gobernar o porque sus limitaciones políticas e intelectuales les cohíben con aquellos que hablan directo, con claridad, sin florituras y con capacidad. Veamos.
RASPUTÍN. El peor de todos, se le conoció como el Monje Loco. Asesor en la Rusia de los Zares, sin escrúpulos y con gran influencia en el poder, sin ninguna formación, siempre más pendiente de los negocios y de su comodidad. Uso la religión como mampara para sus trucos. Ensalzó a los Zares sabedor de sus vanidades desmedidas y de la poca capacidad política que tenían. Así Rasputín lograba nombrar a los más altos funcionarios, cuya característica general era la incompetencia.
A Rasputín le costaba relacionarse con la gente del pueblo y menos saber lo que sentían y sus necesidades. Fue tomador, corrupto y ladrón, no faltaba a las orgías y a las fiestas de la realeza, ahí conocía los grandes secretos y cerraba las grandes componendas. Toda la aristocracia política se rendía ante él por considerarlo “muy hábil”. Utilizó su influencia para su provecho. Fue un asesor cuyas únicas capacidades fueron llenar sus bolsillos y la vanidad de sus gobernantes.
TARTUFO. Un asesor torpe e hipócrita, algo que todos percibían menos aquellos a quienes asesoraba y con quienes colaboraba. Su habilidad lo llevó ha convertirse en el consejero espiritual de los que ejercían el poder, para terminar gobernando ilícitamente en la oscuridad. Muy parecido a Rasputín, pero con la desventaja de que no existió en la realidad. Fue un personaje de la obra “El Impostor” del famoso dramaturgo francés Moliere, quien la presentó en 1664.
Fue una obra en cinco actos que Moliere tuvo la osadía de presentar ante el Rey de Francia y sus devotos, los que se sintieron aludidos y no dejaron que pasara del tercer acto. Hoy en nuestro idioma hablar de un tartufo significa definir a una persona que es hipócrita y falsa, pero para Moliere, además de eso, era la caracterización de personas que la única posibilidad de superación era aplaudir las estupideces del Rey y llenar sus vanidades para estar cerca del poder.
MAQUIAVELO. Fue un estudioso de la “realpolitik” de su época, muchas veces descontextualizado por aquellos que lo han querido satanizar por ignorancia, más cuando su nombre les suena a maldad. Maquiavelo justificó la arbitrariedad en momentos de crisis de gobierno, creía que en estos casos el mejor gobierno era el del “príncipe” -el de una persona, un dictador- porque era la única forma de acabar con la corrupción en el gobierno y en la sociedad.
Empero, aseguró que el mejor régimen era el gobierno político, con una clase media poderosa, puesto que era lo mejor para preservar los Estados a través del tiempo. Mienten quienes dicen que Maquiavelo le recomendaría al Príncipe un “gabinete” de mediocres e ineptos, todo lo contrario; él entendía que la política era, a la vez, un arte y una ciencia, por lo que no cabía improvisar individuos en las funciones del Estado. Además, en sus “reglas de conducta” Maquiavelo situaba en primer plano la honestidad.
TOMAS MORO. Para mí el mejor estilo de asesor. Abanderado de los más altos valores en el ejercicio de la política, a la que veía con el objetivo central del bien común. Un cristiano convencido y practicante que predicó la importancia de separar la religión de la política. Nunca desobedeció al Rey Enrique VIII y ante diferencias con él prefirió renunciar, pero jamás renunció a sus virtudes y principios.
Moro fue hombre crítico que prefirió arriesgar su comodidad y por ello fue decapitado. Moro era fiel creyente de que un buen político debe mantener sus promesas y su palabra. En el último día de vida, antes de ser decapitado, dijo “muero como buen servidor del Rey pero servidor de Dios primeramente”, a su muerte una mujer lo despidió diciendo “Adiós Moro, el mejor amigo que jamás tuvieron los pobres”. Se caracterizó por decir lo que pensaba y recomendar desde su criterio lo que creía correcto, nunca engaño al Rey porque siempre se guío por la verdad.
Querido lector, saque sus conclusiones, aunque estoy seguro que usted coincidirá conmigo: estamos en un “mar político” de “rasputines” y “tartufos”, y no de hoy, sino de hace ya algunas décadas, y corriendo el peligro que estos nos provoquen un “tsunami político” en nuestro país.
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OBSERVE QUE TANTO EN LA IZQUIERDA COMO EN LA DERECHA lo que dijo el articulista es una evidente realidad - conozco varios casos inclusive que juegan en dos bandos simultaneamente
Felicitaciones Claudio magistral como siempre espero verte en el parlamento un abrazo.
Definitivamente esa es nuestra realidad, muchos han jugado y siguen jugando ese papel de rasputines y tartufos, para lucrar del poder, y lo peor es que quienes están en el poder se la siguen creyendo. De allí, esa triste realidad de una Costa Rica en crisis.