El Sur-Sur in memorian

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Un día de tantos, muy al inicio de su Gobierno, el Presidente Luis Alberto Monge me pidió que lo acompañara en su Despacho a una reunión con el Gerente General de la Compañía Bananera y unos estadounidenses que estaban en el país. Ninguno de los dos imaginábamos que la noticia que venían a darnos era que la bananera se retiraba de la Zona Sur y que, en tres meses, querían entregarle todos sus activos y propiedades al Gobierno de Costa Rica.

Cuando digo todo, es todo: fincas, planteles, la zona americana con su hospital y las casas de los ejecutivos y médicos, las líneas férreas y el ferrocarril, las plantas de producción, la luz eléctrica, el muelle bananero… absolutamente todo. Era algo así como que la Zona Sur de Costa Rica volvía a ser territorio nacional, sin que de por medio hubiera existido una gran huelga sindical o una guerra civil y anti imperialista. Nos entregaban todo en tres meses y en paz.

Ese mismo día, terminada la reunión, el Presidente Monge y su Ministro de la Presidencia, solo pensamos en un nombre y en un costarricense: el doctor Carlos Manuel Vicente Castro. El era la persona más indicada para enfrentar la gigantesca responsabilidad de asumir para Costa Rica la Zona Sur. Todavía impactado por la noticia y con un enorme patriotismo y sentido de responsabilidad, me fui a buscar al doctor Carlos Manuel Vicente a su casa, en el barrio de los Profesores, cerca de la UCR. Le informe con detalle de la situación. Lo primero que hizo fue darme un gran abrazo y pedirme que le quitara el don y lo tratara solo de Carlos Manuel. Comenzó a soltar ideas y no paró de hacer planes. Como si lo hubiera estado esperando toda su vida.

Creo que fue uno de los días más felices de su larga existencia, aunque en su hoja de servicios al país tenía a su haber dos Diputaciones por la Zona Sur y el Ministerio de Gobernación, en la época de don Pepe Figueres, cuando la Guardia de Asistencia Rural se vestía con guayaberas amarillas y sombrero y la Rural y los Inspectores de Hacienda eran la ley en los pueblos de Costa Rica.

Mi relación política y personal con Carlos Manuel, hasta entonces, se había limitado al último mes de la primera campaña de Luis Alberto, cuando fui su Asistencia en la Jefatura de Propaganda de aquella lucha electoral que perdimos contra don Rodrigo Carazo. Después yo me fui a trabajar cuatro años como funcionario internacional al Sistema Económico Latinoamericano (SELA), con fondos del PNUD, pero guardaba en mi corazón las historias, los cuentos y el sentido de lealtad profunda con el que el doctor Vicente Castro se refería a su maestro y mejor amigo don Pepe, a don Chico, a Daniel y a Luis Alberto, por el que había optado incondicionalmente y en forma total, desde la entrañas del figuerismo más auténtico y social demócrata, frente a Carazo. Don Rodrigo se había ido de Liberación Nacional y eso no lo perdonaba Carlos Manuel. Así eran las cosas en esos tiempos, antes de que se pusiera de moda irse y regresar al PLN como que si nada o abandonar la lucha electoral a mitad del río. La lealtad a las ideas, a la historia y al partido, en ese entonces, eran más fuertes que las diferencias y las luchas internas, por más enconadas que estas fueran.

Así comenzó una de las más grandes aventuras personales y de mi vida política: acompañar a Carlos Manuel en la creación del Sur-Sur y lograr su plena incorporación al territorio nacional. Digo acompañar a Carlos Manuel, porque aunque en teoría yo era su Jefe como Ministro de la Presidencia, en la realidad de los hechos era su Asistente Ejecutivo. Las ideas le salían a borbotones de su mente prodigiosa y de su amor por esa tierra en la que fundó su primera botica y, muchos años después, un hotel a la orilla del mar, mejor diría robado al mar, porque así fue, en que nos quedábamos a dormir, después de extenuantes jornadas de trabajo, convenciendo a los cientos trabajadores bananeros que se transformaran en campesinos y en empresarios de la palma africana, negociando la entrega del hospital a la CCSS y luchando para que las fincas y las plantas quedaran en manos de los más, en forma de cooperativas agrícolas e industriales, como lo quería Carlos Manuel y el Gobierno de la República.

Así surgió primero UNESUR y después JODESUR y así la Zona Sur pasó de ser un protectorado norteamericano para transformarse en parte integral y productiva de Costa Rica, hasta con un Depósito Libre incluido como el Miami de los ticos pobres, según lo ha bautizado el sentir popular . Todo gracias al doctor Carlos Manuel Vicente Castro: que en ese proyecto del Sur-Sur logró plasmar sus sueños de luchador y su visión del desarrollo económico con justicia social, en “un país de propietarios y no de proletarios” como solía decir y repetir hasta el cansancio, recordando a don Pepe Figueres y la lucha sin fin…

Debo confesar que nunca me sentí más social demócrata y liberacionista que a la par de ese viejazo leal e idealista que fue siempre Carlos Manuel. Por su parte, entusiasmado y comprometido, el Presidente Luis Alberto Monge, en la Casa Presidencial, le ponía fuerza, apoyo y respaldo político y económico, por medio de la Banca Nacionalizada, a ese Sur-Sur que se iba construyendo en las tierras abandonadas por la Compañía Bananera y que, por supuesto, contradecía la opinión editorial de La Nación y de los grandes intereses de siempre, que encontraban en todo aquello un contrasentido ideológico y trataban de encontrarle, por medio de reportajes de prensa, todas las fallas posibles e imaginables. Pero no se cedió ante ninguna presión, se triunfó y así hasta el colegio de Golfito lleva hoy el nombre ilustre del doctor Carlos Manuel Vicente, en un justo reconocimiento a su obra y a su amor por la Zona Sur.

Muchos años después, Carlos Manuel fundó el Grupo Raíces y se embarcó en la quijotada de recoger algunos de los textos fundamentales del PLN y los escritos de sus Padres Fundadores. Como el partido había entrado en una de sus tantas épocas oscuras, fuera del aparato y del Balcón Verde, el doctor Vicente Castro y algunos idealistas, con esas publicaciones, sus reuniones y seminarios, pero sobre todo con su ejemplo de luchadores y su mensaje progresista y reformista, hicieron todo lo posible por unir la nueva agenda nacional impuesta por la apertura y la globalización, con los compromisos fundamentales de los Padres Fundadores y con los ideales de la II República. Ese fue su último y extraordinario servicio al Partido Liberación Nacional: mantener la coherencia frente a las ideas progresistas de siempre, asimilando con inteligencia las realidades del presente, viendo hacia el futuro y sin abandonar jamás la estrella que nos guía “del bienestar del mayor número”.

Paz a sus restos y honor a la memoria de un gran liberacionista. Un hombre que fue una conciencia lúcida y un luchador visionario. Un social demócrata de verdad. Un hombre que merece estar junto a los Padres Fundadores, a los que sirvió, es cierto, con lealtad impresionante, pero a los que también supo enfrentar en sus desviaciones y errores, como lo hacen los verdaderos amigos y compañeros de lucha. Liberación Nacional está de luto. El doctor Carlos Manuel Vicente Castro entregó su vida al Señor, dejando detrás de él una vida ejemplar de lucha y de realizaciones, como lo es el Sur- Sur de Costa Rica.

El Sur-Sur in meorian

Don Pepe con don Carlos Manuel Vicente.

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